Antes del Concilio Vaticano II
Durante siglos, las relaciones entre Roma y las Iglesias bizantinas estuvieron marcadas por la ruptura entre Oriente y Occidente, por conflictos políticos y culturales, y por diferentes interpretaciones de la autoridad eclesial. La separación no nació de un único acontecimiento, sino de un proceso prolongado en el que confluyeron disputas doctrinales, rivalidades jurisdiccionales y divergencias históricas.
La excomunión de 1054 quedó incorporada a la memoria colectiva como símbolo de la división entre Roma y Constantinopla. Sin embargo, las relaciones posteriores incluyeron también intentos de reconciliación, contactos diplomáticos y concilios de unión, aunque ninguno logró restablecer de manera duradera la comunión entre las Iglesias.
El Concilio Vaticano II y el acercamiento entre Roma y Constantinopla
El Concilio Vaticano II abrió una etapa nueva en las relaciones entre la Iglesia católica y las Iglesias ortodoxas. Muchas Iglesias ortodoxas enviaron observadores al Concilio y pudieron conocer directamente la visión católica del ecumenismo.
En 1964, el papa Pablo VI y el patriarca ecuménico Atenágoras se encontraron como peregrinos en Tierra Santa. Al año siguiente, Roma y Constantinopla realizaron simultáneamente un acto de supresión de la memoria de las excomuniones de 1054. Este gesto no restableció por sí mismo la comunión, pero eliminó un obstáculo psicológico y simbólico de gran importancia.
A partir de entonces surgió el llamado diálogo de la caridad, basado en visitas, encuentros fraternos y colaboración. Este clima preparó el comienzo del diálogo teológico formal, solicitado también por representantes ortodoxos.
La Comisión Mixta Internacional
La Comisión Mixta Internacional para el Diálogo Teológico entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa en su conjunto comenzó oficialmente en 1979, durante la visita de san Juan Pablo II al patriarca ecuménico en Constantinopla.
La comisión celebró sus primeras reuniones en Patmos y Rodas, Múnich, Creta, Bari, Valamo, Freising y Balamand. Entre sus principales documentos figuran:
- El misterio de la Iglesia y de la Eucaristía a la luz del misterio de la Santísima Trinidad- Múnich, 1982.
- Fe, sacramentos y unidad de la Iglesia- Bari, 1987.
- El sacramento del orden en la estructura sacramental de la Iglesia- Valamo, 1988.
- El uniatismo, método de unión del pasado, y la búsqueda actual de la plena comunión- Balamand, 1993.
- Las consecuencias eclesiológicas y canónicas de la naturaleza sacramental de la Iglesia: comunión eclesial, conciliaridad y autoridad- Rávena, 2007.
- El papel del obispo de Roma en la comunión de la Iglesia durante el primer milenio- Quíos, 2009.
- Sinodalidad y primado durante el primer milenio: hacia una comprensión común al servicio de la unidad de la Iglesia- Chieti, 2016.
Los primeros documentos pusieron de manifiesto una importante convergencia en la comprensión sacramental de la Iglesia y en la importancia de la sucesión apostólica. Los textos posteriores abordaron directamente la relación entre primado y sinodalidad, cuestión decisiva para el futuro de la unidad.