Los orígenes cristianos de las islas
El cristianismo llegó a Ibiza y Formentera en los primeros siglos de la era cristiana. La tradición diocesana sustenta esta antigüedad en la cueva de Santa Inés, en Sant Antoni de Portmany, en las breves noticias de los obispos Opilió y Vicent (siglos V y VI, respectivamente) y en diversos restos arqueológicos. Entre los siglos VIII y XIII las islas estuvieron bajo dominación musulmana, y la restauración del cristianismo llegó con la conquista cristiana del siglo XIII.
La conquista de 1235 y la parroquia de Santa María
El 8 de agosto de 1235 las islas fueron conquistadas por Guillem de Montgrí, sacristán de la catedral de Gerona y arzobispo electo de Tarragona, asociado con Nunó Sanç, conde del Rosellón, y con el infante Pere de Portugal. Antes de la conquista, los jefes de la empresa se habían comprometido a dotar una iglesia parroquial dedicada a Dios y a su Madre. Cumplida la promesa, la dotación de la iglesia de Santa María de Ibiza se firmó en la ciudad de Mallorca el 17 de septiembre de 1235.
Durante más de cinco siglos, entre 1235 y 1782, Santa María fue la única parroquia de Ibiza y Formentera, dependiente de la diócesis de Tarragona. Esta circunstancia explica la centralidad que el templo conservaría después como iglesia catedral.
La erección de la diócesis (1782)
El 30 de abril de 1782 el papa Pío VI firmó la bula Ineffabilis Dei benignitas, por la que se instituyó la diócesis de Ibiza para las islas de Ibiza y Formentera, con sede en la ciudad de Ibiza, título que la antigua villa acababa de recibir. La nueva diócesis quedó sujeta a la archidiócesis de Tarragona. La Enciclopedia Católica de 1913 presenta esta bula como la unión de Ibiza y Mallorca en una diócesis conjunta. Sin embargo, la documentación diocesana y los repertorios de la jerarquía católica la registran como la erección de una sede propia, y así lo confirma la sucesión de obispos residentes en Ibiza desde 1783.
El primer obispo fue Manuel Abad y Lasierra, monje benedictino, nombrado en 1783, que redactó los estatutos de la catedral y estableció un plan parroquial de dos parroquias urbanas, quince rurales en la isla de Ibiza y tres en la de Formentera. Tomó posesión de la sede el 5 de febrero de 1784. Su sucesor, el también benedictino Eustaquio de Azara, fundó el seminario diocesano. El 31 de enero de 1817 el quinto obispo, Felipe González Abarca, presidió la dedicación de la catedral.
La supresión de 1851 y el gobierno por vicarios capitulares
El Concordato de 1851 entre la Santa Sede y el Gobierno español dispuso, por razones económicas, la supresión de varias diócesis, entre ellas la de Ibiza, que debía agregarse a la de Mallorca. El texto preveía que, al quedar vacante la sede episcopal, la diócesis se considerara reducenda para unirla a la mallorquina y que la catedral pasara a ser colegiata. El obispo Basilio Antonio Carrasco Hernando, llamado «padre de los pobres» y único obispo de Ibiza fallecido en la isla, murió en 1852. Ese mismo año se ejecutó la supresión, aunque la agregación total a Mallorca nunca llegó a realizarse, probablemente por la oposición de los obispos mallorquines.
La isla fue gobernada primero por gobernadores eclesiásticos nombrados por el arzobispo de Tarragona (1852-1855) y después por vicarios capitulares elegidos por el cabildo de la iglesia de Santa María, oficialmente colegiata, pero llamada siempre catedral (1855-1927). Durante todo ese período los fieles de Ibiza y Formentera pidieron de forma constante que se restituyera la diócesis.
La administración apostólica (1927-1949)
En 1927 se instituyó la administración apostólica de Ibiza, independiente de la diócesis de Mallorca, tras las peticiones constantes de los ibicencos y formentereses y con el apoyo de los obispos de Mallorca y del ibicenco Jaime Cardona Tur, obispo de Sión, patriarca de las Indias y capellán de la Reina. El obispado debía sostenerse con los recursos de los propios ibicencos.
En 1928 llegó el primer administrador apostólico, Salvio Huix Miralpeix, que organizó la nueva circunscripción, erigió nuevas parroquias, publicó el catecismo diocesano en lengua catalana y convocó el primer y único sínodo diocesano de Ibiza y Formentera (1929)., En 1935 le sucedió Antonio Cardona Riera, a quien correspondió reorganizar la Iglesia ibicenca tras la devastación de la guerra civil de 1936.
La restauración plena (1949) y la etapa posconciliar
En 1949, por obra del papa Pío XII y gracias a las gestiones del obispo Antonio Cardona Riera, la diócesis fue restaurada pleno iure y asignada como sufragánea a la archidiócesis de Valencia. Cardona recibió el nombramiento de obispo de Ibiza el 2 de febrero de 1950, el séptimo en la sucesión episcopal ibicenca.,
El episcopado de Francisco Planas Muntaner (1960-1976) coincidió con el Concilio Vaticano II. Su auxiliar y después administrador apostólico, Teodoro Úbeda Gramage, aplicó las normas conciliares y celebró por primera vez la Eucaristía en lengua catalana en la catedral. Los obispos posteriores consolidaron la vida diocesana: José Gea Escolano impulsó la pastoral del turismo; Javier Salinas Viñals creó los consejos diocesanos de pastoral; Agustín Cortés Soriano promulgó los directorios de iniciación cristiana y de matrimonio; y Vicente Juan Segura (2005-2020) inauguró el Museo Diocesano e inició en 2008 la causa de martirio de los sacerdotes asesinados en 1936.
En 2020, tras el traslado de Mons. Segura como obispo auxiliar de Valencia, el colegio de consultores eligió administrador diocesano a Vicente Ribas Prats, sacerdote ibicenco nacido en 1968. El 13 de octubre de 2021 el papa Francisco lo nombró obispo de Ibiza, y recibió la ordenación episcopal el 4 de diciembre de 2021.,