Orígenes cristianos
La tradición hagiográfica atribuyó la evangelización de Niza a distintos personajes vinculados a los orígenes apostólicos de la Iglesia en la Galia. Algunas narraciones hablan de san Bernabé, enviado por san Pablo; otras relacionan la predicación inicial con santa María Magdalena, santa Marta y san Lázaro. La tradición local también presenta a san Baso como primer obispo de Niza y como mártir durante la persecución del emperador Decio.
La crítica histórica distingue estas tradiciones devocionales de los testimonios documentales más antiguos. La existencia de una sede episcopal en Niza está atestiguada en el año 314, cuando el obispo envió delegados al Concilio de Arlés. El primer obispo conocido con seguridad por fuentes conciliares es Amancio, presente en el Concilio de Aquilea en el año 381.
Esta diferencia entre tradición y documentación resulta habitual en las Iglesias antiguas de la Galia. La veneración de los primeros evangelizadores expresa la memoria religiosa de las comunidades, mientras que la sucesión episcopal históricamente comprobable depende de actas conciliares, cartas y otros documentos contemporáneos.
Niza y Cimiez
La antigua ciudad de Cimiez, situada en las proximidades de Niza, contó también con una sede episcopal. El lugar conservaba restos importantes de la ciudad romana, entre ellos un anfiteatro, y estaba asociado al martirio de san Poncio, un joven cristiano ejecutado hacia el año 260.
Durante el siglo V, san Valeriano ocupó la sede de Cimiez. Un rescripto del papa san León Magno, posterior al año 450, y su confirmación por el papa san Hilario en 465, unieron las sedes de Niza y Cimiez. La nueva circunscripción quedó integrada en la organización metropolitana de Embrun hasta la Revolución francesa.
La documentación medieval atribuyó a algunos personajes una sucesión episcopal que la historiografía moderna considera insuficientemente probada. El historiador Louis Duchesne, por ejemplo, cuestionó la certeza histórica de los episcopados nizardo de san Valeriano, san Deuterio y san Siagrio.
El condado de Drap
Desde el siglo XI, los obispos de Niza llevaron también el título de condes de Drap. La dignidad tuvo su origen en una donación de bienes situados en Drap, realizada en 1073 por Pedro, obispo de Vaison y natural de Niza, a favor del obispo Raimundo I y de sus sucesores.
La relación entre el obispado y Drap refleja la dimensión temporal que muchas sedes medievales adquirieron mediante donaciones, derechos señoriales y propiedades. Esta dimensión desapareció progresivamente con la transformación política y jurídica de Francia.
Las antiguas sedes de Antibes, Grasse y Vence
El territorio de la actual diócesis incorpora la memoria de otras Iglesias antiguas de la región.
La sede de Antibes aparece documentada en el siglo V. El primer obispo conocido es Armentario, que participó en el Concilio de Vaison en 442. Algunos historiadores consideran posible que Remigio, relacionado con el Concilio de Nimes de 396 y con una carta del papa Zósimo, hubiera ocupado anteriormente la sede de Antibes, aunque la identificación no resulta segura. Hacia mediados del siglo XIII, la sede episcopal fue trasladada de Antibes a Grasse.
Entre los obispos de Grasse sobresalieron el cardenal Agustín Trivulzio y Antoine Godeau, poeta y miembro destacado de los círculos literarios franceses del siglo XVII. Godeau fue nombrado obispo de Grasse en 1636 y posteriormente ocupó la sede de Vence.
La sede de Vence cuenta con documentación episcopal desde el siglo V. Su primer obispo conocido es Severo, activo en 439 y quizá ya desde 419. También ejerció allí el episcopado san Verano, hijo de san Euquerio de Lyon y antiguo monje de Lérins. Entre sus obispos posteriores figuran san Lamberto y el cardenal Alejandro Farnesio.
La Santa Sede intentó unir Grasse y Vence en el siglo XVII. La oposición del cabildo y del clero de Vence impidió una unión estable. Antoine Godeau abandonó Grasse en 1653 y permaneció como obispo de Vence hasta 1672.