El Dicasterio pertenece a la Curia Romana y ejerce sus competencias en los asuntos que corresponden a la Santa Sede dentro de sus ámbitos propios. Su misión no consiste en sustituir a las diócesis, a las conferencias episcopales ni a las asociaciones eclesiales, sino en favorecer la comunión, la cooperación, el intercambio de experiencias y la promoción de iniciativas comunes.
La constitución apostólica Praedicate Evangelium atribuye al Dicasterio cuatro grandes campos de responsabilidad:
- El apostolado de los fieles laicos.
- La pastoral de los jóvenes.
- La familia y su misión conforme al designio de Dios.
- Las personas mayores y la promoción y protección de la vida.1
El Dicasterio desarrolla estas tareas mediante relaciones con las Iglesias particulares, las conferencias episcopales, sus agrupaciones regionales y continentales, las estructuras jerárquicas de las Iglesias orientales y otras entidades eclesiales. Así promueve el intercambio y ofrece colaboración para impulsar valores e iniciativas relacionados con los laicos, los jóvenes, la familia, las personas mayores y la vida humana.1
Su actuación incorpora los principios de colegialidad, sinodalidad y subsidiariedad. El estatuto del Dicasterio presenta estos principios como criterios para mantener la relación con las Iglesias locales y con los organismos eclesiales, respetando la responsabilidad propia de cada nivel de la vida de la Iglesia.2

