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Diálogo entre católicos y ortodoxos

El diálogo entre católicos y ortodoxos busca restablecer la plena comunión visible entre la Iglesia católica y las Iglesias orientales que conservan la fe, los sacramentos y la sucesión apostólica, pero permanecen separadas de Roma. Este proceso combina el diálogo teológico, la oración, la colaboración pastoral y el encuentro entre los fieles. También distingue dos realidades eclesiales diferentes: las Iglesias ortodoxas de tradición bizantina y las Iglesias ortodoxas orientales, que no aceptaron el Concilio de Calcedonia.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreDiálogo entre católicos y ortodoxos
CategoríaEvento
DescripciónBúsqueda de plena comunión visible entre la Iglesia católica y las Iglesias ortodoxas mediante diálogo teológico, oración y colaboración pastoral. Proceso ecuménico que combina diálogos de caridad y de verdad, estudios doctrinales, encuentros entre obispos, patriarcas y fieles, y cooperación pastoral, con el objetivo de restablecer la comunión en fe, sacramentos y gobierno eclesial
Contexto HistóricoSe remonta a la separación tras la excomunión de 1054; se revitaliza tras el Concilio Vaticano II, el encuentro Pablo VI-Atenágoras (1964) y la creación en 1979 de la Comisión Mixta Internacional.
Desarrollo1964: encuentro de Pablo VI y Atenágoras; 1979: Comisión Mixta Internacional; 1993: documento de Balamand; 2003: comisión conjunta con Iglesias ortodoxas orientales; continuo diálogo doctrinal y pastoral.
Fecha de Inicio1964
ImportanciaClave para el ecumenismo y la unidad cristiana, facilita la comprensión mutua y la superación de divergencias doctrinales y jurisdiccionales.
TemaEcumenismo católico-ortodoxo
TestigosObispos, patriarcas, sacerdotes y fieles de la Iglesia católica y de las Iglesias ortodoxas bizantinas y orientales
TipoSuceso histórico

Tabla de contenido

Naturaleza y finalidad del diálogo ecuménico

La Iglesia católica entiende el ecumenismo como la búsqueda de la unidad de los cristianos mediante la conversión del corazón, la oración, el conocimiento mutuo, la colaboración y el diálogo doctrinal. Con las Iglesias ortodoxas, la meta no consiste en una absorción ni en una uniformidad litúrgica, disciplinar o teológica, sino en alcanzar la plena comunión en la fe, los sacramentos y el gobierno eclesial, respetando las legítimas tradiciones orientales.1

La tradición católica reconoce en las Iglesias ortodoxas una vida sacramental auténtica, fundada en la sucesión apostólica y en la celebración de la Eucaristía. Por este motivo, Roma y las Iglesias ortodoxas pueden recibir el nombre de Iglesias hermanas, aunque todavía no compartan la plena comunión eclesial.1

El diálogo posee dos dimensiones inseparables:

  • El diálogo de la caridad, formado por los encuentros entre obispos, patriarcas, sacerdotes y fieles, además de la cooperación pastoral y social.
  • El diálogo de la verdad, que estudia las cuestiones doctrinales que todavía impiden la unidad visible.

La Iglesia católica considera que el diálogo teológico debe nacer de la vida concreta de las comunidades cristianas y servirla. La experiencia cotidiana de los fieles, especialmente en lugares donde católicos y ortodoxos conviven, constituye un ámbito real de reflexión teológica.2

Las Iglesias ortodoxas de tradición bizantina

Identidad eclesial

Las Iglesias ortodoxas de tradición bizantina reconocen los siete primeros concilios ecuménicos y comparten la herencia espiritual, litúrgica y canónica del Imperio bizantino. Forman una comunión de Iglesias autocéfalas, cada una con su propio primado. El patriarca ecuménico de Constantinopla ocupa entre ellas un primado de honor, no una jurisdicción universal equivalente a la que la Iglesia católica atribuye al obispo de Roma.3

