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Dicasterio para el Diálogo Interreligioso

El Dicasterio para el Diálogo Interreligioso es un organismo de la Curia romana encargado de promover y coordinar las relaciones de la Iglesia católica con los seguidores de las religiones no cristianas. Su misión comprende el diálogo teológico, la cooperación social, el conocimiento mutuo, la formación de especialistas y la búsqueda conjunta de la paz, la justicia, la libertad religiosa y la protección de la creación. La relación con el judaísmo corresponde actualmente al Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, mientras que el diálogo con otras comunidades cristianas pertenece propiamente al ámbito ecuménico.1,2,3

Palais apostolique et aile de Constantin
Ver información de la imagenPalacio apostólico del Vaticano, c. 2012. Original, Gaspard Miltiade, CC BY-SA 3.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreDicasterio para el Diálogo Interreligioso
CategoríaOrganización religiosa
DescripciónOrganismo de la Curia romana encargado de promover y coordinar el diálogo con religiones no cristianas
Cargo EclesiásticoPrefecto: Cárdenal George Jacob Koovakad; Secretario: Arzobispo Indunil Janakaratne Kodithuwakku Kankanamalage; Subsecretario: Sacerdote Paulin Batairwa Kubuya
Fecha de Fundación1964-05-19
Lugar de FundaciónCiudad del Vaticano
EstadoActivo
FundadorPapa Pablo VI
Personas relacionadasConsejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso
TipoCongregación, Dicasterio, Organismo de la Curia romana
UbicaciónCiudad del Vaticano

Tabla de contenido

Naturaleza y finalidad

El Dicasterio para el Diálogo Interreligioso forma parte de la Curia romana, es decir, del conjunto de organismos mediante los cuales el Romano Pontífice dirige la misión universal de la Iglesia y presta servicio a las Iglesias particulares. Su competencia específica se refiere a las relaciones con los miembros y grupos de las religiones no cristianas, con la excepción de las relaciones con el judaísmo, atribuidas al Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos.3

La constitución apostólica Praedicate Evangelium, promulgada por el papa Francisco en 2022, define su tarea en términos de promoción y supervisión de las relaciones interreligiosas. El Dicasterio no sustituye a los obispos diocesanos, a las conferencias episcopales ni a las Iglesias orientales católicas, sino que los ayuda, coordina sus iniciativas y ofrece criterios para una acción eclesial coherente en el ámbito universal.3,2

La finalidad del diálogo no consiste en crear una religión común ni en borrar las diferencias doctrinales entre las diversas tradiciones. La Iglesia busca, mediante relaciones respetuosas y veraces, reconocer la dignidad de toda persona, descubrir los elementos de verdad y de bien presentes en las tradiciones religiosas, promover la convivencia y dar testimonio de Jesucristo sin coerción ni ambigüedad doctrinal.1,4

Historia

Fundación tras el Concilio Vaticano II

El papa Pablo VI instituyó el organismo el 19 de mayo de 1964, solemnidad de Pentecostés, con el nombre de Secretariado para los No Cristianos. La creación tuvo lugar durante el pontificado de Pablo VI y en el contexto del Concilio Vaticano II, que estaba desarrollando una nueva reflexión católica sobre las relaciones con los seguidores de otras religiones.5

El Concilio Vaticano II impulsó decisivamente la actitud católica ante las religiones no cristianas, especialmente mediante la declaración Nostra aetate. También contribuyeron a esta renovación doctrinal las constituciones Lumen gentium y Gaudium et spes, el decreto Ad gentes y la declaración Dignitatis humanae.6

La institución del Secretariado respondió a una necesidad pastoral y misionera: la Iglesia debía establecer relaciones sistemáticas con comunidades religiosas de todo el mundo, en una época marcada por la descolonización, la movilidad internacional, el pluralismo cultural y la creciente conciencia de la libertad religiosa.

