Orígenes del territorio episcopal
La ciudad de Barbastro —base histórica del obispado— se sitúa en la confluencia de los ríos Cinca y Vero, y su nombre está relacionado con el período islámico, en el que se registran denominaciones derivadas del uso árabe. Tras la etapa sarraena, la Reconquista propició la reorganización cristiana del territorio.
En particular, se menciona que la ciudad fue tomada por los árabes bajo el liderazgo de Muza (711), manteniéndose en su poder hasta aproximadamente 1063, cuando fue recobrada por Sancho Ramírez, rey de Aragón. Posteriormente, los musulmanes volvieron a controlarla en un nuevo ciclo bélico, y finalmente el territorio quedó restaurado a la corona aragonesa, con una intervención atribuida a Pedro I en 1101.
Fundación del obispado de Barbastro
A partir de 1101, se atribuye a Pedro I la constitución de Barbastro como sede episcopal, con la transferencia del obispado desde la antigua ciudad de Roda. El proceso se presenta como consecuencia de la autorización papal: el primer obispo, Poncio, habría viajado a Roma para obtener el permiso correspondiente.
Este cambio no fue un mero ajuste nominal, sino una decisión con repercusión pastoral: el obispado pasa a quedar anclado en Barbastro, desde el que se impulsan consejos y vida diocesana. En la ciudad se celebraron concilios provinciales y diocesanos, y en el ámbito político se recuerda que las Cortes de España se reunieron allí en ocasiones, vinculándose a un episodio en el que el rey Ramiro «el Monje» abdicó en 1134.
Cambios de unión con la diócesis de Huesca
La evolución posterior del obispado muestra la relación cambiante con la Diócesis de Huesca. En una síntesis histórica, se indica que la diócesis de Barbastro fue anexionada a Huesca en el siglo XVI, y que más tarde volvió a declararse independiente, permaneciendo así hasta el Concordato de 1851, momento en el que se produjo una nueva anexión a Huesca, conservando no obstante el nombre y la administración.
A la vez, otra fuente histórica describe que, en 1571, la diócesis de Barbastro se habría erigido a partir de parte de Huesca, y que aunque formalmente se unió de nuevo a Huesca en 1851, desde entonces habría sido administrada por un vicario apostólico.
En conjunto, estos testimonios permiten presentar el fenómeno como una alternancia entre autonomía diocesana y reordenamientos administrativos, condicionados por el contexto político e institucional de cada época.,