La comunidad cristiana antigua
Málaga fue conocida en la Antigüedad como Malaka, ciudad de origen fenicio situada en un enclave estratégico del litoral mediterráneo. La presencia romana convirtió la ciudad en un municipio de importancia comercial, y durante el periodo visigodo Málaga aparece ya como sede episcopal.
La tradición y los testimonios antiguos atribuyen a la diócesis un origen muy temprano. El primer obispo malagueño históricamente conocido es Patricio, consagrado hacia el año 290 y participante en el Concilio de Ilíberis, celebrado en Hispania a comienzos del siglo IV. La documentación antigua permite reconocer la existencia de una comunidad cristiana organizada antes de la consolidación del reino visigodo.
Durante la época visigoda, la sede malacitana formó parte de la estructura episcopal de Hispania. El obispo Hostegesis gobernó la diócesis entre los años 845 y 864, ya durante el periodo de dominio musulmán, cuando todavía permanecían comunidades cristianas mozárabes en distintos lugares de al-Ándalus.
La interrupción durante la dominación islámica
Después de la batalla de Guadalete y de la incorporación de Málaga al poder musulmán, la organización episcopal desapareció progresivamente. La ciudad quedó integrada primero en el emirato y después en el califato de Córdoba. Tras la fragmentación del poder omeya, Málaga llegó a convertirse en capital de un reino taifa dependiente políticamente del reino de Granada.
La desaparición de la sede episcopal no borró la memoria de la antigua Iglesia malacitana. La tradición eclesiástica medieval conservó el recuerdo de su origen antiguo y de su anterior condición episcopal, aunque durante varios siglos no existió una continuidad pública y ordinaria del gobierno diocesano.
Restauración tras la conquista cristiana
Los Reyes Católicos conquistaron Málaga en 1487 después de un prolongado asedio. Con la incorporación de la ciudad a la Corona de Castilla, la Iglesia católica restableció la sede episcopal. El primer obispo de la diócesis restaurada fue Pedro Díaz.
La restauración cristiana implicó la reorganización parroquial, la construcción de nuevas iglesias y la creación de instituciones destinadas a la formación del clero y a la atención de los fieles. La catedral comenzó a levantarse en 1528 sobre el solar de la antigua mezquita mayor y quedó terminada en 1719, aunque el edificio experimentó transformaciones y ampliaciones a lo largo de los siglos.
La configuración contemporánea
El Concordato de 1851 situó a Málaga como diócesis sufragánea de Granada. La sede atravesó un periodo de vacancia entre 1835 y 1848, circunstancia relacionada con la inestabilidad política y eclesiástica de la España decimonónica.
Durante la segunda mitad del siglo XIX, la diócesis fortaleció la administración parroquial, la vida capitular, la educación católica y la presencia de congregaciones religiosas. En 1910 contaba con 123 parroquias, 481 sacerdotes y alrededor de 200 iglesias y capillas, cifras que reflejan una amplia red de atención pastoral para la época.
Las reformas territoriales del siglo XX modificaron la extensión de la diócesis y ajustaron sus límites a la evolución de las provincias civiles. La reorganización de 1958 constituye uno de los principales cambios contemporáneos en la configuración territorial malagueña.