Entre las Iglesias ortodoxas reconocidas tradicionalmente figuran los patriarcados de Constantinopla, Alejandría, Antioquía, Jerusalén, Moscú, Serbia, Rumanía, Bulgaria y Georgia, junto con las Iglesias autocéfalas de Chipre, Grecia, Polonia, Albania y las Tierras Checas y Eslovaquia. Algunas Iglesias poseen además un régimen autónomo dentro de otra Iglesia.3

La organización autocéfala constituye una de las principales diferencias entre la estructura ortodoxa y la católica. En el mundo ortodoxo no existe una autoridad central universal reconocida por todas las Iglesias con el mismo alcance que el papa en la Iglesia católica. La autonomía de los patriarcados favorece la diversidad, pero también puede dificultar la elaboración de posiciones comunes.4

Principales cuestiones teológicas

El diálogo católico-ortodoxo de tradición bizantina ha tratado, entre otros, los siguientes temas:

  • La naturaleza sacramental de la Iglesia.
  • La relación entre la Eucaristía y la unidad eclesial.
  • La sucesión apostólica y el sacramento del orden.
  • La relación entre primado y sinodalidad.
  • El papel del obispo de Roma en la comunión de las Iglesias.
  • El llamado uniatismo, entendido en el diálogo como método histórico de unión de comunidades orientales con Roma.
  • Las consecuencias canónicas y eclesiológicas de la plena comunión.

La cuestión del papa constituye uno de los asuntos centrales. La discusión no se limita a determinar si Roma tuvo una primacía en el primer milenio, pues ambas partes admiten una relevancia especial de la sede romana en la Iglesia antigua. El problema consiste en precisar la naturaleza, el alcance y la forma de ejercicio de esa primacía dentro de una Iglesia universal sin romper la estructura sinodal propia de Oriente.

Desarrollo histórico del diálogo con las Iglesias bizantinas

Antes del Concilio Vaticano II

Durante siglos, las relaciones entre Roma y las Iglesias bizantinas estuvieron marcadas por la ruptura entre Oriente y Occidente, por conflictos políticos y culturales, y por diferentes interpretaciones de la autoridad eclesial. La separación no nació de un único acontecimiento, sino de un proceso prolongado en el que confluyeron disputas doctrinales, rivalidades jurisdiccionales y divergencias históricas.

La excomunión de 1054 quedó incorporada a la memoria colectiva como símbolo de la división entre Roma y Constantinopla. Sin embargo, las relaciones posteriores incluyeron también intentos de reconciliación, contactos diplomáticos y concilios de unión, aunque ninguno logró restablecer de manera duradera la comunión entre las Iglesias.

El Concilio Vaticano II y el acercamiento entre Roma y Constantinopla

El Concilio Vaticano II abrió una etapa nueva en las relaciones entre la Iglesia católica y las Iglesias ortodoxas. Muchas Iglesias ortodoxas enviaron observadores al Concilio y pudieron conocer directamente la visión católica del ecumenismo.5

En 1964, el papa Pablo VI y el patriarca ecuménico Atenágoras se encontraron como peregrinos en Tierra Santa. Al año siguiente, Roma y Constantinopla realizaron simultáneamente un acto de supresión de la memoria de las excomuniones de 1054. Este gesto no restableció por sí mismo la comunión, pero eliminó un obstáculo psicológico y simbólico de gran importancia.5

A partir de entonces surgió el llamado diálogo de la caridad, basado en visitas, encuentros fraternos y colaboración. Este clima preparó el comienzo del diálogo teológico formal, solicitado también por representantes ortodoxos.5

La Comisión Mixta Internacional

La Comisión Mixta Internacional para el Diálogo Teológico entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa en su conjunto comenzó oficialmente en 1979, durante la visita de san Juan Pablo II al patriarca ecuménico en Constantinopla.5

La comisión celebró sus primeras reuniones en Patmos y Rodas, Múnich, Creta, Bari, Valamo, Freising y Balamand. Entre sus principales documentos figuran:

