El diálogo entre católicos y protestantes surge en el contexto de las divisiones provocadas por la Reforma protestante en el siglo XVI, que generaron condenas mutuas en concilios como el de Trento (1545-1563). Estas divisiones se centraron en cuestiones fundamentales como la justificación por la fe, la autoridad de la Escritura y la Tradición, y la naturaleza de los sacramentos.4
Durante siglos, las relaciones estuvieron marcadas por polémicas y conflictos, pero a partir del siglo XX, especialmente tras la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos (iniciada en 1908 por Paul Wattson y Spencer Jones), se abrieron vías de acercamiento. La Iglesia católica, influida por movimientos como el de Malta (1967), comenzó a estudiar controversias del siglo XVI con un espíritu renovado.5
