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Diezmo

El diezmo es la entrega de la décima parte de los bienes o frutos como reconocimiento de la soberanía de Dios y como contribución al culto, al sostenimiento de los ministros sagrados y a la ayuda de los necesitados. En la Iglesia católica, la obligación actual no consiste universalmente en pagar exactamente el diez por ciento, sino en sostener a la Iglesia y asistir a los pobres conforme a la ley eclesiástica, a las circunstancias personales y a las necesidades de la comunidad.

Diezmo
Ver información de la imagenDiezmo en el templo, c. 2012. http://www.wikigallery.org/, Pierre Monier, Dominio Público. 📄
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NombreDiezmo
CategoríaTérmino
DescripciónEntrega de la décima parte de los bienes o frutos como reconocimiento de la soberanía de Dios y contribución al culto, al sostenimiento de los ministros y a la ayuda de los necesitados. Expresa la dependencia de los fieles respecto a Dios y la obligación de apoyar materialmente a la comunidad eclesial y a los pobres
Referencias
  • Génesis 14:20
  • Génesis 28:22
  • Números 18
  • Deuteronomio 14-26.
  • Código de Derecho Canónico, canon 222 (1983)
  • Constituciones Apostólicas, Libro II, Sección 4, XXV.
  • Diezmos. Enciclopedia Católica, Diezmos (1913).
  • Código de Derecho Canónico, canon 222 (1983).
  • Constituciones Apostólicas, Libro II, Sección 4, XXV.
Aplicación MoralLa contribución debe estar subordinada a la justicia, la misericordia y la fe; no sustituye la conversión interior ni el cumplimiento de los deberes morales.
Contexto BíblicoAbraham y Melquisedec (Génesis 14), Jacob (Génesis 28), libros de Números y Deuteronomio sobre el diezmo levítico y social.
Contexto HistóricoAntiguo y Nuevo Testamento; Edad Media con sistemas jurídicos feudales; Carlomagno impuso el diezmo en 779; reforma post-medieval y Código de Derecho Canónico 222 (1983).
Contexto PolíticoEn la Edad Media, el diezmo contó con respaldo civil; Carlomagno lo estableció como obligación estatal en sus territorios.
DesarrolloPasó de obligación legal en Israel a disciplina eclesiástica variable; la Iglesia puede fijar o modificar la proporción según circunstancias históricas y pastorales.
HistoriaPráctica bíblica en el Antiguo Testamento; regulada por la Ley de Moisés; citada por Jesús en el Nuevo Testamento; institucionalizada en la Edad Media (ej. Carlomagno, 779); transformada en la era moderna por la separación Iglesia-Estado y la legislación canónica actual.
Importancia EclesialFundamento permanente del deber de los fieles de sostener el culto, el apostolado y la caridad; base para la gestión de recursos eclesiásticos.
Interpretación TradicionalEl número diez simboliza la totalidad dividida; entregar una décima parte reconoce que el conjunto de los bienes pertenece a Dios.
OrigenDel latín *decimus* «décimo», práctica presente en la tradición bíblica de Abraham, Jacob y la Ley mosaica.
SimbolismoEl diez representa la plenitud y la entrega del fiel al Señor, validando la comunión comunitaria.
TipoTérmino teológico

Tabla de contenido

Concepto y significado religioso

La palabra diezmo procede del latín decimus, «décimo». En su sentido tradicional designa la décima parte de los frutos de la tierra, del ganado, de las rentas o de otros bienes que una persona entrega para fines religiosos o caritativos.

El diezmo expresa varias convicciones religiosas:

  • Dios es el Señor de la creación y todo bien recibido tiene en Él su origen último.
  • El creyente reconoce que sus bienes no constituyen una posesión absolutamente independiente de Dios.
  • La comunidad religiosa necesita recursos para el culto, la enseñanza, la evangelización y el servicio a los pobres.
  • La administración de los bienes debe quedar subordinada a la justicia y a la caridad.

