El obispo y la curia diocesana
El obispo de Lieja gobierna la diócesis en comunión con el papa y con los demás obispos de Bélgica. La curia diocesana presta asistencia en materias administrativas, jurídicas, económicas, pastorales, litúrgicas, catequéticas y educativas.
Entre los organismos ordinarios de gobierno figuran la cancillería, el consejo episcopal, el consejo presbiteral, el colegio de consultores y el consejo diocesano de asuntos económicos. La diócesis cuenta también con responsables para la pastoral juvenil, la catequesis, la formación permanente, la vida consagrada, la acción social y la coordinación de las parroquias.
La sede de Lieja pertenece a la provincia eclesiástica de Malinas-Bruselas y mantiene una relación de cooperación con las demás diócesis belgas, especialmente en las iniciativas de la Conferencia Episcopal de Bélgica.
Parroquias y decanatos
La organización territorial ordinaria se articula mediante parroquias, agrupadas en decanatos. El decanato reúne varias parroquias cercanas y facilita la coordinación de la acción pastoral, la formación de sacerdotes y laicos, la preparación sacramental y la colaboración entre comunidades.
La antigua organización descrita a comienzos del siglo XX contaba con 670 parroquias agrupadas en 40 decanatos. Aquella estructura no puede trasladarse sin más a la situación contemporánea, porque la diócesis ha experimentado la creación de Hasselt, la reducción de la práctica religiosa, la disminución del clero y la reorganización de numerosas parroquias.,
En la práctica actual, muchas parroquias colaboran dentro de unidades pastorales o agrupaciones semejantes. Estas estructuras permiten compartir sacerdotes, consejos parroquiales, programas de catequesis, preparación para el bautismo y el matrimonio, celebraciones litúrgicas y proyectos caritativos. La agrupación pastoral no suprime la personalidad canónica de las parroquias, salvo que una reforma jurídica disponga expresamente su fusión o modificación.
Comunidades religiosas y obras eclesiales
Las congregaciones religiosas han desempeñado históricamente un papel importante en la diócesis. Su actividad abarca la educación, la asistencia sanitaria, la atención a personas vulnerables, la vida contemplativa, la misión parroquial y la formación espiritual.
La presencia de comunidades religiosas también aumentó durante el siglo XIX, cuando varias congregaciones francesas buscaron refugio en diócesis belgas a causa de las políticas anticlericales y de las leyes de separación. Lieja acogió parte de esa expansión religiosa.
Actualmente, las comunidades religiosas afrontan el envejecimiento de sus miembros y la reducción de nuevas incorporaciones. Algunas mantienen obras apostólicas; otras han concentrado sus actividades o han confiado determinadas instituciones a organismos diocesanos y civiles.