El magisterio de Pablo VI

Pablo VI concedió al diálogo un lugar central en la vida de la Iglesia. En la encíclica Ecclesiam suam, publicada en agosto de 1964, presentó el diálogo como una tarea característica de la época contemporánea y exhortó a la Iglesia a entrar en comunicación con el mundo en el que vive.5

El mismo Papa describió las religiones como expresiones vivas del alma de grandes grupos humanos y como portadoras del eco de una búsqueda milenaria de Dios. Esta valoración no implicaba equiparar las religiones entre sí ni negar la singularidad de la revelación cristiana; expresaba la convicción de que el encuentro respetuoso permite comprender mejor las aspiraciones religiosas de los pueblos y ofrecer un testimonio cristiano más adecuado.5

En la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, Pablo VI relacionó el diálogo con la misión evangelizadora de la Iglesia. La apertura al otro debía permanecer unida al anuncio de Cristo, evitando tanto la hostilidad como el relativismo.

Del Secretariado al Consejo Pontificio

En 1988, durante el pontificado de san Juan Pablo II, el organismo recibió el nombre de Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso. El cambio se produjo en el marco de la reforma de la Curia romana promovida por la constitución apostólica Pastor bonus.5

La nueva denominación reflejaba la consolidación institucional del diálogo interreligioso como una dimensión estable de la misión de la Iglesia. El Consejo desarrolló contactos con dirigentes religiosos, promovió encuentros internacionales, apoyó a las conferencias episcopales y publicó orientaciones para la formación y la acción pastoral.

Durante el pontificado de Juan Pablo II adquirieron especial relevancia los encuentros de oración por la paz entre representantes de distintas religiones, especialmente el celebrado en Asís en 1986. La colaboración interreligiosa también recibió impulso en ámbitos como la defensa de la dignidad humana, la paz, la lucha contra el racismo y la protección de las minorías religiosas.

La reforma de 2022

La constitución apostólica Praedicate Evangelium, promulgada por el papa Francisco el 19 de marzo de 2022 y entrada en vigor el 5 de junio de 2022, sustituyó la estructura curial establecida por Pastor bonus. El antiguo Consejo Pontificio pasó a integrarse en la nueva configuración de la Curia romana como Dicasterio para el Diálogo Interreligioso. La reorganización situó a los dicasterios dentro de una Curia orientada de manera explícita al servicio de la evangelización y de la misión de la Iglesia.

La reforma no alteró la naturaleza fundamental del organismo, pero actualizó su rango, su lenguaje institucional y sus responsabilidades. El término dicasterio designa los principales organismos de la Curia romana y expresa una estructura menos basada en la antigua distinción entre congregaciones y consejos pontificios.

Competencias

Relaciones con las religiones no cristianas

La competencia principal del Dicasterio comprende las relaciones con los seguidores del islam, el hinduismo, el budismo, el sijismo, el jainismo, las religiones tradicionales africanas, las religiones indígenas y otras tradiciones religiosas no cristianas. El organismo promueve contactos oficiales y extraoficiales, encuentros académicos, consultas con dirigentes religiosos y proyectos comunes de carácter social y humanitario.

El Dicasterio debe procurar que estos contactos adopten una actitud de escucha, estima y respeto. La relación no se reduce a una cortesía diplomática: busca un conocimiento más profundo de las convicciones religiosas, de la vida espiritual y de las preocupaciones concretas de las comunidades participantes.1,2

Promoción de la paz y de la justicia

El diálogo interreligioso puede contribuir a la paz, la libertad, la justicia social, la defensa de la creación y la promoción de valores espirituales y morales. El Dicasterio impulsa iniciativas comunes allí donde las comunidades religiosas pueden colaborar en favor de la dignidad humana y de la reconciliación social.1

Esta cooperación resulta especialmente relevante en sociedades afectadas por la violencia religiosa, el extremismo, la discriminación, la persecución de minorías, la pobreza o los desplazamientos forzosos. La colaboración no exige una identidad doctrinal común; requiere objetivos compartidos compatibles con la verdad sobre la persona humana y con el bien común.

