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Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos

El Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos es un organismo de la Curia Romana encargado de impulsar el ecumenismo de la Iglesia católica, es decir, el camino hacia la restauración de la unidad visible entre todos los cristianos. Promueve el diálogo con las Iglesias ortodoxas, las antiguas Iglesias orientales y las comunidades eclesiales nacidas de la Reforma, coordina las iniciativas ecuménicas de la Santa Sede y aplica las enseñanzas del Concilio Vaticano II y del magisterio posterior.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreDicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos
CategoríaOrganización religiosa
DescripciónOrganismo de la Curia Romana encargado de impulsar el ecumenismo y la unidad visible entre los cristianos. El Dicasterio coordina iniciativas ecuménicas, mantiene diálogos teológicos con Iglesias ortodoxas, iglesias orientales y comunidades nacidas de la Reforma, y promueve la oración, la conversión y la colaboración pastoral para lograr la plena comunión cristiana
Fecha de Fundación1960-06-05
Autoridad EclesiásticaPapa Francisco
FundadorJuan XXIII
TipoCongregación, Dicasterio

Tabla de contenido

Naturaleza y finalidad

El Dicasterio forma parte de los dicasterios de la Curia Romana y actúa en nombre de la Santa Sede dentro del ámbito de las relaciones entre cristianos. Su finalidad no consiste en crear una unidad meramente administrativa ni en reducir las diferencias doctrinales a un mínimo común, sino en favorecer la plena comunión entre los cristianos mediante la conversión, la oración, el diálogo teológico, la colaboración pastoral y el reconocimiento de los elementos de santificación y de verdad presentes fuera de los límites visibles de la Iglesia católica.1

La actividad del Dicasterio se fundamenta en la convicción de que las divisiones entre los discípulos de Cristo contradicen la voluntad del Señor y perjudican la credibilidad de la misión evangelizadora. El ecumenismo católico busca, por tanto, la unidad en la verdad y en la caridad, sin confundir la legítima diversidad de tradiciones cristianas con la ruptura de la comunión eclesial.

La constitución apostólica Praedicate Evangelium, promulgada por el papa Francisco en 2022, atribuye al Dicasterio la promoción de iniciativas ecuménicas tanto dentro de la Iglesia católica como en sus relaciones con las demás Iglesias y comunidades eclesiales, para recomponer la unidad entre los cristianos.2

Denominación oficial

La institución nació con el nombre de Secretariado para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. En 1988, la constitución apostólica Pastor bonus, de san Juan Pablo II, modificó su denominación, que pasó a ser Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. La reforma de la Curia Romana impulsada por Praedicate Evangelium sustituyó la categoría de los pontificios consejos por la de dicasterios y estableció la denominación actual: Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos.3

La diferencia terminológica no implica una ruptura de la misión fundamental del organismo. El Dicasterio conserva la responsabilidad de promover el ecumenismo, mantener relaciones institucionales con otras Iglesias y comunidades eclesiales y coordinar la participación católica en los principales organismos y encuentros ecuménicos.

Historia

Fundación bajo Juan XXIII

La institución nació en el contexto de la preparación del Concilio Vaticano II. Después del anuncio de la convocatoria conciliar, el cardenal Lorenz Jaeger, arzobispo de Paderborn, propuso al cardenal Augustin Bea la creación en Roma de un organismo dedicado a la unidad de los cristianos. Bea presentó la iniciativa al papa Juan XXIII, quien la aceptó.3

Juan XXIII creó el Secretariado para la Promoción de la Unidad de los Cristianos mediante el motu proprio Superno Dei nutu, de 5 de junio de 1960. En un primer momento, el organismo actuó como comisión preparatoria del Concilio Vaticano II. El motu proprio Appropinquante concilio, de 6 de agosto de 1960, confirmó su función como organismo conciliar.3

La creación del Secretariado representó una novedad institucional de gran importancia. Por primera vez, la Santa Sede incorporaba de manera estable y visible la preocupación ecuménica a la preparación de un concilio universal. El organismo facilitó el contacto con cristianos no católicos y contribuyó a que representantes de otras Iglesias y comunidades eclesiales participasen como observadores en las sesiones conciliares.

Organización durante el Concilio Vaticano II

Desde los primeros años, el Secretariado quedó orientado hacia dos grandes ámbitos de relación: las Iglesias de Oriente y las Iglesias y comunidades cristianas de Occidente. Juan XXIII estableció la conveniencia de distinguir entre el diálogo con las Iglesias orientales, especialmente las Iglesias ortodoxas, y el diálogo con las comunidades surgidas de la Reforma.3

Durante el Concilio Vaticano II, el Secretariado desempeñó un papel decisivo en la preparación y elaboración del decreto Unitatis redintegratio, aprobado el 21 de noviembre de 1964. Este documento constituyó el texto conciliar fundamental sobre el ecumenismo y orientó la acción posterior de la Iglesia católica.

