Dichosos los limpios de corazón

Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios es la sexta de las Bienaventuranzas proclamadas por Jesucristo en el Sermón de la Montaña (Mateo 5:8). Esta bienaventuranza destaca la pureza interior como condición esencial para la unión íntima con Dios, tanto en la vida presente mediante la contemplación espiritual como en la eternidad a través de la visión beatífica. En la tradición católica, se interpreta como una llamada a la virtud de la castidad, la rectitud de intención y la liberación de los afectos desordenados, prometiendo como recompensa la plena comunión con la divinidad. Santos como San Agustín, San León Magno y Santo Tomás de Aquino han profundizado en su significado, vinculándola a la vida activa y contemplativa, y al proceso de purificación del alma.1,2,3,4,5
Tabla de contenido
Contexto bíblico
La expresión «Dichosos los limpios de corazón» forma parte del Sermón de la Montaña, un discurso programático de Jesús que resume la nueva Ley evangélica. En Mateo 5:1-12, Cristo asciende a un monte y, sentado como maestro, proclama las ocho Bienaventuranzas a sus discípulos y a la multitud. Esta sexta bienaventuranza sigue a las de los misericordiosos y precede a la de los pacificadores, integrándose en un progresivo ascenso hacia la perfección moral.2,4
El término griego katharoi (limpios o puros) evoca la pureza ritual del Antiguo Testamento, como el corazón íntegro requerido para el culto (Salmo 51:12; 73:1), pero Jesús la eleva a una dimensión interior y moral. No se trata solo de pureza corporal, sino de un corazón liberado de idolatría, hipocresía y pecados internos, especialmente la lujuria, como aclara el contexto inmediato (Mateo 5:27-28).4,5
En el Evangelio de Lucas (6:20-23), las Bienaventuranzas son más concisas, pero el paralelismo con Mateo confirma su autenticidad. La Iglesia las lee en la liturgia como mapa para la vida cristiana, especialmente en la Eucaristía dominical.4
Significado teológico de la pureza de corazón
Pureza interior y virtudes cardinales
La limpieza de corazón no es mera ausencia de pecado, sino una disposición positiva del alma hacia Dios. Según la tradición patrística, implica una castidad integral que abarca pensamientos, deseos y acciones. San Juan Crisóstomo la describe como «perfecta bondad, consciente de no tener malos pensamientos», y San Jerónimo la asocia al templo interior de Dios, incompatible con la impureza.4
Santo Tomás de Aquino la sitúa en el ámbito de la vida activa: las virtudes como la templanza conquistan las pasiones, ordenándose a la limpidez del corazón. Distingue tres apetitos humanos (irascible, concupiscible y voluntad), y esta bienaventuranza corrige el deseo desordenado de dominio o placeres, promoviendo la misericordia y la justicia.2
En la Catena Aurea, compilada por Aquino, San Ambrosio advierte que la misericordia sin pureza pierde su fruto si busca vanagloria, por lo que esta bienaventuranza complementa la anterior.4 La Glosa de Anselmo la ubica en sexto lugar, aludiendo a la creación del hombre el sexto día a imagen de Dios, restaurada por la gracia en el corazón puro.4
Relación con la gracia y la fe
La pureza no es obra solo humana, sino fruto de la gracia. San Agustín enseña que el corazón se purifica «por la fe» (Hechos 15:9), preparando para ver a Dios. Es un corazón «sencillo» o «único», sin doblez, como en «Buscadlo con corazón sencillo» (Sabiduría 1:1).4,5,6
San León Magno la vincula a las virtudes precedentes (pobreza, mansedumbre, llanto), exhortando a huir de las «nieblas de las vanidades terrenas» para que los ojos interiores se purifiquen.3
La recompensa: Ver a Dios
La visión beatífica en la eternidad
La promesa «ellos verán a Dios» apunta a la visión beatífica, el fin último del hombre: la contemplación intuitiva de la esencia divina en el Cielo (1 Juan 3:2; 1 Corintios 13:12). Santo Tomás precisa que no es «ven» (presente), sino «verán» (futuro), indicando que es la bienaventuranza misma, no un mero medio.1,2
San Agustín aclara que no se ve a Dios con ojos corporales, sino con el corazón iluminado (Efesios 1:18). En la vida eterna, el alma glorificada lo contempla face to face, sin enigmas.4,5,6 San León Magno describe esta dicha como transformación de la naturaleza humana, donde la luz divina es gozo para los puros y tormento para los impuros.3
Aquino, citando a Aristóteles, requiere para la felicidad contemplativa el objeto supremo (Dios) y el deleite amoroso, simbolizado en ser «llamados hijos de Dios» (próxima bienaventuranza).2
Contemplación en la vida presente