  • El misterio de la Iglesia y de la Eucaristía a la luz del misterio de la Santísima Trinidad- Múnich, 1982.
  • Fe, sacramentos y unidad de la Iglesia- Bari, 1987.
  • El sacramento del orden en la estructura sacramental de la Iglesia- Valamo, 1988.
  • El uniatismo, método de unión del pasado, y la búsqueda actual de la plena comunión- Balamand, 1993.
  • Las consecuencias eclesiológicas y canónicas de la naturaleza sacramental de la Iglesia: comunión eclesial, conciliaridad y autoridad- Rávena, 2007.
  • El papel del obispo de Roma en la comunión de la Iglesia durante el primer milenio- Quíos, 2009.
  • Sinodalidad y primado durante el primer milenio: hacia una comprensión común al servicio de la unidad de la Iglesia- Chieti, 2016.

Los primeros documentos pusieron de manifiesto una importante convergencia en la comprensión sacramental de la Iglesia y en la importancia de la sucesión apostólica. Los textos posteriores abordaron directamente la relación entre primado y sinodalidad, cuestión decisiva para el futuro de la unidad.5

El problema del uniatismo

El término uniatismo designa, en el contexto del diálogo católico-ortodoxo, determinados métodos históricos mediante los cuales comunidades orientales restablecieron la comunión con Roma conservando su liturgia, espiritualidad y disciplina propias.

Las Iglesias católicas orientales constituyen hoy una parte legítima de la Iglesia católica. Mantienen tradiciones orientales auténticas y están en comunión con el papa. La Iglesia católica sostiene que su existencia no debe interpretarse como una negación de la identidad oriental ni como una justificación del proselitismo entre ortodoxos.

El documento de Balamand de 1993 reconoció que las antiguas polémicas sobre los métodos de unión no podían convertirse en el modelo actual para alcanzar la unidad. El diálogo contemporáneo busca una comunión plena mediante el encuentro entre Iglesias, no mediante la conversión institucional de una comunidad ortodoxa entera a la comunión católica.

La presencia de Iglesias católicas orientales continúa siendo una cuestión sensible, especialmente en Europa oriental y en Oriente Próximo. Roma defiende su derecho a existir y a desarrollar su vida eclesial, mientras que muchas Iglesias ortodoxas consideran que determinadas fundaciones históricas estuvieron vinculadas a presiones políticas o a una competencia por los fieles.

Las Iglesias ortodoxas orientales

Diferencia respecto de las Iglesias bizantinas

Las Iglesias ortodoxas orientales no deben confundirse con las Iglesias ortodoxas de tradición bizantina. La expresión designa principalmente seis antiguas Iglesias:

  • Iglesia apostólica armenia.
  • Iglesia copta ortodoxa.
  • Iglesia ortodoxa siria.
  • Iglesia ortodoxa etíope Tewahedo.
  • Iglesia ortodoxa eritrea Tewahedo.
  • Iglesias ortodoxas malankares de la India.

Estas Iglesias forman una comunión propia, independiente de la comunión ortodoxa bizantina. No aceptaron la definición cristológica del Concilio de Calcedonia, celebrado en el año 451, aunque rechazan también el monofisismo de Eutiques, que reducía la humanidad de Cristo a una apariencia absorbida por la divinidad. Prefieren la fórmula de san Cirilo de Alejandría sobre «la única naturaleza encarnada del Verbo de Dios».6

Durante mucho tiempo, autores de ambas tradiciones utilizaron el término monofisitas para designar a estas Iglesias. La denominación resulta históricamente inexacta, porque sus Iglesias no profesan la doctrina de Eutiques. Los estudios teológicos modernos han mostrado que las antiguas diferencias cristológicas tuvieron en buena medida un carácter terminológico y que ambas partes confesaban la unidad de la persona de Cristo mediante fórmulas distintas.6

Diálogo con la Iglesia católica

La Iglesia católica y las Iglesias ortodoxas orientales no mantienen plena comunión desde las controversias cristológicas del siglo V. Las relaciones mejoraron notablemente después del Concilio Vaticano II mediante visitas de los papas y de los patriarcas, además de encuentros teológicos.5

