Orígenes previos al Concilio Vaticano II
Antes del Concilio Vaticano II (1962-1965), las relaciones de la Iglesia con otras religiones se enmarcaban principalmente en la misión evangelizadora y la condena de errores doctrinales. Sin embargo, figuras como el beato Pablo VI iniciaron gestos de apertura, como la creación del Secretariado para los No Cristianos en 1964, precursor del actual Dicasterio para el Diálogo Interreligioso.4 Estos pasos respondían a la creciente interconexión mundial, donde los pueblos se acercaban y surgían preguntas comunes sobre el sentido de la vida, el sufrimiento y la trascendencia.1
El impulso del Concilio Vaticano II
El documento pivotal fue la declaración Nostra Aetate (1965), que marca el nacimiento oficial del diálogo interreligioso católico. Este texto conciliar examina las relaciones de la Iglesia con religiones no cristianas, destacando la comunidad de origen y destino de la humanidad: todos provienen de Dios y hacia Él caminan.1 Reconoce elementos verdaderos y santos en el hinduismo, budismo, islam y otras tradiciones, invitando a rechazar lo falso y promover lo bueno mediante el diálogo prudente y amoroso.1 Especial atención se da al judaísmo, raíz espiritual del cristianismo, y al islam, con el que se insta a olvidar rencores históricos para colaborar en justicia y paz.1
