De Huesca a Jaca: reordenaciones tras la invasión musulmana
En su configuración inicial, Jaca pertenecía eclesiásticamente a la diócesis de Huesca. Sin embargo, cuando en 713 la ciudad de Huesca fue tomada por los musulmanes, los prelados locales fueron sustituidos por obispos itinerantes, conocidos de diversas formas como «obispos de Aragón», «obispos de Huesca» o «obispos de Jaca». Estos obispos residían en Jaca o, en ocasiones, en monasterios cercanos, como San Juan de la Peña, San Pedro de Siresa y Sásave.
Este período explica que, aun antes de la fijación plena de la sede, la vida eclesial tendiese a apoyarse en el entorno de Jaca y en centros monásticos de referencia.
El Concilio de 1063 y la reconfiguración territorial
Un paso decisivo se sitúa en el Concilio celebrado en Jaca en 1063, donde se determinaron de nuevo los límites de la diócesis de Huesca. A partir de ese momento, el marco eclesiástico abarcaba las diócesis que, en el desarrollo posterior, se identificarían con Huesca, Jaca y Barbastro, además de una parte de la diócesis de Lérida. En el mismo contexto, Jaca pasó a ser la sede permanente.
Asimismo, en esos años se menciona la figura de Sancho II, nombrado obispo de Huesca, que aceleró la solicitud de confirmación pontificia de las decisiones conciliares.
Disputas jurisdiccionales y cambios de sede
La historia eclesiástica de la región estuvo marcada por tensiones jurisdiccionales entre sedes vecinas. Un caso concreto se refiere al retroceso de territorios ante los musulmanes y al control de plazas como Barbastro: se alude a que, tras la recuperación de Barbastro por parte de Sancho Ramírez de Aragón, la plaza fue concedida al obispo de Roda, lo que generó la consideración de que se infringían derechos de jurisdicción vinculados a Jaca.
En esa línea, se narra que el obispo de Huesca renovó una petición al nuevo papa (Gregorio VII) para confirmar las decisiones del concilio, petición que habría sido concedida.
A su vez, el obispo de Roda obtuvo también confirmaciones de privilegios, y se produjo una controversia por la jurisdicción sobre iglesias situadas en territorios como Barbastro, Bielsa, Gistao y Alquezar; finalmente, en 1080, el rey decidió a favor del obispo de Roda.
Más tarde, cuando en 1096 el rey Pedro I de Aragón recuperó Huesca, se decretó que, en lugar de Jaca, Huesca volviese a ser la sede episcopal. Concretamente, se indica que el papa Urbano II decretó (11 de mayo de 1089) que Huesca recuperara su condición de sede.
Permanencia de Jaca como entidad eclesiástica
Aunque Huesca volvió a ser sede principal, Jaca no desapareció: la información conservada señala que la ciudad tuvo una existencia eclesiástica separada, bajo un vicario general, con independencia del obispo de Huesca. Además, conservó su capítulo catedralicio, originariamente vinculado a la Regla de san Agustín; sin embargo, en 1270 tanto el capítulo de Jaca como el de Huesca fueron secularizados.
Erección como diócesis separada y relación con Zaragoza
Con el paso del tiempo, Jaca fue nuevamente erigida como diócesis separada y se estableció su condición de sufragánea de la Sede Metropolitana de Zaragoza. Este cambio se vincula a una bula del papa Pío V (fechada el 18 de julio de 1571), cuya decisión se aplicó el 26 de febrero de 1572.
La misma fuente indica que el primer obispo de esta etapa quedó identificado como Pedro del Frago.