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Diócesis de Coria-Cáceres (España)

La diócesis de Coria-Cáceres es una circunscripción eclesiástica de la Iglesia católica en España, perteneciente al rito latino y sufragánea de la archidiócesis de Mérida-Badajoz. Su identidad actual une la antigua sede episcopal de Coria, documentada desde la época visigótica, con la ciudad de Cáceres, cuya iglesia de Santa María fue elevada a la dignidad de concatedral en 1957. La diócesis extiende su acción pastoral por la mayor parte de la provincia de Cáceres y conserva un patrimonio religioso de notable valor histórico, artístico y espiritual.1,2

Catedral de Coria
Ver información de la imagenVista exterior de la Catedral de Coria, c. 2007. Original, Jörn Wendland, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreDiócesis de Coria-Cáceres (España)
CategoríaOrganización religiosa
Nombre CompletoDioecesis CauriensisCastrorum Caeciliorum
DescripciónDocumentada desde 589, la diócesis de Coria-Cáceres mantuvo continuidad episcopal bajo la época visigótica, conservó obispos titulares durante la dominación musulmana, se restauró tras la reconquista en 1142 y, en 1957, recibió el nombre actual y la elevación de la iglesia de Santa María de Cáceres a concatedral.
Fecha de Fundación589
Fecha de Elevación1957
PaísEspaña
Personas RelacionadasJacinto (obispo, 589); Íñigo Navarrón (primer obispo tras 1142); Manuel Llopis y Vorra (obispo en 1957); Jesús Domínguez Gómez (obispo fallecido 1990)
TipoDiócesis, Sufragánea, Rito latino, Extremadura
UbicaciónCoria y Cáceres, provincia de Cáceres, España

Tabla de contenido

Identidad eclesial y territorio

La denominación latina de la diócesis es Dioecesis Cauriensis-Castrorum Caeciliorum. El primer término alude a Cauria, la actual Coria; el segundo procede del nombre latino de Cáceres, Castrum Caecilium. La fórmula expresa una unión nominal y administrativa entre dos centros eclesiales distintos, pero no convierte a Cáceres en la sede episcopal originaria de la diócesis.2

La sede episcopal histórica permanece en Coria, donde se encuentra la catedral de Santa María de la Asunción. Cáceres posee una concatedral, es decir, un templo que participa de la dignidad catedralicia junto con la catedral propia de la sede diocesana. La Santa Sede mantuvo expresamente la dignidad de la catedral de Coria al elevar el templo cacereño a concatedral.2

La diócesis abarca aproximadamente 10.052 kilómetros cuadrados y comprende la mayor parte de la provincia civil de Cáceres. La configuración territorial no coincide de manera absoluta con los límites administrativos provinciales, pues algunos núcleos parroquiales han pertenecido históricamente a diócesis vecinas, entre ellas Salamanca.1

En la organización metropolitana de la Iglesia en España, Coria-Cáceres forma parte de la provincia eclesiástica de Mérida-Badajoz. Como diócesis sufragánea, mantiene la autonomía propia de una diócesis, aunque participa en la estructura de comunión y coordinación pastoral de la provincia eclesiástica.

La sede episcopal de Coria

Orígenes antiguos

La tradición cristiana de Coria hunde sus raíces en la Antigüedad tardía. La primera noticia documental segura de un obispo de Coria corresponde al año 589, cuando el obispo Jacinto suscribió las actas del III Concilio de Toledo. La presencia de un obispo en aquel concilio prueba la existencia de una comunidad cristiana organizada y de una sede episcopal integrada en la estructura de la Iglesia hispana visigótica.1

Durante el periodo visigótico, Coria dependía como diócesis sufragánea de la sede metropolitana de Mérida, uno de los principales centros eclesiásticos de la Hispania antigua. Esta relación metropolitana pertenece a la organización eclesiástica de aquel periodo y no debe confundirse con la actual provincia eclesiástica de Mérida-Badajoz, configurada en una época histórica posterior.1

La continuidad episcopal durante la dominación musulmana

La conquista musulmana alteró profundamente la organización política y religiosa de la península. En el caso de Coria, la tradición episcopal no desapareció por completo: la documentación histórica conserva la memoria de obispos titulares vinculados a la sede. Entre ellos figura Jacobo, relacionado con la consagración de la iglesia de Santiago de Compostela en el año 876.1

La existencia de obispos titulares durante ese periodo no equivale a afirmar que la diócesis mantuviera sin cambios su estructura territorial, parroquial y administrativa. El título episcopal conservó la memoria de la sede de Coria, mientras que las condiciones políticas y religiosas condicionaron el ejercicio ordinario del ministerio episcopal.

