La distinción entre la dignidad del hombre y la condición de los animales se basa en la Revelación bíblica y la tradición teológica católica, que enfatizan la posición singular del ser humano en la creación.
El hombre a imagen y semejanza de Dios
La Sagrada Escritura afirma que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza (Gn 1,26-28), dotándolo de una dignidad ontológica incomparable. Esta imagen implica razón, libertad, capacidad de relación personal con Dios y vocación a la beatitud eterna. Ningún animal posee estas cualidades espirituales, por lo que solo el hombre es persona con derechos y deberes morales.4,5,6
El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) subraya que esta dignidad radica en la capacidad de autoconocimiento, autodominio y donación libre, lo que eleva al hombre por encima de toda la creación visible.5 En contraste, los animales, aunque dotados de sensibilidad y capacidad de sufrir, pertenecen al orden de las «cosas» subordinadas al bien humano en el designio divino.3
Dominio sobre la creación y stewardship
Dios confirió al hombre la soberanía sobre los animales (Gn 1,26-28; 2,19-20), no como un despotismo arbitrario, sino como un stewardship o administración responsable. Los animales existen para glorificar a Dios y servir al hombre, reflejando la providencia divina. Esta soberanía exige respeto al orden creado, evitando abusos que contradigan la misericordia de Dios.1,7
