La historia de Rímini, como ciudad y como sede eclesiástica, se vincula estrechamente con la familia Malatesta, especialmente por su protagonismo político y cultural.
La Catholic Encyclopedia describe el curso de la hegemonía malatestiana: se afirma que en 1528 la ciudad quedó finalmente incorporada a los Estados Pontificios.
En ese marco, se recoge la figura de Sigismondo Malatesta y el episodio de su viaje a Roma en 1468 con una intención violenta que no llegó a realizarse; y se recuerda el desenlace posterior de la situación política.
Tras ello, se citan sucesos ligados a Roberto Malatesta, quien habría tomado el control de Rímini con métodos descritos como traicioneros, y se indica que acabó muriendo en 1482 en el contexto de campañas militares; después, su hijo Pandolfo sería expulsado por Cesare Borgia en 1500.
La catedral y el «templo malatestiano»
En relación con el patrimonio litúrgico y artístico, se describe la catedral del siglo XIII, identificada con la iglesia de San Francesco, explicando que fue originalmente de estilo gótico y que, a mediados del siglo XV, fue transformada por orden de Sigismondo Malatesta (1446–1455), según los diseños atribuidos a Leone Baptista Alberti, aunque no llegó a completarse.
De acuerdo con esa misma descripción, la cúpula no se realizó y faltaba la parte superior de la fachada; además, en la catedral se mencionan las tumbas de Sigismondo y su esposa Isotta.
La tradición artística del entorno se asocia también con decoraciones y capillas vinculadas al proyecto malatestiano, interpretadas como un reflejo de la sensibilidad renacentista del periodo.
En un testimonio pontificio posterior, san Juan Pablo II se refiere al «Tempio malatestiano» como una «perla del arte del Renacimiento», destacando que los edificios sagrados de la Iglesia riminense permanecen como testimonio del sentido de Dios presente en el pueblo.