La cooperación entre cristianos y creyentes de otras religiones también puede afrontar problemas como el antisemitismo, el fanatismo religioso y el sectarismo. La colaboración ecuménica entre distintas Iglesias cristianas facilita con frecuencia la acción conjunta en este campo.7

Formación de agentes de diálogo

El Dicasterio ayuda a los obispos diocesanos y eparquiales en la formación de las personas dedicadas al diálogo interreligioso. Esa formación debe incluir conocimientos sobre la fe católica, historia de las religiones, teología, antropología cultural, lenguas, mediación de conflictos y sensibilidad pastoral.2

Los teólogos poseen una función particular. Su preparación les permite exponer con precisión la fe católica, distinguir los puntos de convergencia y divergencia con otras religiones y elaborar una teología de las religiones coherente con la doctrina de la Iglesia.8

La formación también debe enseñar a evitar dos errores opuestos:

  • La polémica agresiva, que deforma las creencias ajenas y convierte el encuentro en confrontación.
  • El relativismo religioso, que considera equivalentes todas las doctrinas y renuncia a la verdad cristiana.

Estudios, congresos y comisiones

El Dicasterio organiza estudios y conferencias destinados a fomentar el conocimiento mutuo y la estima entre las personas pertenecientes a diferentes tradiciones religiosas. Estas actividades pueden centrarse en cuestiones teológicas, sociales, culturales, éticas o espirituales.2

La constitución Praedicate Evangelium prevé la creación de comisiones especializadas bajo la dirección del prefecto y en colaboración con las conferencias episcopales y las estructuras jerárquicas de las Iglesias orientales católicas. Entre ellas figura la Comisión para las Relaciones Religiosas con los Musulmanes.9

Las comisiones permiten adaptar el diálogo a las características propias de cada tradición. El diálogo con el islam, por ejemplo, presenta cuestiones distintas de las que aparecen en la relación con el budismo, el hinduismo o las religiones tradicionales africanas.

Modalidades del diálogo interreligioso

El diálogo católico con otras religiones no adopta una única forma. La práctica eclesial reconoce varias modalidades complementarias.

Diálogo de la vida

El diálogo de la vida tiene lugar cuando personas de distintas religiones conviven en la familia, el barrio, la escuela, el trabajo o la vida cívica. Incluye gestos cotidianos de respeto, amistad, solidaridad y ayuda mutua.

Esta modalidad posee un valor pastoral especial porque no depende siempre de reuniones formales. La convivencia pacífica permite superar prejuicios y descubrir que las diferencias religiosas no impiden la cooperación en asuntos legítimos de la vida social.

Diálogo de la acción

El diálogo de la acción reúne a personas y comunidades religiosas en proyectos comunes. Entre sus ámbitos figuran la ayuda a los pobres, la atención a los migrantes, la asistencia a las víctimas de catástrofes, la defensa de la libertad religiosa y la protección de la naturaleza.

La cooperación no significa que todos los participantes compartan la misma teología. Cada tradición actúa desde su propia conciencia religiosa, mientras busca un bien humano objetivo y común.

Diálogo teológico

El diálogo teológico reúne a especialistas que estudian las respectivas doctrinas y tradiciones. Su finalidad no consiste únicamente en encontrar coincidencias, sino también en comprender con precisión las diferencias.

Una relación madura exige exponer la fe católica de forma completa y evitar el lenguaje ambiguo. El diálogo auténtico admite la posibilidad de formular preguntas difíciles, aclarar malentendidos y examinar racionalmente las divergencias doctrinales.

Diálogo de la experiencia religiosa

El diálogo de la experiencia religiosa permite compartir métodos de oración, meditación, contemplación y vida espiritual. Este ámbito requiere prudencia, porque las religiones no entienden del mismo modo a Dios, la revelación, la salvación, la oración o la relación entre el ser humano y lo divino.

La Iglesia recomienda distinguir entre el conocimiento respetuoso de las prácticas religiosas ajenas y la participación en actos que puedan inducir a confusión sobre la fe católica. La oración común entre seguidores de distintas religiones plantea una dificultad particular: las diferencias en la comprensión de Dios impiden tratar toda oración compartida como si expresara una misma fe. El documento Diálogo y anuncio recomienda evitar la oración interreligiosa entendida como una acción cultual común cuando falta una comprensión compartida de Dios.10

Fundamento teológico

La dignidad de toda persona

El diálogo interreligioso parte de la dignidad común de todos los seres humanos. La Iglesia reconoce que toda persona posee inteligencia, libertad y capacidad de buscar la verdad y el bien. Por ello, ningún interlocutor puede recibir un trato degradante por razón de su religión.