La intervención del organismo también tuvo importancia en otros documentos conciliares relacionados con la apertura de la Iglesia al mundo contemporáneo y con la libertad religiosa. Entre ellos figuran:

La contribución del Secretariado a estos documentos estuvo vinculada a la renovación bíblica, teológica y pastoral que caracterizó al Concilio Vaticano II.3

Transformación en organismo permanente

Concluido el Concilio, Pablo VI confirmó el Secretariado como organismo permanente de la Santa Sede mediante el motu proprio Finis concilio, de 3 de enero de 1966. La constitución apostólica Regimini Ecclesiae universae, de 15 de agosto de 1967, mantuvo su misión de promover la unidad de los cristianos y precisó su posición dentro de la organización de la Curia Romana.3

Durante este periodo, el organismo amplió temporalmente su ámbito de actuación a las relaciones religiosas con el pueblo judío. Pablo VI creó en 1974 la Comisión para las Relaciones Religiosas con los Judíos como organismo autónomo, aunque estrechamente vinculado al Secretariado. La nueva comisión asumió la responsabilidad específica de promover la cooperación cultural y religiosa entre católicos y judíos.3

El Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos

La constitución apostólica Pastor bonus, de 28 de junio de 1988, reorganizó la Curia Romana y cambió el nombre del organismo por Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. Los artículos 135 a 138 de dicha constitución conservaron su competencia esencial: fomentar el espíritu ecuménico dentro de la Iglesia católica y cultivar las relaciones con las demás Iglesias y comunidades eclesiales.3

El Pontificio Consejo desarrolló durante las décadas siguientes numerosos diálogos teológicos internacionales y favoreció encuentros entre la Iglesia católica y otras tradiciones cristianas. También impulsó la cooperación en ámbitos como la defensa de la vida humana, la promoción de la paz, la protección de la creación, la ayuda a los pobres y la respuesta a las persecuciones contra los cristianos.

En 2010, Benedicto XVI recordó que, durante los cincuenta años transcurridos desde la creación del Secretariado, católicos y otros cristianos habían alcanzado un conocimiento más profundo y una estima mayor, superando prejuicios heredados de la historia. También señaló el crecimiento del diálogo teológico, del diálogo de la caridad y de diversas formas de colaboración.4

Reforma de la Curia Romana

La constitución apostólica Praedicate Evangelium, promulgada el 19 de marzo de 2022 y entrada en vigor el 5 de junio del mismo año, integró la institución en el nuevo sistema de dicasterios de la Curia Romana. El cambio de nombre de Pontificio Consejo a Dicasterio corresponde a la nueva estructura curial y a la voluntad de presentar los organismos romanos como instrumentos de servicio a la evangelización y a la misión de la Iglesia.

Los artículos 142 a 145 de Praedicate Evangelium determinan la competencia actual del Dicasterio. El artículo 142 fija su finalidad general; los artículos 143 y 144 describen sus tareas ordinarias; y el artículo 145 establece la cooperación que debe mantener con otros organismos de la Santa Sede.2,5

Competencias según Praedicate Evangelium

Aplicación del magisterio ecuménico

El Dicasterio aplica las enseñanzas del Concilio Vaticano II y del magisterio posterior sobre el ecumenismo. Esta competencia incluye la interpretación correcta de los principios ecuménicos y la aplicación fiel de las normas y orientaciones establecidas para guiar, coordinar y desarrollar la actividad ecuménica.5

El organismo no sustituye la responsabilidad de los obispos, de las conferencias episcopales ni de las Iglesias particulares. Su función consiste en servir a la comunión de la Iglesia universal, ofrecer orientación, coordinar iniciativas y mantener las relaciones que requieren una representación internacional de la Santa Sede.

Coordinación de las iniciativas ecuménicas

El Dicasterio coordina las iniciativas ecuménicas de otras instituciones de la Curia Romana, de sus oficinas y de los organismos vinculados a la Santa Sede. Esta coordinación pretende favorecer una acción coherente en las relaciones con las demás Iglesias y comunidades eclesiales.5

La competencia coordinadora resulta especialmente necesaria cuando una cuestión ecuménica afecta simultáneamente a varios campos: la doctrina, la liturgia, la pastoral, la educación, la acción caritativa, la migración, la defensa de la libertad religiosa o las relaciones internacionales.