La cifra del diez por ciento posee un carácter simbólico y disciplinar. El número diez representa una totalidad dividida en partes; entregar una de ellas manifiesta que el conjunto de los bienes pertenece, en último término, a Dios. Esta interpretación aparece vinculada a la tradición religiosa antigua, aunque el diezmo también existió como institución civil y tributaria fuera de Israel.1

El diezmo en el Antiguo Testamento

Los patriarcas

La tradición bíblica presenta el diezmo antes de la legislación mosaica. Abrahán entrega la décima parte del botín a Melquisedec, sacerdote y rey de Salem, y Jacob promete ofrecer a Dios una décima parte de sus bienes. Estos relatos muestran el diezmo como un acto de reconocimiento y gratitud, no todavía como una obligación legal universal formulada por una autoridad religiosa.1

La Ley de Moisés

La Ley de Moisés establece el diezmo como una obligación del pueblo de Israel. La décima parte podía proceder de los productos del campo, de los frutos de los árboles y del ganado. La finalidad del diezmo estaba relacionada con el culto, el sustento de los levitas y la protección de los pobres.1

El libro de los Números presenta los diezmos como herencia de los levitas, porque estos habían sido destinados al servicio del santuario y no recibían una porción territorial equivalente a la de las demás tribus. Los levitas, a su vez, entregaban una parte a los sacerdotes.1

El Deuteronomio describe también un diezmo consumido en un contexto festivo ante Dios, junto con la familia y los levitas. Cada tercer año, el diezmo debía quedar en las ciudades para atender a los levitas, los extranjeros, los huérfanos y las viudas. La institución combinaba así culto, comunión religiosa y responsabilidad social.1

Finalidades del diezmo israelita

El diezmo veterotestamentario cumplía varias funciones:

  1. Sostenimiento del culto y de sus ministros.
  2. Financiación de las celebraciones religiosas.
  3. Ayuda a los pobres y a quienes carecían de protección familiar o territorial.
  4. Reconocimiento de la dependencia del pueblo respecto de Dios.
  5. Organización económica de la comunidad de Israel.

El diezmo no constituía, por tanto, un simple impuesto económico. Formaba parte de una estructura religiosa, social y política propia de la alianza mosaica.

El diezmo en el Nuevo Testamento

Jesús y la práctica del diezmo

Jesús critica a los escribas y fariseos porque cumplen escrupulosamente el diezmo de hierbas pequeñas, pero descuidan la justicia, la misericordia y la fe. Su enseñanza no presenta el diezmo como sustituto de la conversión interior ni como excusa para abandonar los deberes principales de la vida moral.2

La interpretación tradicional de este pasaje sostiene que Cristo no condena el acto material de entregar el diezmo, sino la hipocresía de quienes conceden una importancia desproporcionada a las prescripciones menores mientras incumplen las exigencias esenciales de la relación con Dios y con el prójimo.2

El pasaje establece una jerarquía clara: la contribución económica puede ser legítima, pero nunca ocupa el lugar de la justicia, la misericordia y la fe.

La enseñanza apostólica

La primera comunidad cristiana no aparece organizada en el Nuevo Testamento mediante una obligación universal e idéntica de entregar exactamente la décima parte de los ingresos. La enseñanza apostólica insiste, en cambio, en que quienes anuncian el Evangelio tienen derecho a vivir de su ministerio y en que los fieles deben compartir sus bienes con la comunidad y con los necesitados.

La tradición cristiana primitiva relacionó las antiguas ofrendas, primicias y diezmos con las contribuciones de los fieles destinadas al culto, a los ministros y a las obras de caridad. Las Constituciones apostólicas presentan a los obispos, presbíteros, diáconos y demás servidores de la comunidad como destinatarios y administradores de las aportaciones ofrecidas a Dios.3

Diezmo, derecho divino y ley eclesiástica

El derecho divino que no cambia

El derecho divino comprende las exigencias que derivan de la voluntad de Dios y de la naturaleza moral de la Iglesia. Entre ellas figura el deber de que la comunidad cristiana sostenga el culto, a quienes desempeñan el ministerio sagrado y a los pobres.