La igualdad de las personas en dignidad no equivale a afirmar que todas las doctrinas religiosas posean el mismo contenido de verdad. La Iglesia distingue entre el respeto debido a cada persona y la valoración teológica de sus creencias.4

La búsqueda de Dios

El Dicasterio fomenta una búsqueda sincera de Dios entre todos los pueblos. La constitución Praedicate Evangelium reconoce que las distintas tradiciones religiosas buscan a Dios con sinceridad y establece que el organismo debe contar con personal especializado para atender la diversidad de esos ámbitos.9

Esta afirmación no implica que la Iglesia considere idénticas todas las religiones ni que acepte cualquier práctica religiosa como moralmente válida. El discernimiento católico reconoce elementos de verdad y santidad allí donde aparecen, pero los interpreta a la luz de la revelación culminada en Jesucristo.

Cristo y la misión de la Iglesia

Para la fe católica, el diálogo forma parte de la misión evangelizadora, pero no la reemplaza. Jesucristo es el Verbo encarnado, el camino, la verdad y la vida. La Iglesia conserva, por tanto, el deber de anunciar el Evangelio y de invitar a todos a la conversión y a la incorporación sacramental a la Iglesia.11,4

La declaración Dominus Iesus, tal como la presenta el propio Dicasterio, relaciona el diálogo interreligioso con la misión ad gentes. El diálogo pertenece a la misión de la Iglesia, pero constituye una de sus acciones y no el conjunto de la evangelización. La Iglesia dialoga porque cree en el plan universal de salvación de Dios y porque desea salir al encuentro de quienes buscan la verdad.4

La actitud católica evita tanto el proselitismo entendido como presión o manipulación de la conciencia como la renuncia a la identidad cristiana. La libertad religiosa exige que nadie reciba coacción en materia de fe; la caridad apostólica exige que la Iglesia anuncie a Cristo con claridad y respeto.

Diálogo interreligioso y diálogo ecuménico

Diferencia de objeto

El diálogo interreligioso relaciona a la Iglesia católica con los seguidores de religiones no cristianas, como musulmanes, budistas, hindúes o miembros de religiones tradicionales. Su finalidad principal consiste en establecer buenas relaciones, fomentar el conocimiento mutuo y colaborar en favor de bienes humanos y sociales.7,3

El diálogo ecuménico, en cambio, tiene lugar entre cristianos pertenecientes a Iglesias y comunidades eclesiales que no están en plena comunión con la Iglesia católica. Su finalidad específica es avanzar hacia la restauración de la unidad visible que Cristo quiso para su Iglesia.7

La diferencia no depende únicamente de la cordialidad o del formato de las reuniones. Ambos diálogos pueden incluir amistad, estudio teológico, oración y cooperación social, pero persiguen objetivos teológicos distintos.

Diferencia de fundamento teológico

En el diálogo ecuménico, todos los participantes reconocen a Jesucristo como Señor y comparten elementos esenciales de la fe cristiana, aunque permanezcan separados por divergencias doctrinales, sacramentales y eclesiológicas. El diálogo busca la unidad de los cristianos.

En el diálogo interreligioso, los participantes no comparten necesariamente la fe en Jesucristo, la comprensión trinitaria de Dios, la revelación bíblica ni los sacramentos. El encuentro debe respetar las diferencias reales y no presentar como idénticas las distintas concepciones de Dios, de la salvación o de la vida eterna.

La cooperación entre Iglesias cristianas puede reforzar el diálogo con otras religiones. La colaboración ecuménica permite ofrecer un testimonio cristiano conjunto y afrontar unidos problemas como la violencia religiosa, el antisemitismo, el fanatismo y la discriminación.7,12

Competencias de los organismos de la Curia

El Dicasterio para el Diálogo Interreligioso no dirige el diálogo ecuménico. La responsabilidad institucional de las relaciones con otras comunidades cristianas corresponde al Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos.