Restauración de la sede tras la reconquista

Coria fue reconquistada en 1142. Después de la restauración del dominio cristiano, el rey Alfonso VII promovió la reorganización del culto y transformó la antigua mezquita en iglesia catedral, dedicada a la Virgen María y a todos los santos. Con este proceso comenzó una nueva sucesión episcopal documentada, cuyo primer obispo fue Íñigo Navarrón.1

La restauración medieval no creó una diócesis completamente nueva al margen de la antigua sede. Más bien recuperó para la vida eclesial latina una circunscripción vinculada a la tradición episcopal de Coria, aunque la extensión concreta de su territorio y sus relaciones con otras diócesis fueron cambiando a lo largo de los siglos.

La configuración territorial medieval y moderna

La organización eclesiástica de Extremadura experimentó diversas transformaciones durante la Edad Media y la Edad Moderna. El crecimiento de nuevos núcleos urbanos, la expansión de los reinos cristianos y la consolidación de otras sedes episcopales modificaron los límites pastorales de las diócesis.

La diócesis de Plasencia, creada por el papa Clemente III en 1189, llegó a comprender amplios territorios de las actuales provincias de Cáceres, Salamanca y Badajoz. Esta extensión muestra que los límites diocesanos medievales no coincidían necesariamente con las actuales provincias civiles y que varias sedes ejercían jurisdicción sobre territorios hoy repartidos entre distintas diócesis.3

Coria, Plasencia y otras diócesis extremeñas mantuvieron durante siglos relaciones de vecindad, intercambio pastoral y, en determinados lugares, límites territoriales complejos. La adscripción de una parroquia a una diócesis dependía de decisiones pontificias, acuerdos entre autoridades eclesiásticas y evolución de las estructuras civiles.

La incorporación de Cáceres al título diocesano

La decisión pontificia de 1957

La transformación decisiva de la denominación diocesana tuvo lugar en 1957, durante el episcopado de Manuel Llopis yvorra. El obispo solicitó a la Santa Sede que el nombre de Cáceres se incorporara al título de la diócesis y que la iglesia principal de la ciudad recibiera la dignidad de concatedral. La petición respondía a la importancia civil y pastoral que Cáceres había adquirido, así como a la concentración en la ciudad de diversos servicios de la curia episcopal y del seminario mayor.2

La Santa Sede aprobó la modificación y estableció que la diócesis, hasta entonces llamada únicamente de Coria, recibiera en adelante el nombre de Coria-Cáceres. El documento pontificio dispuso también que los obispos tomaran el título correspondiente a ambas ciudades.2

Naturaleza de la unión

La reforma de 1957 no trasladó la sede episcopal desde Coria a Cáceres ni suprimió la catedral cauriense. El documento pontificio conservó expresamente la dignidad de la catedral de Coria y otorgó a la iglesia cacereña los honores y privilegios propios de una concatedral.2

La diócesis conserva, por tanto, una estructura con una sede episcopal histórica y dos templos de rango catedralicio:

  • Catedral de Santa María de la Asunción de Coria, catedral propia de la diócesis.
  • Concatedral de Santa María de Cáceres, templo catedralicio asociado a la sede de Coria desde 1957.

El obispo puede residir en Coria o en Cáceres según las necesidades pastorales, facultad prevista por la disposición pontificia que estableció la nueva denominación. Asimismo, los canónigos de la catedral pueden desempeñar funciones litúrgicas o administrativas en Cáceres cuando sus obligaciones eclesiásticas lo requieran.2

La catedral de Santa María de la Asunción de Coria

La catedral de Coria constituye el centro histórico de la diócesis. El templo actual pertenece a un largo proceso constructivo desarrollado después de la restauración cristiana de la ciudad. La conversión de la antigua mezquita en catedral después de 1142 marcó el restablecimiento público del culto cristiano y la reorganización de la vida episcopal.1

La catedral no desempeña únicamente una función monumental. Como iglesia propia de la sede episcopal, acoge las celebraciones litúrgicas principales del obispo, las ceremonias capitulares y los actos que expresan la unidad de la diócesis en torno a su pastor. Su presencia recuerda la continuidad histórica de la sede de Coria desde la Antigüedad tardía hasta la actual diócesis de Coria-Cáceres.

