El diálogo socrático surge en la Atenas del siglo V a. C., atribuido principalmente a Sócrates (c. 470-399 a. C.), aunque conocido a través de los diálogos de su discípulo Platón. Sócrates rechazaba la enseñanza dogmática, optando por un interrogatorio sistemático que ponía al descubierto las contradicciones en las opiniones del interlocutor. Este método se divide en dos fases principales: la ironía socrática, donde se simula ignorancia para desmontar falsas certezas («solo sé que no sé nada»), y la mayéutica («arte de parir ideas»), que guía al alma hacia el conocimiento innato mediante preguntas inductivas.
Aristóteles, en su Metafísica, describe este enfoque como precursor de la dialéctica, pero lo critica por su provisionalidad, ya que no siempre llega a definiciones universales.5,6 En el contexto pagano, el diálogo socrático buscaba virtudes cívicas y éticas, pero carecía de la dimensión trascendente plena que la revelación cristiana aporta.