La forma concreta de cumplir ese deber puede cambiar, pero la obligación fundamental permanece. La Iglesia necesita recursos para celebrar la liturgia, evangelizar, formar a sus miembros, mantener sus instituciones y ejercer la caridad.

La cifra del diez por ciento

La décima parte no pertenece, por su propia naturaleza, al núcleo inmutable del derecho divino. Santo Tomás de Aquino distingue entre el deber moral de sostener a quienes sirven a Dios y la determinación concreta de una cantidad. La razón natural exige que la comunidad atienda a sus ministros, pero no impone necesariamente una décima parte en vez de una novena, una duodécima u otra proporción.4,2

Desde esta perspectiva, el deber de contribuir posee un fundamento permanente, mientras que el porcentaje constituye una determinación disciplinar. La autoridad eclesiástica puede establecer, modificar o suprimir una forma concreta de contribución cuando cambian las circunstancias históricas, económicas y pastorales.4

Las leyes eclesiásticas

Las leyes eclesiásticas pertenecen al ámbito de la disciplina de la Iglesia. No tienen el mismo carácter que los principios permanentes del derecho divino. Por ello, una norma que establezca un diezmo determinado puede ser modificada o abrogada por la autoridad competente.

En épocas y lugares concretos, obispos, concilios particulares o autoridades civiles vinculadas a la organización eclesiástica establecieron cantidades, procedimientos y destinatarios específicos. Tales normas no convierten la cifra del diez por ciento en una exigencia divina inmutable.

El diezmo en la historia de la Iglesia

La Iglesia antigua

Durante los primeros siglos, las comunidades cristianas sostuvieron el culto y a sus ministros mediante ofrendas, donaciones, primicias y contribuciones diversas. Algunos cristianos ejercían un oficio civil para mantenerse, mientras otros recibían ayuda de la comunidad debido a su dedicación al ministerio.5

La tradición patrística animó progresivamente a los fieles a imitar la práctica bíblica de las primicias y de los diezmos. Diversos sínodos de la Antigüedad tardía exhortaron a entregar el diezmo para sostener a los ministros y atender las necesidades de la Iglesia.5

La Edad Media

Durante la Edad Media, el diezmo adquirió en muchas regiones una estructura jurídica estable. A menudo consistía en una parte de la producción agrícola y podía estar respaldado por la autoridad civil. El sistema servía para financiar parroquias, clero, edificios religiosos, instituciones educativas y obras de asistencia.

Carlomagno hizo obligatorio el pago del diezmo en sus territorios mediante una disposición del año 779. Esta intervención muestra la estrecha relación que existió durante siglos entre la organización civil y la estructura económica de la Iglesia.5

La historia medieval también conoció abusos y conflictos. Algunos diezmos pertenecientes originalmente a iglesias pasaron a manos de propietarios laicos por concesión, apropiación o transmisión hereditaria. La legislación eclesiástica intentó frenar esas transferencias y recuperar los ingresos destinados a las iglesias parroquiales.6

La transformación de los sistemas de financiación

Con la transformación de las sociedades europeas, la desaparición de estructuras feudales y la separación entre Iglesia y Estado, el diezmo obligatorio perdió vigencia en muchos lugares. La financiación eclesial pasó a depender cada vez más de colectas, donativos, suscripciones, legados, rentas y otras formas de colaboración de los fieles.5

La desaparición de un impuesto decimal no eliminó el deber cristiano de contribuir al sostenimiento de la Iglesia. Cambió el instrumento jurídico y económico, pero permaneció la responsabilidad de los fieles.