La historia catedralicia de Coria debe interpretarse dentro del desarrollo urbano y religioso de la ciudad. La recuperación de la sede tras la reconquista, la consolidación del cabildo y la progresiva construcción y ornamentación del templo formaron parte del proceso mediante el cual la diócesis articuló su vida litúrgica y pastoral.

La Concatedral de Santa María de Cáceres

Historia y dignidad catedralicia

La Concatedral de Santa María de Cáceres ocupa un lugar central en la vida religiosa de la diócesis contemporánea. La elevación pontificia de 1957 reconoció la importancia de Cáceres como capital provincial y como núcleo de población, comunicaciones, actividad pastoral y servicios eclesiásticos.2

La concatedral no constituye una segunda diócesis ni una sede episcopal independiente. Su dignidad deriva de su vinculación jurídica y litúrgica con la diócesis de Coria-Cáceres. El obispo preside allí celebraciones solemnes, ordenaciones, convocatorias diocesanas y otros actos que requieren la presencia visible del pastor de la Iglesia particular.

Importancia en la vida diocesana actual

La concatedral cumple varias funciones:

  • Centro litúrgico, especialmente para las celebraciones episcopales en la ciudad de Cáceres.
  • Lugar de comunión diocesana, al reunir a sacerdotes, religiosos y fieles de numerosas parroquias.
  • Espacio de evangelización, catequesis, oración y celebración de los sacramentos.
  • Patrimonio histórico y artístico, integrado en el conjunto monumental de la ciudad.
  • Signo de la presencia pública de la Iglesia, en una ciudad con gran relevancia cultural y turística.

La presencia de la concatedral permite que la diócesis desarrolle su actividad ordinaria en dos polos históricos y pastorales. Coria conserva la memoria de la sede episcopal originaria; Cáceres ofrece un centro urbano de especial importancia para la acción pastoral contemporánea.

Patrimonio artístico y religioso

El patrimonio de la diócesis de Coria-Cáceres reúne catedrales, iglesias parroquiales, ermitas, conventos, capillas, retablos, esculturas, pinturas, archivos y piezas de arte sacro. Este legado no puede reducirse a su valor estético: cada edificio y objeto forma parte de la historia de la fe, de la liturgia y de la vida comunitaria de las poblaciones cacereñas.

Patrimonio de Coria

La catedral de Coria constituye la principal referencia monumental de la sede histórica. Su evolución refleja las distintas etapas de la presencia cristiana en la ciudad: la recuperación medieval del espacio catedralicio, la consolidación del cabildo y la progresiva renovación arquitectónica y artística del templo.1

El patrimonio catedralicio incluye también dependencias capitulares y elementos vinculados al culto, a la administración episcopal y a la memoria de los obispos. La catedral actúa así como archivo material de la historia diocesana.

Patrimonio de Cáceres

La Concatedral de Santa María forma parte del conjunto histórico y religioso de Cáceres. Su arquitectura y sus bienes muebles testimonian la importancia alcanzada por la ciudad durante la Edad Media y la Edad Moderna. La iglesia conserva la función litúrgica para la que fue edificada y, al mismo tiempo, ofrece un testimonio visible de la historia cristiana de Extremadura.

La elevación a concatedral en 1957 añadió una dimensión contemporánea a ese patrimonio. El templo dejó de ser únicamente una iglesia de relevancia local y pasó a expresar institucionalmente la presencia de toda la diócesis en la capital provincial.2

Conservación y función pastoral

La conservación del patrimonio diocesano exige compatibilizar varios objetivos:

  1. Proteger los edificios y bienes artísticos mediante intervenciones técnicamente adecuadas.
  2. Mantener el uso litúrgico, que constituye la finalidad propia de las iglesias.
  3. Facilitar el conocimiento histórico y cultural de los templos.
  4. Transmitir el significado religioso del patrimonio a las nuevas generaciones.
  5. Integrar la conservación en la acción evangelizadora, sin convertir los lugares sagrados en simples espacios museísticos.

