La diócesis de Santa Rosa nació como respuesta a la necesidad de organizar mejor la atención pastoral de los fieles en un territorio que, según los criterios eclesiásticos de la época, requería una nueva circunscripción. La erección diocesana se realizó mediante disposiciones de la Santa Sede que determinaron, entre otros aspectos, la sede episcopal, la dependencia metropolitana y los límites territoriales dentro de la red de diócesis de Argentina.1
En el decreto de erección se indica que la sede episcopal se establece en la ciudad de Santa Rosa de Toay, y que la cátedra se vincula con una iglesia que queda reconocida como lugar propio del título catedralicio en honor de santa Rosa. El mismo texto dispone además la incorporación de la nueva diócesis como parte de una estructura jerárquica mayor, al establecer su relación con una archidiócesis metropolitana.1
La constitución y el marco eclesiástico inicial
El documento de erección describe con precisión el origen territorial: la nueva diócesis se forma por la dismembración de otras circunscripciones eclesiásticas. En particular, el texto señala que determinadas áreas se separan de la diócesis de Santa Fe y otras de la diócesis de La Merced (según el modo en que se expresan los nombres históricos en el acta), para conformar el conjunto de jurisdicciones que pasará a integrarse en la diócesis de Santa Rosa.1
Asimismo, se fijan los elementos de organización territorial en forma de «curias» (un término jurídico-administrativo usado en la descripción del decreto para designar subdivisiones), con una enumeración de ciudades y localidades que integran el territorio diocesano en su configuración inicial.1