La excepción relativa al judaísmo requiere una precisión: aunque el judaísmo no pertenece al cristianismo, la Santa Sede atribuye las relaciones con él al Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. El Dicasterio para el Diálogo Interreligioso concentra su competencia institucional en las demás religiones no cristianas.3

Diferencia con el Dicasterio para la Evangelización

Competencia del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso

El Dicasterio para el Diálogo Interreligioso atiende principalmente a la relación de la Iglesia con otras religiones. Sus tareas incluyen la escucha, el conocimiento mutuo, la cooperación, la formación de agentes, los estudios especializados y la promoción de la paz y de la justicia.1,2

Su actividad puede contribuir a la evangelización, pero no administra toda la acción misionera de la Iglesia ni dirige la implantación de nuevas Iglesias particulares.

Competencia del Dicasterio para la Evangelización

El Dicasterio para la Evangelización sirve directamente a la obra evangelizadora para que Cristo sea conocido y testimoniado mediante la palabra y las obras. Tiene competencia sobre las cuestiones fundamentales de la evangelización en el mundo y sobre la institución, el acompañamiento y el apoyo de nuevas Iglesias particulares, sin perjuicio de las competencias del Dicasterio para las Iglesias Orientales.13

Su Sección para las Cuestiones Fundamentales de la Evangelización en el Mundo estudia los desafíos políticos, sociales, culturales, económicos y ambientales que afectan al anuncio del Evangelio. También ayuda a promover el encuentro entre el Evangelio y las culturas, la dignidad humana, la libertad religiosa y la opción preferencial por los pobres.14

Su Sección para la Primera Evangelización y las Nuevas Iglesias Particulares apoya la proclamación del Evangelio y la profundización de la vida cristiana en los territorios de primera evangelización. Además, atiende a la creación o modificación de circunscripciones eclesiásticas y a su provisión.15

Complementariedad sin solapamiento

Ambos dicasterios participan de la misión evangelizadora de la Iglesia, pero desde responsabilidades diferentes:

  • El Dicasterio para el Diálogo Interreligioso organiza y orienta las relaciones con las religiones no cristianas.
  • El Dicasterio para la Evangelización coordina cuestiones fundamentales del anuncio del Evangelio y acompaña especialmente la primera evangelización y las nuevas Iglesias particulares.
  • El primero favorece el encuentro respetuoso y la cooperación con creyentes de otras religiones.
  • El segundo impulsa la proclamación de Cristo, la vida de fe y la expansión pastoral de la Iglesia.

La colaboración entre ambos resulta necesaria porque el diálogo interreligioso pertenece a la misión de la Iglesia, pero no agota la evangelización. El diálogo ofrece un espacio de escucha y testimonio; la evangelización anuncia explícitamente a Jesucristo y llama a la adhesión a la fe. La diferencia de competencias evita reducir la misión a una mera cooperación social o convertir el diálogo en una forma indirecta de administración misionera.

Relaciones con el mundo musulmán

El diálogo con los musulmanes constituye uno de los campos principales de actuación del Dicasterio. La institución cuenta con una Comisión para las Relaciones Religiosas con los Musulmanes, establecida bajo la autoridad del prefecto y en cooperación con las conferencias episcopales y las estructuras jerárquicas orientales.9

Este diálogo aborda cuestiones teológicas y prácticas: la comprensión de Dios, la dignidad humana, la libertad religiosa, la educación, la convivencia ciudadana, la paz, la lucha contra la violencia y la protección de las minorías.

La Iglesia católica distingue entre el respeto a los musulmanes como personas y el discernimiento de las diferencias doctrinales entre el islam y la fe cristiana. La cooperación social no exige ocultar esas diferencias, del mismo modo que la claridad doctrinal no autoriza la hostilidad hacia quienes profesan otra religión.

Cooperación con el Consejo Mundial de Iglesias

El Dicasterio mantiene también relaciones de cooperación con organismos ecuménicos. Desde 1977, el Dicasterio y la Oficina de Diálogo y Cooperación Interreligiosos del Consejo Mundial de Iglesias desarrollan iniciativas conjuntas en materia de diálogo interreligioso.12

La reunión anual celebrada en Roma del 17 al 20 de febrero de 2025 revisó iniciativas anteriores, estudió proyectos futuros y preparó la conmemoración del cincuenta aniversario de la cooperación entre ambos organismos, prevista para 2027. El encuentro reafirmó el papel de las religiones en la sanación de divisiones, la fraternidad, la paz y la reconciliación.12

Esta cooperación ofrece un ejemplo de la relación entre ecumenismo y diálogo interreligioso: distintas Iglesias y comunidades cristianas pueden trabajar juntas ante los desafíos religiosos y sociales del mundo contemporáneo, sin confundir el objetivo de la unidad cristiana con el objetivo de las relaciones interreligiosas.

