Orígenes cristianos
Como, conocida en la Antigüedad como Comum, nació en un territorio habitado inicialmente por poblaciones célticas. Roma convirtió la ciudad en colonia en el año 195 antes de Cristo. Tras su destrucción por los galos réticos, Pompeyo Estrabón promovió su reconstrucción, que recibió el nombre de Novocomum. La ciudad quedó integrada en la evolución política y cultural de la Italia septentrional.1
La tradición local atribuye la primera evangelización de Como a san Hermágoras de Aquilea, cuya actividad habría tenido lugar en el siglo I. Esta tradición pertenece al ámbito de las narraciones antiguas sobre los orígenes cristianos de la ciudad; la documentación episcopal más firme comienza con san Félix, consagrado por san Ambrosio de Milán en el año 379. La tradición considera posible que san Félix fuera el primer obispo de Como.1
La diócesis quedó vinculada durante sus primeros siglos a la tradición eclesiástica de Aquilea. Hasta 1528 perteneció a la provincia eclesiástica aquilea y, posteriormente, a la de Venecia. En ese periodo conservó el rito aquileo, una tradición litúrgica propia del ámbito nororiental de Italia, distinta del rito romano que acabaría imponiéndose en la mayor parte de la Iglesia latina.1
Los primeros obispos y la tradición de santidad
La sucesión episcopal de Como presenta una notable concentración de obispos venerados por su santidad. Entre las figuras más antiguas aparecen san Próbinio, san Amancio, san Abundio, san Cónsul, san Exuperancio, san Eusebio, san Eutiquio, san Euplio, san Flaviano y san Próspero. También figuran san Juan Orcus, san Agripino, san Rubiano, san Martiniano y san Victorino.1
San Abundio, obispo de Como hacia mediados del siglo V, ocupa un lugar especialmente relevante. El papa san León Magno lo envió como legado al Concilio de Calcedonia, celebrado en el año 451. La participación de un obispo de Como en aquel concilio muestra la inserción de la diócesis en los grandes debates doctrinales de la Iglesia antigua, especialmente en la confesión de la fe cristológica: Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre.1
San Victorino destacó por su oposición al arrianismo difundido entre los lombardos. Su episcopado pertenece a una época en la que las comunidades cristianas del norte de Italia afrontaban tensiones religiosas y políticas derivadas de la presencia de pueblos germánicos y de la persistencia de distintas posiciones teológicas.1
En la Edad Media, varios obispos contribuyeron a la organización espiritual y social del territorio. Alberico fundó la abadía de San Abundio hacia el año 1010. Rainaldo defendió la fidelidad al papa Gregorio VII y sufrió la expulsión ordenada por el emperador Enrique IV. Guillermo della Torre promovió la construcción de iglesias y fundó un hospital en el siglo XIII.1
La diócesis en la Edad Media
Durante el siglo X, los obispos de Como ejercieron también autoridad temporal sobre la ciudad. Esta situación correspondía a una práctica extendida en la Italia medieval, donde algunos obispos administraban territorios y ciudades en un contexto de fragmentación política. En el siglo XI, Como adquirió la condición de comuna libre.1
Las relaciones entre Como y Milán atravesaron largos periodos de conflicto. En 1153, las fuerzas milanesas devastaron la ciudad por su adhesión a Federico Barbarroja. El emperador reconstruyó Como en 1158. Más tarde, la familia Rusca asumió el gobierno de la ciudad, hasta que Franchino Rusca cedió Como a los Visconti en 1355. Desde entonces, la ciudad compartió la historia política del ducado de Milán.1
La construcción de la actual catedral comenzó en 1396 bajo el episcopado de Lucchino Borsano. La obra avanzó durante casi dos siglos y quedó terminada en 1595. La cúpula y algunas capillas recibieron posteriormente nuevas intervenciones, realizadas entre 1730 y 1744.1
Incorporación a la provincia eclesiástica de Milán
En 1528 la Santa Sede incorporó la diócesis de Como a la jurisdicción metropolitana de la archidiócesis de Milán. Este cambio puso fin a su antigua dependencia de Aquilea y Venecia y consolidó sus vínculos eclesiásticos con Lombardía. La diócesis continúa integrada en la provincia eclesiástica milanesa.1
La época posterior al Concilio de Trento impulsó una renovación de la vida diocesana, de la formación del clero y de la disciplina sacramental. Entre los obispos de la etapa moderna destacó Gian Antonio Volpi, presentado como reformador culto de la diócesis en el siglo XVI.1
Época contemporánea
La Santa Sede modificó en 1981 los límites territoriales entre la archidiócesis de Milán y la diócesis de Como. El decreto de la Congregación para los Obispos incorporó a Como la parroquia de los Santos Vito y Modesto, correspondiente al municipio de Lomazzo, junto con sus iglesias, oratorios, cementerios, fundaciones piadosas y bienes eclesiásticos. La medida buscó mejorar la atención pastoral mediante una composición territorial más adecuada.2
La catedral recibió el título y la dignidad de basílica menor durante el pontificado de Pío XII. El decreto pontificio valoró su importancia artística, su función como iglesia principal de la diócesis y la devoción de la población de Como a la Virgen María Asunta al cielo.3
En 1941, Pío XII concedió también la dignidad de basílica menor a la iglesia de San Jorge Mártir de Como. El templo custodiaba una imagen de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, objeto de una intensa devoción popular. La concesión reconoció tanto la importancia del culto mariano como la función del santuario en la vida espiritual de los fieles de la diócesis.4
El 5 de mayo de 1996, san Juan Pablo II visitó a los jóvenes de la diócesis en el estadio municipal de Como. En su discurso presentó la diócesis como la expresión concreta de la Iglesia particular y exhortó a los jóvenes a vivir unidos al obispo, a los sacerdotes y a las comunidades parroquiales. También relacionó la vida cristiana con la participación en la Eucaristía, la adoración, la catequesis, la confesión, la oración, el discernimiento vocacional y el compromiso misionero.5


