La corrupción de la humanidad
El relato comienza describiendo el crecimiento de la humanidad y su progresiva corrupción. El Génesis afirma que la maldad humana había alcanzado una dimensión extrema y que la tierra estaba llena de violencia. La perversión no aparece como un defecto aislado de algunos individuos, sino como una condición extendida que afecta a la sociedad humana en su conjunto.1
Ante esta situación, Dios anuncia un juicio sobre la humanidad y sobre los seres vivos. Sin embargo, Noé encuentra gracia ante Dios. El narrador lo presenta como un hombre justo, íntegro en su generación y fiel a Dios. Noé recibe así una misión de salvación para él, su familia y representantes de los animales.1
El relato no presenta la elección de Noé como un privilegio arbitrario, sino como la respuesta divina a una vida orientada hacia Dios en medio de una humanidad dominada por la violencia. La justicia de Noé no elimina la gratuidad de la gracia: la salvación comienza con una iniciativa divina y exige después la obediencia humana.
La construcción del Arca
Dios ordena a Noé construir un arca de madera de ciprés, protegida interior y exteriormente con betún. El texto proporciona sus dimensiones: trescientos codos de longitud, cincuenta de anchura y treinta de altura. El arca debía contar con varios pisos, una abertura superior y una puerta lateral.1
Noé debía introducir en ella a su esposa, sus hijos y las mujeres de sus hijos. También debía preservar parejas de animales y almacenar alimentos para los seres humanos y los animales. El relato concluye esta primera fase con una afirmación decisiva: Noé cumple todo cuanto Dios le había mandado.1
La obediencia de Noé constituye uno de los ejes espirituales del relato. Frente a la autonomía violenta de la humanidad, Noé escucha la palabra de Dios y coopera con su plan de salvación. El Arca no representa una invención humana capaz de dominar las aguas, sino el espacio de vida que nace de la confianza en Dios.
Las aguas del Diluvio
Noé entra en el Arca con su familia y con los animales. Entonces comienza la lluvia, que dura cuarenta días y cuarenta noches. Las aguas cubren la tierra y prevalecen durante ciento cincuenta días. El relato presenta la catástrofe como una inversión del orden creado: la tierra, destinada a ser morada de la vida, queda dominada por las aguas.2
El lenguaje del Génesis posee una amplitud cósmica y teológica. La expresión «toda carne» subraya que la violencia humana ha afectado al conjunto de la creación y que el juicio alcanza la totalidad del mundo humano descrito por el relato. El objetivo principal no consiste en ofrecer una medición física de la inundación, sino en mostrar la relación entre pecado, juicio y salvación.
El descenso de las aguas
Después del tiempo del juicio, Dios hace que las aguas comiencen a retirarse. Noé comprueba progresivamente el estado de la tierra mediante un cuervo y una paloma. La paloma vuelve primero porque todavía no encuentra un lugar donde posarse; más tarde regresa con una hoja de olivo, signo de que las aguas han disminuido; finalmente, deja de regresar.2
La salida del Arca inaugura una nueva etapa. Noé construye un altar y ofrece un sacrificio a Dios. El superviviente no interpreta la salvación como una ocasión de autosuficiencia, sino como un don que exige culto y gratitud.