El deber actual de los fieles

El Código de Derecho Canónico establece que los fieles cristianos tienen la obligación de ayudar a la Iglesia en sus necesidades, para que disponga de lo necesario para el culto divino, el apostolado, las obras de caridad y el digno sostenimiento de los ministros. También les obliga a promover la justicia social y a ayudar a los pobres con sus propios bienes.7

Esta norma constituye el marco actual de la corresponsabilidad económica de los católicos. No impone universalmente una cuota idéntica del diez por ciento ni convierte una costumbre antigua en una ley mosaica vigente.

El precepto eclesiástico

La obligación de sostener a la Iglesia pertenece a los deberes de los fieles y puede concretarse mediante preceptos eclesiásticos, normas diocesanas, colectas, cuotas parroquiales, contribuciones fiscales destinadas a la Iglesia o donaciones voluntarias.

El carácter eclesiástico de esta obligación significa que la Iglesia puede determinar prudentemente:

  • La cantidad o proporción adecuada.
  • Los medios de contribución.
  • Las necesidades prioritarias.
  • La participación de cada comunidad.
  • Las excepciones justificadas por la pobreza o por circunstancias particulares.

La obligación no autoriza a exigir cantidades desproporcionadas ni permite tratar los sacramentos como servicios comerciales. La tradición canónica rechaza que se nieguen los sacramentos a enfermos o moribundos por no haber contribuido económicamente.8

Diezmo histórico y corresponsabilidad económica actual

El diezmo como tributo histórico

El diezmo histórico era una prestación jurídicamente determinada, normalmente vinculada a la producción agrícola y recaudada de manera regular. En muchas sociedades medievales tenía carácter obligatorio y podía contar con respaldo civil. Sus destinatarios y su distribución dependían de la estructura parroquial, diocesana y política de cada territorio.

Aquel sistema no coincide plenamente con las formas actuales de financiación eclesial. El diezmo histórico pertenecía a un régimen económico concreto, mientras que las comunidades contemporáneas suelen sostenerse mediante aportaciones voluntarias, colectas, cuotas, donaciones, rentas y otros ingresos legítimos.

La corresponsabilidad actual

La corresponsabilidad económica actual nace del deber permanente de ayudar a la Iglesia y a los pobres. Puede expresarse mediante dinero, bienes, trabajo, conocimientos profesionales o dedicación personal, aunque la Iglesia necesita también recursos económicos para cumplir su misión.

La contribución debe guardar relación con:

  • Los ingresos y las cargas familiares.
  • La situación laboral y patrimonial.
  • Las necesidades de la parroquia y de la diócesis.
  • La ayuda a los pobres.
  • Las obras de evangelización y apostolado.
  • El mantenimiento digno de los ministros y de los lugares de culto.

Una persona con mayores recursos puede tener una responsabilidad proporcionalmente mayor, mientras que quien atraviesa una situación de necesidad no queda obligado a entregar una cantidad que comprometa su subsistencia o la de su familia.

La libertad y la justicia

La contribución cristiana no debe reducirse a una transacción. El fiel no compra la gracia, la liturgia ni los sacramentos. La ayuda económica constituye una expresión de comunión eclesial y de justicia, siempre subordinada a la caridad y a la dignidad de las personas.

La Iglesia también debe administrar los bienes con honradez, transparencia y prudencia. Los recursos entregados por los fieles tienen una finalidad religiosa y social; su empleo exige responsabilidad ante Dios y ante la comunidad.

Diezmo, pobreza y caridad

El deber de sostener a la Iglesia está unido inseparablemente al deber de atender a los pobres. El Código de Derecho Canónico no presenta ambas obligaciones como alternativas, sino como responsabilidades complementarias.7

El diezmo bíblico ya incluía una dimensión social: parte de los bienes debía ponerse a disposición de los levitas, los extranjeros, los huérfanos y las viudas.1

Por este motivo, una comunidad no cumple adecuadamente su misión cuando recauda recursos para sus edificios o actividades y descuida a quienes sufren pobreza, enfermedad, exclusión o abandono. El culto cristiano exige justicia y misericordia, no únicamente exactitud contable.