La Iglesia particular custodia este legado como una responsabilidad recibida de las generaciones anteriores y orientada a las futuras. La arquitectura, la música, la pintura, la escultura y la liturgia forman una unidad dentro de la tradición católica.

Organización eclesiástica y vida pastoral

La diócesis está gobernada por un obispo diocesano, que ejerce en ella la potestad propia de un pastor de una Iglesia particular. El obispo cuenta con la colaboración del presbiterio diocesano, del cabildo catedralicio, de los organismos de la curia y de las distintas instituciones pastorales.

La vida diocesana se desarrolla a través de:

  • Parroquias, comunidades ordinarias de celebración, catequesis y caridad.
  • Arciprestazgos o estructuras territoriales equivalentes, que coordinan la actividad de varias parroquias.
  • Seminario y formación sacerdotal, destinados a preparar a los futuros presbíteros.
  • Instituciones educativas y culturales, vinculadas a la transmisión de la fe y al estudio teológico.
  • Comunidades religiosas, que colaboran en la pastoral, la enseñanza, la atención a los enfermos y la vida espiritual.
  • Cáritas y otras obras de acción social, orientadas al servicio de las personas pobres, migrantes, enfermas o excluidas.
  • Movimientos y asociaciones de fieles, que participan en la evangelización y en la formación cristiana.

La documentación pontificia de las últimas décadas registra la presencia de sacerdotes de Coria-Cáceres en tareas de enseñanza teológica y en servicios de la Santa Sede. En 2008, por ejemplo, el sacerdote diocesano Carlos Simón Vázquez ejercía responsabilidades docentes en Cáceres y Burgos y fue nombrado subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia.4

El seminario y la formación teológica

La formación de los ministros ordenados ocupa un lugar relevante en la historia reciente de la diócesis. La petición presentada a la Santa Sede en 1957 aludía expresamente a la concentración de servicios del seminario mayor en Cáceres, junto con otros organismos de la curia episcopal.2

La preparación sacerdotal comprende la formación humana, espiritual, intelectual y pastoral. La teología no aparece como un saber separado de la vida eclesial, sino como una ayuda para anunciar el Evangelio, celebrar los sacramentos, acompañar a las comunidades y discernir las necesidades pastorales.

La diócesis también ha contado con actividad docente vinculada al Instituto Teológico San Pedro de Alcántara, en Cáceres. Esta institución contribuye a la formación de sacerdotes, religiosos y laicos, y favorece el estudio sistemático de la Sagrada Escritura, la teología, la liturgia, la historia de la Iglesia y la doctrina católica.4

La diócesis en la historia de la Iglesia en Extremadura

Coria-Cáceres forma parte de la compleja historia religiosa de Extremadura. La región conserva huellas de la Iglesia hispanorromana, de la organización visigótica, de las transformaciones producidas durante la dominación musulmana, de la restauración cristiana medieval y de la consolidación de las diócesis en la Edad Moderna.

La sede de Coria ofrece un ejemplo particularmente claro de continuidad histórica. El obispo Jacinto aparece documentado en el III Concilio de Toledo en 589; durante los siglos posteriores, la memoria episcopal de la sede atravesó periodos de discontinuidad institucional; después de la reconquista, la diócesis recuperó una sucesión episcopal estable con Íñigo Navarrón.1

La historia de la diócesis no debe confundirse con la de Plasencia. Plasencia constituyó una sede episcopal propia desde su creación en 1189, con territorio y obispos distintos. Aunque ambas diócesis ejercieron jurisdicción sobre zonas de la actual provincia de Cáceres, la posterior configuración de Coria-Cáceres no procede de una simple fusión entre Coria y Plasencia.3

Del mismo modo, la incorporación de Cáceres al título diocesano en 1957 no supuso la absorción de una diócesis independiente. La Santa Sede añadió el nombre de la ciudad y elevó su templo principal a concatedral, conservando la catedral y la dignidad histórica de Coria.2

Obispos y memoria episcopal

La sucesión de obispos constituye uno de los elementos esenciales de la identidad de la diócesis. La tradición episcopal comienza documentalmente con Jacinto en el siglo VI y adquiere una nueva continuidad después de la restauración medieval, con Íñigo Navarrón como primer obispo de la serie posterior a la reconquista.1

Entre los prelados de época contemporánea figura Manuel Llopis yvorra, obispo de Coria cuando la Santa Sede aprobó la nueva denominación de Coria-Cáceres y la elevación de Santa María de Cáceres a concatedral.2

La memoria episcopal incluye también a Jesús Domínguez Gómez, obispo de Coria-Cáceres fallecido en 1990, y a otros prelados que gobernaron la diócesis durante el siglo XX.5

La referencia a estos obispos no tiene un carácter meramente honorífico. El episcopado articula la continuidad apostólica de la Iglesia particular, garantiza la comunión con la Iglesia universal y preside la celebración de los sacramentos, la enseñanza de la fe y la misión evangelizadora.

