Evangelización, conquista y la Bula Romanus Pontifex
La historia de la diócesis de Canarias mantiene una conexión estrecha con el proceso de conquista de las islas y con la manera en que la Santa Sede interpretó la misión cristiana en el marco de la expansión de la cristiandad medieval.
Un texto decisivo en este horizonte es la bula *Romanus Pontifex*, promulgada por el papa Nicolás V el 8 de enero de 1455. El documento sitúa la acción de los príncipes cristianos en una perspectiva de defensa de la fe y de extensión del culto, y relaciona el apoyo papal con la fundación de iglesias y el acceso a la fe mediante el bautismo. La bula describe cómo, tras la subyugación de un punto estratégico en África, el infante de Portugal impulsó la obra en islas solitarias, con fundación de iglesias, celebración del servicio divino y recepción del bautismo por parte de habitantes que llegaban al «verdadero Dios».
Este marco explica por qué la institución eclesiástica en el Atlántico europeo no nació como una realidad aislada: la Iglesia trabajó junto a estructuras políticas y militares de la época, pero conservó un núcleo teológico propio centrado en la salvación de las almas y la celebración del culto.
Conversión cristiana y denuncia del abuso: Sicut Dudum
La relación entre evangelización y poder temporal obligó a la Santa Sede a intervenir cuando aparecieron prácticas incompatibles con el Evangelio. La bula *Sicut Dudum* (atribuida al papa Eugenio IV) aborda con claridad un problema grave: misioneros, autoridades y procesos de conversión no pudieron impedir que algunos cristianos capturasen personas mediante razonamientos ficticios y fuerza armada, llevando cautivos a tierras lejanas.
El texto describe que, en ciertos territorios del ámbito canario (menciona Lanzarote y otras islas cercanas), habitantes habían sido conducidos a la fe católica con la ayuda de la misericordia de Dios; con el paso del tiempo, la falta de gobernadores y defensores permitió que algunos cristianos, con pretextos, embarcasen contra las islas, apresasen «a muchísimas personas de ambos sexos» y las trasladaran al extranjero.
La bula expresa la sensibilidad eclesial ante la injusticia y la coherencia moral exigida por la caridad cristiana, incluso cuando el impulso misionero coexistía con intereses políticos y económicos.
Fundación de la sede en el siglo XV
La Diócesis de Canarias alcanza su configuración histórica a partir de la fundación papal en el siglo XV. El itinerario institucional arranca con la erección documentada en fecha 7 de julio de 1406, y la tradición eclesiástica lo asocia con la acción de Inocencio VII.
Traslado de la sede y consolidación en Gran Canaria
El proceso de consolidación eclesiástica del archipiélago incluyó cambios en la localización de la sede. La diócesis de Tenerife describe, al tratar el origen de su propia administración, un elemento clave: la «primera sede» en Canarias pasó desde Rubicón (en Lanzarote) a Las Palmas de Gran Canaria. Esa traslación marcó el peso político y, sobre todo, el papel eclesiástico de Gran Canaria en la articulación del conjunto insular.
Distinción histórica con la diócesis de Tenerife (San Cristóbal de La Laguna)
Un punto imprescindible evita anacronismos: la Diócesis de Canarias y la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna no nacen como una sola realidad.
El itinerario de la diócesis de Tenerife comienza con una petición de administración eclesiástica propia por parte de los representantes de las islas. El resultado culmina en la erección de la diócesis de Teneriffe por el papa Pío VII, mediante una bula fechada el 1 de febrero de 1818, con designación de como catedral la Iglesia de Los Remedios en San Cristóbal de La Laguna.
En consecuencia, la Diócesis de Canarias conserva su identidad histórica al reunir Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote, mientras Tenerife inicia un camino propio cuando Roma erige la sede lagunera como catedral.,