La sede paleocristiana
La presencia cristiana en Menorca está documentada desde la Antigüedad tardía. La existencia de un obispo llamado Macario permite afirmar que la isla contaba con una sede episcopal al menos en el siglo V. Macario aparece relacionado con la controversia suscitada por la misión de Teodoro entre los judíos de Menorca, episodio transmitido por una narración latina antigua.
La tradición de aquella misión contiene elementos de difícil comprobación histórica y otros de carácter legendario. La investigación histórica distingue, por tanto, entre el dato firme de una comunidad cristiana episcopal en la Menorca tardorromana y los detalles narrativos de la conversión colectiva que la tradición posterior vinculó a Teodoro. La mención de Macario constituye el principal testimonio episcopal antiguo conservado para la isla.
Durante la dominación vándala, Menorca quedó vinculada a la organización eclesiástica del Mediterráneo occidental y dependió de la sede metropolitana de Cerdeña. Más tarde, la expansión musulmana interrumpió la continuidad ordinaria de la estructura episcopal cristiana. Una noticia pontificia del año 897 relacionaba las islas de Mallorca y Menorca con la jurisdicción del obispo de Gerona, circunstancia que refleja la reorganización de las jurisdicciones cristianas en un contexto marcado por la desaparición o debilitamiento de las sedes insulares.
La antigua sede paleocristiana no debe identificarse sin más con la diócesis actual. Entre ambas existió una prolongada interrupción de la organización episcopal estable, provocada por las transformaciones políticas y religiosas que siguieron a la conquista musulmana. La diócesis moderna nació siglos después mediante un acto jurídico pontificio propio.
La conquista cristiana y la iglesia de Santa María
El rey Alfonso III de Aragón conquistó Menorca en 1287. Tras la incorporación de la isla a la Corona de Aragón, la principal iglesia de Ciudadela recibió una nueva función dentro de la organización cristiana del territorio.
La actual catedral comenzó como iglesia parroquial, no como catedral de una diócesis independiente. Alfonso III ordenó su construcción en 1287, en el contexto de la reorganización cristiana de Ciudadela. El edificio levantado adoptó las formas del gótico mediterráneo y contó con una sola nave, solución arquitectónica característica de numerosos templos de la Corona de Aragón.,
Durante varios siglos, la iglesia desempeñó funciones parroquiales y acogió beneficios eclesiásticos. Un documento de 1362 menciona a Juan Corca como beneficiado del templo, prueba de la existencia de una estructura cultual consolidada antes de la creación de la diócesis moderna. La historia del edificio, por tanto, comenzó más de quinientos años después de la sede paleocristiana y precedió a la constitución jurídica de la diócesis de Menorca.
La iglesia sufrió daños durante el ataque otomano a Ciudadela en 1558. Las tropas turcas incendiaron la ciudad y afectaron gravemente al templo. En épocas posteriores, distintas intervenciones modificaron su aspecto: la restauración promovida por el obispo Comes y Vidal reparó partes dañadas y renovó elementos del altar mayor, mientras que la portada principal incorporó formas clasicistas que ocultaron parcialmente el acceso gótico original.
La confusión entre la fecha de construcción de la catedral y la fecha de creación de la diócesis ha producido errores frecuentes. El templo existe desde 1287; la diócesis moderna de Menorca nació en 1795. La Santa Sede elevó la iglesia a catedral en el momento de la erección de la nueva circunscripción.
La restauración moderna de 1795
La diócesis actual fue erigida por el papa Pío VI mediante una bula de 23 de julio de 1795. La creación tuvo lugar después de la recuperación de Menorca para la monarquía española y respondió a la necesidad de dotar a la isla de una jurisdicción episcopal propia. El nuevo obispado no constituyó una simple continuación administrativa de la sede antigua, sino una restauración moderna fundada mediante un acto pontificio de erección.
El primer obispo fue Antonio Vila, natural de Menorca, que tomó posesión de la sede el 2 de septiembre de 1798. Vila había desarrollado una actividad intelectual notable y escribió obras de formación moral y religiosa, entre ellas El noble bien educado, Vida y virtudes del invicto mártir san Juan Nepomuceno y El vasallo instruido. En 1802 fue trasladado a la diócesis de Albarracín.
La nueva diócesis atravesó las dificultades políticas y eclesiales propias de España durante el siglo XIX. Entre sus obispos figuraron Pedro Antonio Juano, Jaime Creus y Martí, Antonio de Ceruelo, Antonio Díaz Merino, Mateo Jaume, Manuel Mercader, Juan Comes y Vidal y Salvador Castellote y Pinazo. Algunos de ellos participaron activamente en la vida intelectual, política o social de la España de su tiempo. Jaime Creus, por ejemplo, intervino en la Junta Suprema de Cataluña durante la guerra de la Independencia, fue diputado en las Cortes de Cádiz y más tarde arzobispo de Tarragona.
La catedral como basílica menor
La catedral de Menorca recibió el título de basílica menor mediante una disposición pontificia promulgada en 1953 y publicada en las Acta Apostolicae Sedis de 1954. El papa Pío XII reconoció así la importancia histórica, artística y litúrgica del templo.
El documento pontificio recuerda que el edificio había sido construido por Alfonso III en 1287, que en 1795 recibió la dignidad catedralicia y que sufrió graves daños durante la guerra civil española. La restauración posterior recuperó la estructura de la antigua basílica y permitió reanudar el culto con especial solemnidad.
La concesión del título basilical añadió a la catedral los derechos y privilegios litúrgicos propios de las basílicas menores. El reconocimiento no alteró la naturaleza jurídica de la diócesis: la catedral continuó siendo la iglesia madre de la diócesis y la sede del obispo, mientras que el título de basílica expresó su particular relevancia cultual y patrimonial.