Organización y dirección

El Dicasterio tiene su sede en la Ciudad del Vaticano. La constitución Praedicate Evangelium atribuye su dirección al prefecto y prevé la colaboración con las conferencias episcopales, las estructuras jerárquicas de las Iglesias orientales y las comisiones especializadas.9

En la organización actual figuran:

La composición internacional del personal responde a la naturaleza universal del organismo y a la diversidad geográfica y cultural de las religiones con las que la Iglesia mantiene relaciones.

Principios de actuación

Respeto y escucha

El diálogo comienza con la escucha atenta del otro. La Iglesia evita caricaturizar las religiones y procura conocerlas mediante sus propios representantes, textos, prácticas y contextos históricos. La estima no exige aceptar todas sus afirmaciones, pero sí comprenderlas con justicia.

Claridad de la identidad católica

El diálogo auténtico presupone interlocutores con una identidad definida. La Iglesia participa en él como comunidad fundada en Jesucristo, no como una instancia religiosa neutral. La declaración Dominus Iesus distingue la igualdad de dignidad personal de los interlocutores de la igualdad doctrinal, que no puede darse por supuesta.4

La claridad católica excluye tanto la imposición como la ocultación. La Iglesia anuncia la verdad cristiana respetando la libertad de conciencia, pero no transforma el diálogo en una negociación sobre el contenido de la fe.

Búsqueda de la verdad

El diálogo tiene sentido cuando busca un conocimiento más profundo de la verdad. La conversación meramente protocolaria puede facilitar la convivencia, pero no alcanza toda la riqueza del diálogo religioso. El intercambio teológico debe identificar convergencias y divergencias con lenguaje exacto y con fidelidad a la doctrina católica.8

Libertad religiosa

La libertad religiosa protege la conciencia y la dignidad de la persona. Nadie debe recibir coacción para abrazar, abandonar o practicar una religión. Al mismo tiempo, la libertad religiosa no convierte todas las afirmaciones religiosas en verdaderas ni elimina el deber de la Iglesia de anunciar el Evangelio.

Cooperación por el bien común

La Iglesia puede colaborar con creyentes de otras religiones en objetivos legítimos: defender la vida y la dignidad humana, atender a los pobres, fomentar la paz, proteger a los perseguidos y cuidar la creación. Esta cooperación adquiere una dimensión moral cuando responde a necesidades reales y evita instrumentalizar la religión con fines políticos o ideológicos.

Retos contemporáneos

El pluralismo religioso plantea desafíos nuevos para las comunidades católicas. Las migraciones han llevado a personas de distintas culturas y religiones a convivir en ciudades y barrios anteriormente más homogéneos. Esta realidad exige formación, prudencia pastoral y capacidad para prevenir conflictos.7

Entre los retos principales figuran:

  • La persecución de cristianos y de otras minorías religiosas.
  • El antisemitismo y la islamofobia.
  • El fanatismo y la instrumentalización política de la religión.
  • La confusión entre diálogo y relativismo.
  • La falta de preparación de agentes pastorales.
  • La necesidad de distinguir prácticas culturales de afirmaciones estrictamente religiosas.
  • La colaboración ante crisis humanitarias, guerras y desplazamientos.
  • La protección de la libertad religiosa en sociedades secularizadas.

El Dicasterio responde a estos desafíos mediante encuentros, documentos, formación y cooperación con organismos católicos, comunidades religiosas y entidades ecuménicas.

Valor eclesial

El Dicasterio para el Diálogo Interreligioso expresa la convicción católica de que la misión de la Iglesia incluye el encuentro con todos los pueblos y tradiciones religiosas. La Iglesia no contempla las religiones desde la indiferencia ni desde la hostilidad, sino desde la búsqueda de la verdad, el respeto a la persona y el anuncio de Cristo.

