En la Iglesia católica, una diócesis constituye la forma ordinaria de organización pastoral en la que el obispo, en comunión con el Papa, coordina la predicación del Evangelio, la celebración de los sacramentos y la atención a las necesidades espirituales del pueblo. En el conjunto de la Iglesia en España, los pastores han subrayado de modo reiterado la importancia de que los fieles participen en la liturgia, escuchen la Palabra de Dios, y sientan una auténtica necesidad de recibir con frecuencia los sacramentos; también se recuerda el significado del domingo como el día de la asamblea eclesial para renovar la memoria del misterio pascual del Señor.2
En una diócesis como la de Almería, la vida eclesial se expresa igualmente en la formación de los ministros y en el servicio pastoral al conjunto de la comunidad cristiana. En el ámbito de las Iglesias particulares de España, se ha destacado la riqueza de votos y comunidades religiosas (contemplativas y activas) como don para la diócesis, y se ha insistido en la contribución de los laicos para llevar el Evangelio al mundo de la educación, el trabajo, la cultura y la vida pública, de manera coherente con la fe profesada.3,4

