Diálogo oficial o institucional
El diálogo oficial reúne representantes autorizados por las Iglesias, comunidades eclesiales o asociaciones cristianas. Normalmente aborda cuestiones doctrinales y procura clarificar el grado de convergencia existente entre las partes.
Después del Concilio Vaticano II, la Iglesia católica inició numerosos diálogos teológicos bilaterales internacionales. Estas comisiones estudian los desacuerdos que provocaron las divisiones históricas, abandonan el lenguaje polémico y parten de la tradición cristiana compartida. Sus documentos identifican coincidencias, explican las diferencias y ofrecen criterios para discernir qué acciones comunes resultan adecuadas.
El diálogo oficial también puede desarrollarse en el ámbito nacional, diocesano o local. Las comisiones nacionales colaboran con los organismos internacionales, proponen nuevas cuestiones y reciben los resultados de los trabajos teológicos. En el ámbito local, las autoridades eclesiales han elaborado declaraciones comunes sobre el reconocimiento mutuo del bautismo.
Diálogo académico
El diálogo académico ocurre en universidades, facultades de teología, congresos, seminarios y publicaciones especializadas. No siempre representa oficialmente a una Iglesia. Sus participantes pueden estudiar la Biblia, la historia de la Reforma, la doctrina de la justificación, la eclesiología, la autoridad, la mariología o la relación entre Escritura y tradición.
Este ámbito permite investigar los matices internos del mundo evangélico y evita presentar el protestantismo como una realidad uniforme. También ayuda a distinguir entre las formulaciones originales de la Reforma, las posiciones confesionales posteriores y las expresiones contemporáneas del evangelicalismo.
Diálogo social y pastoral
El diálogo social surge de la cooperación en cuestiones que afectan a la vida humana y a la misión cristiana: defensa de la dignidad humana, ayuda a los pobres, educación, asistencia a los presos, promoción de la paz y anuncio del Evangelio.
La colaboración práctica no elimina las diferencias doctrinales, pero puede crear vínculos de confianza y mostrar que católicos y evangélicos comparten responsabilidades ante la sociedad. El Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos recomienda participar en organismos ecuménicos locales, diocesanos y nacionales, así como promover visitas, encuentros entre ministros pastorales y acuerdos de colaboración entre parroquias, diócesis, seminarios, escuelas e instituciones.
Encuentros personales y oración
El diálogo también se desarrolla mediante amistades, reuniones de oración, celebraciones de la Palabra, encuentros de familias, grupos bíblicos y actividades juveniles. Estas iniciativas pertenecen al llamado diálogo de la caridad, que nace de la estima mutua y del reconocimiento de los dones cristianos presentes en otras comunidades.
La oración común requiere discernimiento y respeto por las normas de cada Iglesia. No debe confundirse una celebración ecuménica de la Palabra con la concelebración eucarística ni con la plena comunión sacramental.