El diálogo interreligioso alcanza su forma más completa cuando integra verdad, caridad, libertad y misión. La caridad impide despreciar al interlocutor; la verdad evita la confusión doctrinal; la libertad excluye la coacción; la misión mantiene vivo el mandato de anunciar el Evangelio.

La trayectoria del organismo -desde el Secretariado para los No Cristianos creado por Pablo VI en 1964, pasando por el Consejo Pontificio establecido en 1988, hasta el actual dicasterio configurado por Praedicate Evangelium- refleja la consolidación del diálogo interreligioso como una dimensión permanente de la vida de la Iglesia.5,1

En definitiva, el Dicasterio trabaja para que el encuentro entre creyentes contribuya a la paz y al bien común sin sacrificar la identidad cristiana. Su misión consiste en promover relaciones respetuosas y fecundas con las religiones no cristianas, mientras la Iglesia continúa proclamando que la salvación tiene su fuente plena en Jesucristo y que el diálogo forma parte, pero no sustituye, la evangelización.4,1

Citas y referencias

  1. V. Dicastías - Dicastaría de diálogo interreligioso - Art. 148, Papa Francisco. Praedicate Evangelium, Art. 148 (2022). 2 3 4 5 6 7
  2. V. Dicastías - Dicastaría de diálogo interreligioso - Art. 149, Papa Francisco. Praedicate Evangelium, Art. 149 (2022). 2 3 4 5 6
  3. V. Dicastías - Dicastaría de diálogo interreligioso - Art. 147, Papa Francisco. Praedicate Evangelium, Art. 147 (2022). 2 3 4 5
  4. Capítulo uno: La Iglesia y el diálogo interreligioso - Magisterio reciente sobre el diálogo interreligioso, Dicastaría de Diálogo Interreligioso. Diálogo en Verdad y Caridad (2014), 15 (2014). 2 3 4 5 6
  5. Capítulo uno: La Iglesia y el diálogo interreligioso - Magisterio reciente sobre el diálogo interreligioso, Dicastaría de Diálogo Interreligioso. Diálogo en Verdad y Caridad (2014), 12 (2014). 2 3 4 5
  6. Capítulo uno: La Iglesia y el diálogo interreligioso - Magisterio reciente sobre el diálogo interreligioso, Dicastaría de Diálogo Interreligioso. Diálogo en Verdad y Caridad (2014), 10 (2014).
  7. Parte 2 La Iglesia católica en sus relaciones con otros cristianos - D. El diálogo de la vida, Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad Cristiana. El obispo y la unidad cristiana: Un vademécum ecuménico, 40 (2020). 2 3 4 5
  8. Capítulo dos: Dinámicas del diálogo interreligioso - Vocación para promover el diálogo, Dicastaría de Diálogo Interreligioso. Diálogo en Verdad y Caridad (2014), 30 (2014). 2
  9. V. Dicastías - Dicastaría de diálogo interreligioso - Art. 150, Papa Francisco. Praedicate Evangelium, Art. 150 (2022). 2 3 4
  10. Capítulo tres: Campos específicos de las relaciones interreligiosas - Oración y gestos simbólicos, Dicastaría de Diálogo Interreligioso. Diálogo en Verdad y Caridad (2014), 82 (2014).
  11. Mauro Gagliardi. Cómo devolver la teología a su unidad, 10 (2018).
  12. Dicastería de Diálogo Interreligioso. Comunicado conjunto: Reunión anual de la Dicastaría de Diálogo Interreligioso y la Oficina de Diálogo y Cooperación Interreligiosa del Consejo Mundial de Iglesias [Roma, 17-20 de febrero de 2025] (21 de febrero de 2025), 1 (2025). 2 3
  13. V. Dicastías - Dicastaría de evangelización - Art. 53, Papa Francisco. Praedicate Evangelium, Art. 53 (2022).
  14. V. Dicastías - Sección de cuestiones fundamentales sobre la evangelización en el mundo - Art. 57, Papa Francisco. Praedicate Evangelium, Art. 57 (2022).
  15. V. Dicastías - Sección para la primera evangelización y nuevas iglesias particulares - Art. 61, Papa Francisco. Praedicate Evangelium, Art. 61 (2022).
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