En 2003 comenzó una comisión internacional conjunta que reúne a las Iglesias ortodoxas orientales. El diálogo estudió inicialmente la naturaleza y la misión de la Iglesia, y después la práctica de la comunión en la Iglesia antigua. La etapa actual aborda los sacramentos. También existen diálogos bilaterales con las Iglesias malankares de la India, centrados en la historia eclesial, el testimonio común y la eclesiología.7

La convergencia cristológica no elimina todas las diferencias. Todavía permanecen cuestiones relativas a la recepción de los concilios, la terminología dogmática, la autoridad eclesial y la organización de la comunión entre las Iglesias. Sin embargo, la superación de antiguas condenas permite una cooperación teológica y pastoral mucho más estrecha.

Principales obstáculos para la unidad

El primado del obispo de Roma

La Iglesia católica considera que el obispo de Roma posee una misión propia al servicio de la unidad de toda la Iglesia. Las Iglesias ortodoxas reconocen una primacía histórica de honor de Roma durante el primer milenio, pero no aceptan sin más la extensión universal de la jurisdicción papal definida por la Iglesia católica.

El diálogo busca distinguir entre la realidad del primado y las formas históricas de su ejercicio. La cuestión consiste en encontrar una síntesis entre primado y sinodalidad que respete la responsabilidad universal del papa y la legítima autoridad de las Iglesias locales y regionales.

La sinodalidad y la autocefalia

Las Iglesias ortodoxas conceden gran importancia a los sínodos de obispos y a la autonomía de cada Iglesia autocéfala. La falta de una autoridad universal común puede dificultar la convocatoria de reuniones panortodoxas y la recepción uniforme de decisiones.

La Iglesia católica reconoce el valor de la sinodalidad, pero integra los sínodos en una estructura que incluye la responsabilidad universal del papa y la comunión del colegio episcopal con él.

La cuestión de las Iglesias católicas orientales

Las Iglesias católicas orientales representan para Roma una expresión legítima de la catolicidad y de la diversidad litúrgica. Para muchas Iglesias ortodoxas, en cambio, su expansión histórica en territorios tradicionalmente ortodoxos suscita desconfianza y temor a una competencia eclesial.

El diálogo intenta evitar tanto la negación de estas Iglesias como la utilización de su existencia para promover nuevas divisiones. La unidad cristiana no exige uniformidad ritual: la diversidad litúrgica puede enriquecer la comunión cuando expresa una misma fe.8

La recepción de los acuerdos

Las comisiones teológicas pueden aprobar documentos de gran valor, pero cada Iglesia debe recibirlos mediante sus propios órganos sinodales y autoridades. Las diferencias internas, la diversidad de sensibilidades y la falta de una instancia ortodoxa universal pueden ralentizar la recepción de los acuerdos.

Dimensión pastoral y social

El diálogo no se desarrolla únicamente entre teólogos. Católicos y ortodoxos colaboran en la defensa de la vida humana, la protección de los cristianos perseguidos, la ayuda a los pobres, la atención a los migrantes y la promoción de la paz.

La colaboración pastoral resulta especialmente necesaria en sociedades secularizadas y en regiones donde los cristianos constituyen una minoría. Las familias mixtas, la emigración y la convivencia en las mismas ciudades crean situaciones que exigen conocimiento mutuo y soluciones pastorales prudentes.

La oración común ocupa un lugar central. La unidad cristiana no puede reducirse a una negociación institucional, porque afecta al misterio de la Iglesia y a la comunión con la Trinidad. La tradición católica considera que el diálogo teológico necesita el apoyo constante de la conversión, la caridad y la oración.8

Tensiones geopolíticas contemporáneas

La diversidad de intereses dentro del mundo ortodoxo

El mundo ortodoxo no constituye un bloque político homogéneo. Cada Iglesia autocéfala mantiene una relación propia con su nación, su historia y sus autoridades civiles. La independencia de los patriarcados puede favorecer respuestas adaptadas a cada contexto, pero también genera desacuerdos sobre jurisdicción, reconocimiento y autoridad.

