Ajustes territoriales de 1977
El decreto de la Congregación para los Obispos de 28 de octubre de 1977, publicado en 1978, modificó los límites entre Siena, Montalcino, Pienza y la abadía territorial de Monte Oliveto Maggiore. El decreto regulaba además la transmisión de documentos, bienes y expedientes, así como la situación canónica de los sacerdotes vinculados a los territorios transferidos.
Contexto conciliar
El Concilio Vaticano II pidió una revisión prudente y pronta de los límites diocesanos, dentro de lo que exigiera el bien de las almas. Esa revisión podía consistir en dividir, desmembrar o unir diócesis, cambiar sus límites o determinar un lugar mejor para la sede episcopal. El Concilio añadió que las unidades naturales de población, con sus jurisdicciones civiles e instituciones sociales, debían conservarse en lo posible como unidades.
En Italia, la nueva regulación derivada del Acuerdo entre la Santa Sede y la República Italiana de 18 de febrero de 1984 y de sus normas de aplicación, de 15 de noviembre de 1984, orientó esta revisión hacia la fusión de diócesis pequeñas.,
Unión plena de 1986
Juan Pablo II aprobó los criterios generales de la reordenación el 27 de septiembre de 1986 y facultó a la Congregación para los Obispos para ejecutarlos. El 30 de septiembre de 1986, la Congregación decretó la unión plena de las diócesis de Siena, de Colle di Val d’Elsa y de Montalcino.,
El decreto estableció lo siguiente:
- La nueva circunscripción recibió el nombre de Archidioecesis Senensis-Collensis-Ilcinensis y fijó su sede en Siena.
- La catedral de Siena se mantuvo como catedral metropolitana.
- Las antiguas catedrales de Colle di Val d’Elsa y de Montalcino recibieron el título de concatedrales, y sus cabildos pasaron a ser capitula concathedralia.
- Se constituyeron un único tribunal diocesano, un único seminario, un único colegio de consultores y un único consejo presbiteral.
- El territorio de la nueva archidiócesis comprendió el de las tres diócesis precedentes.
- Los clérigos incardinados en las diócesis anteriores pasaron a incardinarse en la nueva archidiócesis, y los patronos de cada una conservaron su culto.,
De este modo, la diócesis de Montalcino dejó de existir como circunscripción separada, pero su Iglesia local no desapareció: se integró en una Iglesia particular más amplia, con un solo pastor, y conservó la memoria de su tradición episcopal.