Interpretación espiritual

El diezmo puede ayudar al creyente a cultivar varias virtudes:

  • Gratitud, porque reconoce los bienes recibidos.
  • Desprendimiento, porque evita convertir la riqueza en un absoluto.
  • Justicia, porque contribuye al bien común eclesial.
  • Solidaridad, porque permite atender a los necesitados.
  • Responsabilidad, porque participa activamente en la vida de la Iglesia.
  • Confianza en Dios, porque el creyente aprende a compartir en lugar de vivir encerrado en la seguridad material.

Sin embargo, la cantidad entregada no garantiza por sí misma la autenticidad espiritual. Jesús condenó la práctica religiosa que cumple minucias económicas mientras abandona la justicia, la misericordia y la fe.2

Diferencias con otras formas de contribución

El diezmo no debe confundirse con todas las aportaciones económicas de los fieles.

Ofrenda

La ofrenda es una entrega realizada con ocasión del culto o de una celebración religiosa. Puede destinarse a la parroquia, a la liturgia, a la caridad o a una finalidad concreta.

Donación

La donación consiste en la entrega voluntaria de dinero, bienes o derechos a una persona jurídica eclesiástica o a una obra de la Iglesia. Puede ser ocasional o periódica.

Primicia

La primicia es la entrega de una parte inicial de la cosecha o de los frutos del trabajo. En la tradición bíblica expresa que todo bien procede de Dios y que los primeros frutos deben orientarse a Él.

Tasa o impuesto eclesiástico

Una tasa o impuesto eclesiástico es una prestación establecida por una autoridad competente. Pertenece al ámbito jurídico y no equivale necesariamente a una ofrenda espontánea.

Valoración católica

La Iglesia católica conserva el principio permanente de que los fieles deben colaborar con las necesidades de la comunidad cristiana, sostener el culto y a sus ministros, promover el apostolado y ayudar a los pobres.7

La cifra exacta del diez por ciento pertenece, en cambio, a una forma histórica y disciplinar de concretar ese deber. La Iglesia puede establecerla en determinados contextos, sustituirla por otra proporción o emplear sistemas diferentes de financiación. La obligación moral y eclesial de compartir los bienes permanece, aunque cambien las leyes, las estructuras económicas y los métodos de recaudación.

El auténtico sentido católico del diezmo no consiste en convertir una cifra en medida absoluta de la fe. Consiste en reconocer a Dios como origen de los bienes, sostener responsablemente la misión de la Iglesia y poner los recursos al servicio de la justicia, la evangelización y la caridad.

Citas y referencias

  1. Diezmos. Enciclopedia Católica, Diezmos (1913). 2 3 4 5 6
  2. Capítulo XXIII, Tomás de Aquino. Comentario sobre Mateo, 23:23 (1272). 2 3 4
  3. Sobre la gestión de los recursos recogidos para el sustento del clero y la ayuda a los pobres - De las primicias y diezmos, y del modo en que el obispo debe participar de ellos o distribuirlos a otros, autor desconocido. Constituciones Apostólicas, Libro II, Sección 4, XXV.
  4. Quodlibet II: Se hicieron preguntas sobre Cristo, ángeles y hombres. - Pregunta 4: Luego se hicieron preguntas sobre el hombre: primero sobre las virtudes, segundo sobre los pecados, tercero sobre los castigos. Sobre las virtudes, sin embargo, se preguntó tanto en relación con asuntos divinos como humanos. - Artículo 3: ¿Pueden algunas personas quedar exentas de la ley de pagar diezmos por costumbre? , Tomás de Aquino. Preguntas Misceláneas (Quaestiones quodlibetales), 202. 2
  5. Estipendio. Enciclopedia Católica, Estipendio (1913). 2 3 4
  6. Diezmos laicos. Enciclopedia Católica, Diezmos laicos (1913).
  7. Canon 222. Código de Derecho Canónico, 222 (1983). 2 3
  8. Propiedad eclesiástica. Enciclopedia Católica, Propiedad eclesiástica (1913).
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