Orígenes cristianos de Gerunda
Los vestigios más antiguos de una comunidad cristiana en la ciudad son los sarcófagos paleocristianos de Sant Feliu, de los siglos III y IV, y la memoria del diácono mártir san Félix, de origen norteafricano, que murió probablemente en la persecución de Diocleciano, a comienzos del siglo IV. Los fieles lo enterraron fuera de las murallas y sobre su sepulcro levantaron un martyrium, origen de la actual basílica.,
La tradición atribuye el primer episcopado a san Narciso y a un san Ponç, pero esas noticias tardías carecen de respaldo documental firme. La primera mención histórica segura de la sede es una carta del papa Inocencio I, escrita hacia el año 400 y dirigida al concilio de Toledo, que trata de una controversia con los obispos de Tarragona sobre la ordenación de un obispo en Girona.,
La época visigoda
En el año 516 regía la sede el obispo Frontinià. El 18 de junio de 517 Girona acogió un concilio provincial presidido por Juan, metropolitano de Tarragona, con la asistencia de seis obispos. Sus cánones ordenaron el rezo del oficio divino, el bautismo de los niños y el celibato del clero.,
Entre los obispos visigodos destaca Juan de Bíclaro (591-621), cronista de su tiempo e impulsor de la vida litúrgica, bajo cuyo episcopado el rey Recaredo regaló una corona votiva de oro a Sant Feliu. La sucesión episcopal visigoda llega hasta Gilimir, en el año 693.
Invasión musulmana y restauración carolingia
La invasión islámica de los años 713-715 interrumpió la serie de obispos. Después de 785, los gerundenses entregaron la ciudad a los francos y, antes de 788, la sede volvió a tener pastor propio: el obispo Ataúlfo. La nueva diócesis absorbió todo el territorio del antiguo obispado de Empúries y quedó bajo la jurisdicción de Narbona.
Hacia 885 el clérigo Esclua intentó romper esa dependencia mediante un obispo intruso, Ermemir, que cayó pronto por la presión del conde Guifré el Pilós. En 898 el obispo Servusdei llegó a solicitar a los papas que le adscribieran las islas de Mallorca y Menorca, una pretensión que nunca se confirmó.
Los siglos X al XIII: reforma y consolidación
En 1017 nació el efímero obispado de Besalú, que desapareció tras la muerte del conde Bernat Tallaferro en 1020. Bajo el obispo Pere Roger (de Carcassona) la vida canonical se restauró en la catedral y se emprendió, hacia 1015, la construcción de un nuevo templo románico, consagrado en 1038.,
En el siglo XI Girona fue escenario de concilios de la reforma gregoriana (1068 y 1097) y, bajo el obispo Berenguer Dalmau (1114-1146), la diócesis se reorganizó y se consagraron numerosas iglesias. En 1090 la sede pasó de Narbona a Tarragona.
El siglo XIII trajo la aplicación del IV concilio de Letrán mediante una serie muy completa de sínodos diocesanos, a partir de 1229, y el asentamiento de las órdenes mendicantes: los franciscanos hacia 1232, y después los dominicos y los carmelitas.
La Baja Edad Media y el cardenal Margarit
Desde finales del siglo XIV, el papa o el rey designaban a los obispos, y muchos de ellos eran forasteros que apenas residían en la diócesis. La gran excepción fue Joan Margarit i de Pau, nacido en Girona en 1422 y doctor en derecho canónico y civil por Bolonia (1443). Vicario general de su tío, el obispo Bernat de Pau, gobernó la diócesis de Elna desde 1453 y la de Girona desde 1462.
Margarit fue canciller de los reyes Juan II y Fernando II, nuncio pontificio en la Corona de Aragón y embajador ante la corte romana. Sixto IV lo hizo cardenal en 1483 con el título de Santa Lucía in Silice, y murió en Roma el 21 de noviembre de 1484. Figura capital del humanismo latino en Cataluña, escribió el Paralipomenon Hispaniae, una historia de Hispania anterior a los godos que no llegó a terminar y que se imprimió por primera vez en 1545.
La Edad Moderna
El concilio de Trento impulsó la residencia de los obispos y la creación del seminario conciliar, que Girona inauguró en 1599. En 1717 el obispo Miquel Joan de Taverner, más tarde arzobispo de Tarragona, convocó un concilio provincial y organizó las 340 parroquias de entonces en 57 conferencias.
Por su posición fronteriza, la ciudad soportó veinticinco asedios y fue tomada siete veces. Los más célebres fueron los de 1653, 1684 y 1694, a cargo de los franceses, y el de 1809, en el que Mariano Álvarez de Castro dirigió la defensa hasta la capitulación del 12 de diciembre, vencido el ejército sitiado por la enfermedad y el hambre.
Los siglos XIX y XX
La diócesis permaneció sin obispo entre 1834 y 1847 y sufrió la desamortización de 1835, que suprimió comunidades religiosas y colegiatas, entre ellas la canonjía de Sant Feliu., Los prelados del período fueron Florencio Llorente y Montón (1847-1862), Constantino Bonet y Zanuy (1862-1875), ascendido después a Tarragona, Tomás Sivilla y Gener (1877-1906) y Francisco de Pol y Baralt (1906-1914), natural de Arenys de Mar.,
La persecución religiosa de 1936 golpeó con dureza a la Iglesia gerundense: alrededor del 80% de los templos quedaron destruidos o dañados y murió de forma violenta cerca del 22% de los sacerdotes seculares. La reconstrucción llegó con el largo episcopado de José Cartañà Inglés (1933-1963).
Del Vaticano II a nuestros días
Narcís Jubany Arnau gobernó Girona de 1964 a 1971 y pasó después a la archidiócesis de Barcelona, donde recibió la púrpura cardenalicia. Le sucedió Jaume Camprodon i Rovira, que durante casi tres décadas (1973-2001) fomentó la renovación pastoral posconciliar.,
Tras Carles Soler Perdigó (2001-2008), el papa Benedicto XVI nombró obispo a Francesc Pardo i Artigas en 2008. Pardo falleció en el cargo a finales de marzo de 2022 y la diócesis quedó casi dos años en sede vacante, regida por el administrador diocesano Lluís Suñer i Roca.,,
El 29 de febrero de 2024 el papa Francisco designó como nuevo obispo, el número 115 de la serie, a Octavi Vilà Mayo, monje cisterciense y hasta entonces abad de Santa María de Poblet.