Diálogo teológico

El Dicasterio mantiene las relaciones de la Santa Sede con otras Iglesias y comunidades eclesiales, después de presentar previamente las cuestiones de especial importancia al Romano Pontífice. Promueve diálogos teológicos y encuentros destinados a favorecer la unidad, con la colaboración de especialistas.6

El diálogo teológico estudia las diferencias que todavía impiden la plena comunión, pero también identifica la fe común y los acuerdos alcanzados. Entre los temas habituales figuran:

El diálogo católico no pretende alcanzar acuerdos mediante la ocultación de las diferencias. Su propósito consiste en buscar la verdad en la caridad, con rigor doctrinal, respeto mutuo y disposición a reconocer los elementos legítimos de la tradición de cada interlocutor.

Nombramiento de participantes y observadores

El Dicasterio designa a los miembros católicos de los diálogos teológicos y nombra a los observadores y delegados católicos que participan en reuniones ecuménicas. También puede invitar a observadores o delegados fraternos de otras Iglesias y comunidades eclesiales a los encuentros y acontecimientos más significativos de la Iglesia católica.6

La presencia de delegados fraternos expresa una forma de participación respetuosa en la vida de la Iglesia. No equivale a la concelebración sacramental ni implica la plena comunión eclesial, pero manifiesta el deseo de caminar juntos y de reconocer la dignidad bautismal de quienes pertenecen a otras comunidades cristianas.

Encuentros y actividades ecuménicas

El Dicasterio promueve reuniones y acontecimientos católicos de ámbito nacional e internacional que favorecen la unidad de los cristianos. También impulsa iniciativas de carácter espiritual, pastoral y cultural.5,6

Estas iniciativas pueden incluir:

  • Celebraciones y encuentros de oración por la unidad.
  • Seminarios y congresos teológicos.
  • Reuniones de responsables de Iglesias y comunidades eclesiales.
  • Proyectos de formación ecuménica.
  • Intercambios académicos y culturales.
  • Acciones conjuntas de carácter caritativo y social.
  • Publicaciones y materiales para la educación ecuménica.
  • Contactos pastorales entre diócesis y comunidades cristianas.

El organismo también ayuda a coordinar grupos nacionales e internacionales dedicados a la promoción de la unidad de los cristianos.1

Relaciones con las Iglesias y comunidades eclesiales

El Dicasterio mantiene relaciones diferenciadas según la historia, la estructura y la doctrina de cada interlocutor cristiano.

Iglesias ortodoxas

Las relaciones con las Iglesias ortodoxas ocupan un lugar central en la actividad ecuménica de la Santa Sede. La Iglesia católica reconoce la riqueza de la tradición apostólica, litúrgica, espiritual y teológica de las Iglesias ortodoxas. El diálogo busca superar las divisiones históricas y avanzar hacia la restauración de la plena comunión.

Las Iglesias ortodoxas poseen sucesión apostólica y sacramentos válidos, especialmente el sacerdocio y la Eucaristía. Por este motivo, la relación católico-ortodoxa presenta una naturaleza distinta de la relación con las comunidades eclesiales nacidas de la Reforma, aunque ambas pertenecen al ámbito del ecumenismo cristiano.

Antiguas Iglesias orientales

El Dicasterio también mantiene relaciones con las Iglesias ortodoxas orientales, que no aceptaron las formulaciones conciliares de Calcedonia en el siglo V. Estas Iglesias conservan antiguas tradiciones litúrgicas, teológicas y espirituales y mantienen vínculos históricos con la Iglesia católica.

El diálogo contemporáneo ha permitido aclarar que muchas divergencias antiguas dependían de formulaciones teológicas y contextos históricos complejos. El estudio común de la cristología -la doctrina sobre Jesucristo- ha contribuido a una comprensión más precisa de las posiciones de ambas partes.

Comunidades cristianas occidentales

El Dicasterio mantiene relaciones con las comunidades cristianas surgidas de la Reforma y con otras comunidades eclesiales occidentales. El diálogo abarca a luteranos, reformados, anglicanos, metodistas, bautistas, evangélicos y otros interlocutores cristianos.

La Santa Sede organiza o participa en diálogos bilaterales y multilaterales. También designa observadores católicos para reuniones de organismos ecuménicos internacionales e invita a representantes de otras comunidades cristianas a actos relevantes de la Iglesia católica.1

La Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos

Una de las expresiones más conocidas del compromiso ecuménico es la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, celebrada habitualmente del 18 al 25 de enero en el hemisferio norte. El Dicasterio prepara sus materiales conjuntamente con otros organismos ecuménicos y facilita su difusión entre las Iglesias locales.