La experiencia histórica del comunismo dejó en varias Iglesias una herencia de persecución, control estatal y desconfianza hacia Occidente. En algunos ámbitos, Moscú adoptó una actitud defensiva frente al mundo occidental, mientras Constantinopla mantuvo una participación más constante en el movimiento ecuménico.4

La cuestión de Ucrania

En 2019 el patriarcado ecuménico concedió un tomos de autocefalia a la Iglesia ortodoxa de Ucrania. Otras Iglesias ortodoxas no reconocen todavía de la misma manera esa decisión, que permanece vinculada a disputas sobre la jurisdicción eclesial y a las relaciones entre Constantinopla, Moscú y las comunidades ortodoxas ucranianas.3

La cuestión ucraniana tiene consecuencias ecuménicas porque afecta a la comprensión ortodoxa de la autocefalia, al alcance de la autoridad del patriarca ecuménico y a la relación entre identidad nacional y comunión eclesial. También complica la coordinación del diálogo oficial entre la Iglesia católica y el conjunto de las Iglesias ortodoxas.

La relación entre Moscú y Constantinopla

Las tensiones entre el patriarcado de Moscú y el patriarcado ecuménico de Constantinopla han debilitado la posibilidad de una voz común del mundo ortodoxo. La autonomía de cada Iglesia, las diferentes interpretaciones del primado y los conflictos ligados a jurisdicciones territoriales repercuten directamente en las relaciones con Roma.

Para la Iglesia católica, esta situación exige prudencia. Roma mantiene relaciones bilaterales con distintas Iglesias ortodoxas y, al mismo tiempo, procura sostener un diálogo con la ortodoxia como conjunto. La fragmentación interna dificulta los acuerdos generales, pero no elimina la posibilidad de encuentros, cooperación y diálogo doctrinal.

Conclusión

El diálogo entre católicos y ortodoxos constituye uno de los principales procesos ecuménicos de la Iglesia contemporánea. La reconciliación iniciada con Pablo VI y Atenágoras, el impulso del Concilio Vaticano II y el trabajo de las comisiones teológicas han creado una base común mucho más sólida que en épocas anteriores.

La distinción entre las Iglesias ortodoxas bizantinas y las Iglesias ortodoxas orientales permite comprender correctamente la diversidad de los interlocutores de Roma. El camino hacia la unidad exige fidelidad a la verdad, respeto por las legítimas tradiciones, conversión de la memoria histórica y cooperación concreta. Su meta permanece definida: la plena comunión visible en la única Iglesia de Cristo, sin uniformidad y con legítima diversidad.

Citas y referencias

  1. Preocupación por la unidad cristiana, Papa Juan Pablo II. Carta a los obispos europeos sobre las relaciones entre católicos y ortodoxos (31 de mayo de 1991), IV (1991). 2
  2. Reflexión ecuménica sobre el ministerio del obispo de Roma - I.IV. Una lectura teológica de nuestras relaciones, El Dicasterio para la Promoción de la Unidad Cristiana. El Obispo de Roma, 33.
  3. Iglesias ortodoxas de la tradición bizantina, Sancta Sedes. Acta Apostolicae Sedis: número 12, diciembre, 2020, 113 (2020). 2 3
  4. Iglesia ortodoxa, la, Edward G. Farrugia. Diccionario enciclopédico del Oriente cristiano, Iglesia ortodoxa, la (2015). 2
  5. Diálogo: Iglesia ortodoxa oriental - Iglesia católica: I. Antecedentes, Edward G. Farrugia. Diccionario enciclopédico del Oriente cristiano, Diálogo (2015). 2 3 4 5 6
  6. Iglesias ortodoxas orientales, Edward G. Farrugia. Diccionario enciclopédico del Oriente cristiano, Iglesias ortodoxas orientales (2015). 2
  7. Iglesias ortodoxas orientales, Sancta Sedes. Acta Apostolicae Sedis: número 12, diciembre, 2020, 114 (2020).
  8. Papa Juan Pablo II. A Su Eminencia Stylianos, Arzobispo ortodoxo de Australia y a una Delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla (28 de junio de 1984) - Discurso, I (1984). 2 3
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