La historia de la sede diocesana de Coria-Cáceres se caracteriza por una continuidad eclesial que, a la vez, conoce etapas de transformación cultural, política y religiosa.
Orígenes tardoantiguos y testimonio en el siglo VI
La primera mención explícita de la diócesis de Coria aparece en el año 589, cuando su obispo, Jacintus, suscribe las actas del III Concilio de Toledo.
Este dato sitúa la presencia episcopal en un marco de consolidación de la Iglesia en la Península, mostrando que la sede contaba ya con una organización estable capaz de participar en la vida conciliar.
Periodo visigodo y dependencia jerárquica
Bajo el dominio visigodo, Coria figura como sufragánea de Mérida.
Esta información ayuda a comprender que la pertenencia a determinadas estructuras metropolitanas o regionales no fue siempre idéntica, aunque la sede mantuviera su identidad histórica.
Conquista musulmana y continuidad mediante obispos titulares
Durante la conquista árabe, la continuidad episcopal se mantuvo a través de la figura de obispos titulares. En el relato histórico se menciona que uno de ellos, Jacobus, aparece entre los prelados que asistieron a la consagración de la iglesia de Compostela en el año 876.
Así, la historia no se reduce a una interrupción, sino que refleja una continuidad eclesial adaptada a las circunstancias históricas.
Reconquista y reconstrucción catedralicia (siglo XII)
Tras la reconquista de la ciudad en 1142, el monarca Alfonso VII (en la fuente se menciona como Alfonso VII en relación con ese momento) transforma la antigua mezquita en catedral y ordena su reconstrucción con una intención explícita de veneración: el edificio se reconstruye en honor a la Santísima Virgen y a todos los santos.
En el mismo marco, se indica que el primer obispo de la serie posterior es Iñigo Navarrón, es decir, la reanudación efectiva del gobierno episcopal en la etapa de la restauración.