Fundación bajo Juan XXIII
La institución nació en el contexto de la preparación del Concilio Vaticano II. Después del anuncio de la convocatoria conciliar, el cardenal Lorenz Jaeger, arzobispo de Paderborn, propuso al cardenal Augustin Bea la creación en Roma de un organismo dedicado a la unidad de los cristianos. Bea presentó la iniciativa al papa Juan XXIII, quien la aceptó.
Juan XXIII creó el Secretariado para la Promoción de la Unidad de los Cristianos mediante el motu proprio Superno Dei nutu, de 5 de junio de 1960. En un primer momento, el organismo actuó como comisión preparatoria del Concilio Vaticano II. El motu proprio Appropinquante concilio, de 6 de agosto de 1960, confirmó su función como organismo conciliar.
La creación del Secretariado representó una novedad institucional de gran importancia. Por primera vez, la Santa Sede incorporaba de manera estable y visible la preocupación ecuménica a la preparación de un concilio universal. El organismo facilitó el contacto con cristianos no católicos y contribuyó a que representantes de otras Iglesias y comunidades eclesiales participasen como observadores en las sesiones conciliares.
Organización durante el Concilio Vaticano II
Desde los primeros años, el Secretariado quedó orientado hacia dos grandes ámbitos de relación: las Iglesias de Oriente y las Iglesias y comunidades cristianas de Occidente. Juan XXIII estableció la conveniencia de distinguir entre el diálogo con las Iglesias orientales, especialmente las Iglesias ortodoxas, y el diálogo con las comunidades surgidas de la Reforma.
Durante el Concilio Vaticano II, el Secretariado desempeñó un papel decisivo en la preparación y elaboración del decreto Unitatis redintegratio, aprobado el 21 de noviembre de 1964. Este documento constituyó el texto conciliar fundamental sobre el ecumenismo y orientó la acción posterior de la Iglesia católica.
La intervención del organismo también tuvo importancia en otros documentos conciliares relacionados con la apertura de la Iglesia al mundo contemporáneo y con la libertad religiosa. Entre ellos figuran:
La contribución del Secretariado a estos documentos estuvo vinculada a la renovación bíblica, teológica y pastoral que caracterizó al Concilio Vaticano II.
Transformación en organismo permanente
Concluido el Concilio, Pablo VI confirmó el Secretariado como organismo permanente de la Santa Sede mediante el motu proprio Finis concilio, de 3 de enero de 1966. La constitución apostólica Regimini Ecclesiae universae, de 15 de agosto de 1967, mantuvo su misión de promover la unidad de los cristianos y precisó su posición dentro de la organización de la Curia Romana.
Durante este periodo, el organismo amplió temporalmente su ámbito de actuación a las relaciones religiosas con el pueblo judío. Pablo VI creó en 1974 la Comisión para las Relaciones Religiosas con los Judíos como organismo autónomo, aunque estrechamente vinculado al Secretariado. La nueva comisión asumió la responsabilidad específica de promover la cooperación cultural y religiosa entre católicos y judíos.
El Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos
La constitución apostólica Pastor bonus, de 28 de junio de 1988, reorganizó la Curia Romana y cambió el nombre del organismo por Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. Los artículos 135 a 138 de dicha constitución conservaron su competencia esencial: fomentar el espíritu ecuménico dentro de la Iglesia católica y cultivar las relaciones con las demás Iglesias y comunidades eclesiales.
El Pontificio Consejo desarrolló durante las décadas siguientes numerosos diálogos teológicos internacionales y favoreció encuentros entre la Iglesia católica y otras tradiciones cristianas. También impulsó la cooperación en ámbitos como la defensa de la vida humana, la promoción de la paz, la protección de la creación, la ayuda a los pobres y la respuesta a las persecuciones contra los cristianos.
En 2010, Benedicto XVI recordó que, durante los cincuenta años transcurridos desde la creación del Secretariado, católicos y otros cristianos habían alcanzado un conocimiento más profundo y una estima mayor, superando prejuicios heredados de la historia. También señaló el crecimiento del diálogo teológico, del diálogo de la caridad y de diversas formas de colaboración.
Reforma de la Curia Romana
La constitución apostólica Praedicate Evangelium, promulgada el 19 de marzo de 2022 y entrada en vigor el 5 de junio del mismo año, integró la institución en el nuevo sistema de dicasterios de la Curia Romana. El cambio de nombre de Pontificio Consejo a Dicasterio corresponde a la nueva estructura curial y a la voluntad de presentar los organismos romanos como instrumentos de servicio a la evangelización y a la misión de la Iglesia.
Los artículos 142 a 145 de Praedicate Evangelium determinan la competencia actual del Dicasterio. El artículo 142 fija su finalidad general; los artículos 143 y 144 describen sus tareas ordinarias; y el artículo 145 establece la cooperación que debe mantener con otros organismos de la Santa Sede.,