Espiritualidad y misión evangelizadora

La misión de Coria-Cáceres se desarrolla en un territorio con grandes contrastes: ciudades históricas, núcleos rurales, zonas de baja densidad de población y comunidades vinculadas a una intensa tradición religiosa. La pastoral diocesana necesita atender tanto a las parroquias urbanas como a las pequeñas comunidades rurales.

La evangelización incluye:

  • La celebración dominical de la Eucaristía.
  • La iniciación cristiana de niños, jóvenes y adultos.
  • La preparación para los sacramentos.
  • La atención espiritual a enfermos y personas mayores.
  • La pastoral familiar.
  • La formación bíblica y catequética.
  • El acompañamiento de adolescentes y jóvenes.
  • La acción caritativa y social.
  • La conservación y transmisión del patrimonio religioso.

La diócesis vive esta misión en comunión con la Iglesia universal y con la provincia eclesiástica de Mérida-Badajoz. Su actividad pastoral une la tradición de la antigua sede de Coria con las necesidades actuales de Cáceres y del conjunto de la provincia.

Significado eclesial de la doble referencia Coria-Cáceres

El nombre Coria-Cáceres resume una historia de continuidad y adaptación. Coria aporta la raíz antigua de la sede episcopal, documentada desde el siglo VI y restaurada después de la reconquista. Cáceres aporta la realidad urbana contemporánea que llevó a la Santa Sede a reconocer una segunda iglesia catedralicia en 1957.1,2

La doble referencia no designa dos diócesis, sino una única Iglesia particular con dos centros catedralicios de distinta naturaleza jurídica. La catedral de Coria conserva la primacía histórica y episcopal; la concatedral de Cáceres participa de la dignidad catedralicia y desempeña una función fundamental en la vida pastoral actual.

Síntesis histórica

La evolución de la diócesis puede resumirse en varias etapas:

  • Siglo VI: primera mención documental del obispo Jacinto de Coria en el III Concilio de Toledo.
  • Periodo visigótico: Coria aparece como sufragánea de Mérida.
  • Periodo de dominación musulmana: perdura la memoria episcopal de la sede mediante obispos titulares.
  • Año 1142: reconquista de Coria y restauración de la organización catedralicia cristiana.
  • Edad Media y Moderna: consolidación de la diócesis dentro de una red territorial compartida con otras sedes extremeñas, entre ellas Plasencia.
  • 1957: Incorporación de Cáceres al título oficial de la diócesis y elevación de Santa María de Cáceres a concatedral.
  • Época contemporánea: desarrollo de una acción pastoral articulada entre Coria, sede histórica, y Cáceres, principal centro urbano y administrativo de la provincia.

Conclusión

La diócesis de Coria-Cáceres representa la continuidad histórica de una sede episcopal antigua y su adaptación a las necesidades pastorales de la Iglesia contemporánea. Coria sigue siendo la sede episcopal originaria y conserva la catedral diocesana, mientras que Cáceres posee una concatedral desde 1957, fruto de una decisión pontificia que reconoció su relevancia urbana y pastoral.1,2

Su patrimonio artístico, sus instituciones formativas, sus parroquias y sus obras de caridad expresan una misma misión: anunciar el Evangelio, celebrar la fe católica y servir a las comunidades cristianas de la provincia de Cáceres en comunión con la Iglesia universal.

Citas y referencias

  1. Coria. Enciclopedia Católica, Coria (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12
  2. IV, Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 14, octubre, 1957, 9 (1957). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14
  3. Diócesis de Plasencia. Enciclopedia Católica, Diócesis de Plasencia (1913). 2
  4. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 3, marzo, 2008, 87 (2008). 2
  5. Necrológía, Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 12, noviembre, 1990, 104 (1990).
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