La práctica del diezmo se remonta a la antigüedad, mucho antes de la ley mosaica. El primer registro bíblico se encuentra en el Génesis, donde Abraham ofreció a Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, el diezmo de todo el botín de guerra1. Más tarde, Jacob prometió dar al Señor la décima parte de todo lo que recibiera si regresaba sano y salvo a casa1.
Bajo la Ley Mosaica, el pago del diezmo se convirtió en una obligación explícita. Los hebreos debían ofrecer a Dios la décima parte de la producción de sus campos, los frutos de sus árboles y los primogénitos de sus rebaños (Levítico 27:30; Deuteronomio 14:22)1. Números 18:21 especifica que Dios transfirió estos diezmos a los levitas para su sostenimiento, en reconocimiento de su ministerio en el Tabernáculo1. Además del diezmo anual, Deuteronomio menciona un diezmo completo que debía pagarse cada tres años1.