Ya en la tierra, los limpios de corazón «ven» a Dios en la oración, los sacramentos y la creación. Pseudo-Crisóstomo afirma que quien practica la justicia ve a Dios en su corazón, en grado proporcional a su purificación.4 San Agustín lo relaciona con la fe actual, que ilumina los «ojos del corazón», preparando la visión plena.6
Ambrose, citado por Aquino, niega que pecadores vean a Dios, reservándolo a los puros.7,8
Interpretaciones en los Padres de la Iglesia
San Agustín de Hipona
En su Comentario al Sermón de la Montaña y sermones, Agustín enfatiza la necedad de buscar a Dios con ojos carnales. La pureza es sencillez del corazón, condición para la visión divina. En la vida presente, se ve «a través de un espejo» por fe; en la eternidad, cara a cara.4,5,6
San León Magno
En su Sermón 95, el Papa describe la bienaventuranza como premio supremo: ver la divinidad tal como es, obteniendo lo que «ni ojo vio ni oído oyó». Exhorta a purgar el interior de toda maldad.3
Otros Padres
La Catena Aurea recopila: Chrysóstomo une pureza a santidad paulina (Hebreos 12:14); Jerónimo, al templo interior.4
En la teología escolástica y el Magisterio
Santo Tomás de Aquino integra esta bienaventuranza en su visión de la beatitud: las virtudes activas (templanza, misericordia) conducen a la contemplación, pero no la son. Corrige errores: placeres no dan felicidad; solo la visión de Dios.1,2
En el Magisterio moderno, Veritatis Splendor (Juan Pablo II) presenta las Bienaventuranzas como actitudes básicas hacia la vida eterna, retrato de Cristo.9 El Catecismo las asocia a la formación cristiana integral.10
Aplicación espiritual y litúrgica
Esta bienaventuranza inspira la vida sacramental, especialmente la Penitencia y la Eucaristía, que purifican el corazón. En la liturgia, se proclama en Misas y bendiciones (Libro de Bendiciones).11
Espiritualmente, llama a examinar intenciones: ¿buscamos a Dios o vanagloria? Santos como los fundadores de órdenes contemplativas (cartujos, trapenses) la vivieron en el silencio interior.
Para el laico, significa pureza en el matrimonio, trabajo honrado y oración diaria, preparando la unión filial con Dios.12
En homilías papales, Juan Pablo II la vincula a la vocación cristiana en la pobreza evangélica.13,14,15
Conclusión
Dichosos los limpios de corazón resume la llamada evangélica a la santidad integral, prometiendo la máxima intimidad con Dios. En un mundo de distracciones, invita a la purificación continua, guiados por la gracia, hacia la bienaventuranza eterna.
Citas
Capítulo 5, Tomás de Aquino. Comentario sobre Mateo, § 5:8 (1272). ↩ ↩2 ↩3
Capítulo 5, Tomás de Aquino. Comentario sobre Mateo, § 5 (1272). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5 ↩6
Sobre las bienaventuranzas, San Mateo 5:1-16 – La bienaventuranza de un corazón puro, Papa León I (León el Grande). Sermón 95 de San León el Grande, § VIII. ↩ ↩2 ↩3 ↩4
Capítulo 5, Tomás de Aquino. Cátena Aurea sobre Mateo, § 6 (1272). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5 ↩6 ↩7 ↩8 ↩9 ↩10 ↩11 ↩12
Sobre la primera parte del Sermón del Monte (Mateo 5), Agustín de Hipona. Sobre el Sermón del Monte, Libro I, §Capítulo 2.8 (393). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5
Sobre las palabras del Evangelio, Mateo 5:3-8, bienaventurados los pobres de espíritu: etc., pero sobre todo, bienaventurados los de corazón puro: porque verán a Dios, Agustín de Hipona. Sermones sobre Lecciones Seleccionadas del Nuevo Testamento – Sermón 3, § 6. ↩ ↩2 ↩3 ↩4
Artículo 3 – si Dios puede ser conocido por el hombre a través de las cosas creadas, Tomás de Aquino. Comentario sobre las Sentencias, § I.D3.Q1.A3 (1252). ↩
Distinción 3 – conocimiento del creador a través de lo creado, Tomás de Aquino. Comentario sobre las Sentencias, § I.D3 (1252). ↩
Capítulo I – «maestro, ¿qué bien debo hacer…?» (Mt 19:16) – Cristo y la respuesta a la pregunta sobre la moral – «si deseas ser perfecto» (Mt 19:21), Papa Juan Pablo II. Veritatis Splendor, § 16. ↩
Catecismo de la Iglesia Católica, Catecismo de la Iglesia Católica, § 5 (1992). ↩
Sagrada Congregación para el Culto Divino. De Benedictionibus (Libro de Bendiciones), § 382 (1993). ↩
Capítulo VIII – Espiritualidad misionera – El verdadero misionero es el santo, Papa Juan Pablo II. Redemptoris Missio, § 91. ↩
Dicasterio para las Causas de los Santos. Giuseppina Nicoli: Homilía de beatificación (3 de febrero de 2008), §Homilía. ↩
Papa Juan Pablo II. 29 de enero de 1984: Visita a la parroquia romana de San Marcos el Evangelista – Homilía, § 2 (1984). ↩
Papa Juan Pablo II. 1 de noviembre de 1983: Ordenación episcopal del arzobispo Alfons Stickler – Homilía, § 2 (1983). ↩
