La Iglesia católica entiende la diócesis como una porción del Pueblo de Dios confiada a la pastoral del obispo, con la ayuda del presbiterio, de manera que, adhiriéndose a su pastor y por medio del Evangelio y de la Eucaristía unida en el Espíritu Santo, se realice una Iglesia particular en la que está presente y actúa la Iglesia de Cristo. Esta descripción conciliar, citada en un discurso del papa san Juan Pablo II, ayuda a comprender el sentido teológico de la Iglesia local de Chieti: no es solo una división administrativa, sino un lugar donde la fe se hace comunión viva.2
En esa perspectiva, los documentos y discursos pontificios que mencionan la comunidad diocesana de Chieti y Vasto muestran el vínculo entre la acción pastoral concreta (catequesis, congresos eucarísticos, iniciativas de conversión) y la dimensión de comunión eclesial propia de la diócesis.3,2
