En teología cristiana, escatología designa la reflexión sobre las realidades últimas y la consumación de la historia: la venida gloriosa de Cristo, la resurrección de los muertos, el juicio y la vida eterna. La palabra no se refiere solo a un futuro remoto. La fe cristiana sostiene que, con la encarnación, muerte y resurrección de Jesucristo, la salvación definitiva ya ha comenzado, aunque todavía no haya alcanzado su manifestación completa.3,4
Los sacramentos pertenecen a este tiempo de espera. La Iglesia los celebra durante su peregrinación histórica, mientras aguarda la plena manifestación de la victoria de Cristo. A la vez, mediante ellos los fieles reciben realmente la gracia y participan ya de la vida que llegará a su plenitud en el mundo futuro. Por eso, los sacramentos son a la vez signos de esperanza y medios actuales de gracia, no simples representaciones de una realidad ausente.1,5
La tradición teológica resume esta estructura afirmando que el signo sacramental recuerda la Pasión de Cristo, manifiesta la gracia que esa Pasión produce en los creyentes y anticipa la gloria futura. El pasado de la salvación, su acción presente y su consumación venidera quedan así vinculados en la celebración sacramental.2,3