La Semana invita a los cristianos a orar por la unidad, a examinar los obstáculos que dificultan la comunión y a fortalecer la colaboración. La oración ocupa un lugar esencial porque la unidad cristiana no depende únicamente de acuerdos diplomáticos o de negociaciones teológicas: constituye, ante todo, un don de Dios que requiere conversión y fidelidad al Evangelio.

La celebración puede incluir vigilias, celebraciones de la Palabra, encuentros bíblicos, conferencias, acciones caritativas y visitas entre comunidades cristianas. Las diócesis, parroquias, monasterios, seminarios y asociaciones católicas participan según las circunstancias pastorales de cada lugar.

El cardenal Augustin Bea

Formación y trayectoria

El cardenal Augustin Bea nació el 28 de mayo de 1881 en Riedböhringen, en Baden-Wurtemberg, y murió el 16 de noviembre de 1968. Ingresó en la Compañía de Jesús en 1902 y recibió la ordenación sacerdotal en 1918. Desarrolló una amplia carrera como biblista y profesor, especialmente en el ámbito de la exégesis del Antiguo Testamento.7

Desde 1924 enseñó en el Pontificio Instituto Bíblico y en la Pontificia Universidad Gregoriana. Dirigió el Pontificio Instituto Bíblico entre 1930 y 1949 y ejerció como confesor del papa Pío XII. Juan XXIII lo creó cardenal en 1959, poco antes de la convocatoria del Concilio Vaticano II.7

Primer presidente del Secretariado

Augustin Bea fue el primer presidente del Secretariado para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, organismo que dio origen al actual Dicasterio. Desde esa responsabilidad, dirigió el contacto de la Santa Sede con representantes de otras Iglesias y comunidades cristianas y contribuyó a incorporar la cuestión ecuménica en el centro de la reflexión conciliar.7

Bea promovió la participación de observadores no católicos en el Concilio Vaticano II. Su trabajo ayudó a crear un clima de diálogo, confianza y conocimiento recíproco entre los padres conciliares y los representantes de otras tradiciones cristianas.7

Contribución al Concilio Vaticano II

Bajo su dirección, el Secretariado participó en la elaboración del decreto Unitatis redintegratio, de la declaración Dignitatis humanae y de la declaración Nostra aetate. Bea también ejerció una influencia notable en la constitución dogmática Dei verbum, especialmente por su competencia bíblica y su defensa de una relación fecunda entre investigación teológica, tradición eclesial y magisterio.7

Su figura quedó asociada a una concepción del ecumenismo caracterizada por la firmeza doctrinal, la prudencia pastoral y la caridad cristiana. Pablo VI describió su método como simultáneamente valiente y prudente y presentó su actuación como una referencia para el camino ecuménico de la Iglesia.8

Juan Pablo II, al conmemorar en 1981 el centenario del nacimiento de Bea, vinculó su legado a tres grandes orientaciones del Concilio: el decreto sobre el ecumenismo, la declaración sobre las relaciones con el judaísmo y las demás religiones, y la declaración sobre la libertad religiosa. El papa presentó estas líneas como frutos conciliares que todavía exigían desarrollo y colaboración eclesial.9

Espiritualidad ecuménica de Bea

La actividad del cardenal Bea no nació de un mero programa institucional. Sus escritos espirituales muestran que entendía el servicio a la unidad como una misión recibida de Cristo. En sus notas de 1960 expresó el deseo de manifestar amor a los cristianos separados mediante las relaciones personales, las conversaciones, la correspondencia y las negociaciones, sin búsqueda de poder ni de intereses humanos.9

También reconocía las dificultades del camino ecuménico: cansancio, fracasos, incomprensiones y malentendidos. Para Bea, la oración y la unión con Cristo constituían la fuente de la fortaleza necesaria para perseverar.9

Cooperación con otros organismos de la Santa Sede

El Dicasterio trabaja junto con otros dicasterios cuando las cuestiones ecuménicas afectan a sus respectivas competencias. Praedicate Evangelium establece dos formas particulares de cooperación.

En los asuntos relacionados con la fe, el Dicasterio debe consultar al Dicasterio para la Doctrina de la Fe, especialmente antes de publicar documentos o declaraciones públicas. Esta exigencia protege la coherencia doctrinal de la acción ecuménica de la Santa Sede.10

En las cuestiones que afectan a las relaciones entre las Iglesias católicas orientales y las Iglesias ortodoxas o las antiguas Iglesias ortodoxas orientales, el Dicasterio coopera con el Dicasterio para las Iglesias Orientales y con la Secretaría de Estado.10

Esta distribución de competencias evita la duplicación de tareas y permite abordar cada asunto desde sus dimensiones doctrinales, pastorales, orientales e internacionales.

