Tradición apostólica y fundación legendaria
La tradición antigua atribuye a la diócesis un origen apostólico o inmediatamente posterior a la época apostólica. Esta tradición forma parte de la memoria eclesial de Salamanca, pero no ofrece por sí misma una prueba documental suficiente para fijar una fecha exacta de fundación.
La atribución de una fundación apostólica debe distinguirse de la documentación histórica conservada. La antigua literatura eclesiástica relacionó a Salamanca con los primeros siglos del cristianismo hispano, aunque los datos más sólidos aparecen en época visigótica, cuando varios obispos salmantinos participaron en concilios de Toledo. La documentación antigua menciona a obispos como Eleuterio, Teveristo, Hiccila, Egereto, Justo, Providencio y Holemundo.
Por tanto, la historia de la sede presenta dos niveles diferentes:
- La tradición, que sitúa su origen en los tiempos apostólicos.
- La documentación verificable, que permite constatar la existencia de un episcopado salmantino durante el periodo visigótico y en la Alta Edad Media.
La época visigótica
La presencia de obispos de Salamanca en los concilios toledanos acredita la integración de la sede en la estructura eclesiástica hispanovisigoda. Las firmas episcopales conservadas muestran la participación de Salamanca en la vida doctrinal y disciplinar de la Iglesia de Hispania.
La invasión musulmana alteró profundamente la organización territorial y eclesiástica. Durante varios siglos, los obispos vinculados a Salamanca residieron fuera de la ciudad, especialmente en Asturias, mientras el territorio atravesaba las transformaciones políticas y demográficas propias de la frontera entre los reinos cristianos y al-Ándalus. La tradición histórica relaciona esta etapa con la continuidad jurídica de la sede, aunque la actividad episcopal estable en la ciudad quedó interrumpida.
Un documento del año 802 menciona al obispo Quindulfo como firmante de una donación regia. La noticia confirma la supervivencia del título episcopal en una época en la que Salamanca todavía no había recuperado plenamente su papel urbano y eclesiástico.
Restauración medieval
La restauración efectiva de Salamanca tuvo lugar en el contexto de la expansión leonesa y de la repoblación del valle del Duero. Ramiro II impulsó la repoblación de la ciudad después de su victoria sobre los musulmanes en Simancas, y Alfonso VI y Alfonso VII consolidaron posteriormente la reorganización política y eclesiástica del territorio.
En 1102, Raimundo de Borgoña y su esposa, Urraca, entregaron las iglesias de Salamanca a Jerónimo de Perigord, clérigo relacionado con la restauración eclesial de varias ciudades del reino de León. La tradición histórica vincula a Jerónimo con la construcción de la primera catedral medieval dedicada a Santa María. Este obispo, relacionado en la tradición con el entorno del Cid Campeador, murió en 1120 y fue sepultado en la basílica salmantina.
A Jerónimo de Perigord corresponde también la antigua veneración del Cristo de las Batallas, una de las imágenes más significativas de la piedad salmantina. La devoción presenta a Cristo como protector de quienes combatían en la frontera y como signo de la misión religiosa atribuida a la restauración cristiana de la ciudad. La imagen quedó vinculada a la catedral y a la memoria del obispo restaurador.
Durante los siglos XII y XIII ocuparon la sede diversos obispos, entre ellos Gerardo, Munio, Berengario, Navarro, Ordoño Gonzalo, Pedro Suárez y Vital. Pedro Suárez recibió elogios por su formación y prudencia. Vital intervino en la defensa de la validez del matrimonio entre Alfonso IX de León y Teresa de Portugal frente a las censuras pontificias y a la sentencia de varios obispos reunidos en 1197.
Salamanca en la Baja Edad Media
La diócesis adquirió una notable relevancia durante la Baja Edad Media. La ciudad acogió comunidades de dominicos, franciscanos y clarisas, cuyas casas contribuyeron a la predicación, la formación teológica, la asistencia a los pobres y la vida espiritual urbana.
En 1310, durante la vacante de la sede, quince prelados de la antigua provincia de Lusitania se reunieron en la catedral de Salamanca, presididos por el arzobispo de Santiago de Compostela, para juzgar la causa de los templarios. La asamblea declaró inocentes en España a los templarios de las atrocidades que se les atribuían.
El obispo Juan Lucero acompañó a Alfonso XI durante la conquista de Algeciras, muestra de la estrecha relación existente en aquella época entre los obispos, la monarquía y las campañas de expansión de los reinos cristianos.