Orígenes y desarrollo institucional
La Congregación para las Iglesias Orientales fue establecida en 1862 como parte de la Propaganda Fide, y en 1917, mediante el Motu Proprio Dei Providentis de Benedicto XV, obtuvo plena autonomía, garantizando que los católicos orientales fueran considerados sin distinción de «latín, griego o eslavo»1.
En 1944, el Papa Pío XII subrayó la necesidad de respetar las tradiciones propias de los pueblos del Oriente, asegurando que su libertad litúrgica y eclesial se mantuviera siempre en consonancia con la fe cristiana2.
El Concilio Vaticano II, con la Decretación Orientalium Ecclesiarum, afirmó el valor patrimonial de las Iglesias orientales y pidió que florecieran con «nuevo vigor apostólico»3.
Reformas recientes
Con la promulgación del Código de Cánones de las Iglesias Orientales (1990) bajo el pontificado de Juan Pablo II, se consolidó la normativa jurídica que regula la vida interna de estas Iglesias4.
El Praedicate Evangelium (2022) reorganizó la Curia Romana, creando el Dicasterio para las Iglesias Orientales y definiendo sus competencias específicas en los artículos 82‑855,6,7.