Principios de la actividad ecuménica

La acción del Dicasterio se articula en torno a varios principios:

Conversión y santidad

La búsqueda de la unidad comienza con la conversión personal y comunitaria. Los cristianos necesitan purificar la memoria histórica, reconocer las propias faltas y renovar la fidelidad al Evangelio. La santidad de vida constituye una fuerza ecuménica más profunda que cualquier estrategia institucional.

Oración

La oración por la unidad ocupa un lugar central. Los cristianos no producen por sí mismos la unidad de la Iglesia, aunque tienen la responsabilidad de cooperar con la gracia de Dios mediante la verdad, la caridad, la humildad y el servicio.

Verdad y caridad

El ecumenismo católico evita tanto el enfrentamiento polémico como el relativismo doctrinal. La caridad exige escuchar al otro con respeto; la verdad exige tratar con seriedad las diferencias que todavía separan a las Iglesias y comunidades eclesiales.

Diálogo teológico

El diálogo busca comprender con exactitud las posiciones de cada tradición y descubrir posibles convergencias. Los acuerdos no eliminan automáticamente las divisiones, pero crean condiciones para una comunión más profunda y para una recepción eclesial responsable.

Colaboración práctica

Los cristianos pueden colaborar en la defensa de la dignidad humana, la ayuda a los pobres, la promoción de la paz, el cuidado de la creación y la defensa de la libertad religiosa. La cooperación práctica no sustituye la unidad doctrinal, pero manifiesta la fe común y fortalece la amistad entre los discípulos de Cristo.

Importancia para la Iglesia católica

El Dicasterio expresa institucionalmente una dimensión esencial de la misión contemporánea de la Iglesia católica. El ecumenismo no constituye una actividad marginal reservada a especialistas, sino una responsabilidad de toda la Iglesia: diócesis, parroquias, comunidades religiosas, centros de formación, asociaciones y fieles laicos.

Su labor permite que la Iglesia católica:

  • Mantenga relaciones oficiales con otras Iglesias y comunidades eclesiales.
  • Desarrolle diálogos teológicos con interlocutores cualificados.
  • Coordine la participación católica en encuentros ecuménicos.
  • Promueva la oración y la conversión por la unidad.
  • Anime la colaboración cristiana en cuestiones sociales y humanitarias.
  • Ofrezca criterios para una aplicación coherente del ecumenismo.
  • Integre la dimensión ecuménica en la evangelización y en la pastoral.

La historia del organismo, desde el Secretariado creado por Juan XXIII hasta el actual Dicasterio, refleja la consolidación del ecumenismo como una prioridad permanente de la Iglesia católica. El legado del cardenal Augustin Bea permanece unido a esta evolución: la unidad cristiana requiere fidelidad a la fe, apertura al diálogo, conocimiento histórico, competencia teológica, paciencia y una caridad fundada en Jesucristo.

Citas y referencias

  1. II. La organización en la Iglesia católica del servicio de la unidad cristiana - El Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad Cristiana, Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad Cristiana. Directorio para la Aplicación de Principios y Normas sobre Ecumenismo, 53 (1993). 2 3
  2. V. Dicasterios - Dicasterio para la promoción de la unidad cristiana - Art. 142, Papa Francisco. Praedicate Evangelium, Art. 142 (2022). 2
  3. Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad Cristiana, Edward G. Farrugia. Diccionario Enciclopédico del Oriente Cristiano, Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad Cristiana (2015). 2 3 4 5 6 7 8
  4. III, Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 12, diciembre 2010, 44 (2010).
  5. V. Dicasterios - Dicasterio para la promoción de la unidad cristiana - Art. 143, Papa Francisco. Praedicate Evangelium, Art. 143 (2022). 2 3 4
  6. V. Dicasterios - Dicasterio para la promoción de la unidad cristiana - Art. 144, Papa Francisco. Praedicate Evangelium, Art. 144 (2022). 2 3
  7. Bea, Augustin, Edward G. Farrugia. Diccionario Enciclopédico del Oriente Cristiano, Bea, Augustin (2015). 2 3 4 5
  8. Vías de un ecumenismo auténtico, Papa Pablo VI. Audiencia General del 22 de enero de 1969, 1 (1969).
  9. Papa Juan Pablo II. Sobre el primer centenario del nacimiento del Cardenal Augustin Bea (19 de diciembre de 1981) - Discurso, 1 (1981). 2 3
  10. V. Dicasterios - Dicasterio para la promoción de la unidad cristiana - Art. 145, Papa Francisco. Praedicate Evangelium, Art. 145 (2022). 2
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