La palabra diezmo procede del latín decimus, «décimo». En su sentido tradicional designa la décima parte de los frutos de la tierra, del ganado, de las rentas o de otros bienes que una persona entrega para fines religiosos o caritativos.
El diezmo expresa varias convicciones religiosas:
- Dios es el Señor de la creación y todo bien recibido tiene en Él su origen último.
- El creyente reconoce que sus bienes no constituyen una posesión absolutamente independiente de Dios.
- La comunidad religiosa necesita recursos para el culto, la enseñanza, la evangelización y el servicio a los pobres.
- La administración de los bienes debe quedar subordinada a la justicia y a la caridad.
La cifra del diez por ciento posee un carácter simbólico y disciplinar. El número diez representa una totalidad dividida en partes; entregar una de ellas manifiesta que el conjunto de los bienes pertenece, en último término, a Dios. Esta interpretación aparece vinculada a la tradición religiosa antigua, aunque el diezmo también existió como institución civil y tributaria fuera de Israel.1



