La ciudad de Segni se sitúa «en una colina de los montes Lepini», desde la que se domina el valle del río Sacco.1 En su entorno se conservaron elementos arqueológicos significativos, como el doble recinto de una muralla ciclópea y sus puertas, cuya arquitrabe aparece como «un monolito»; entre ellas se cita la famosa Porta Saracinesca.1 También se mencionan ruinas de una iglesia dedicada a San Pedro y excavaciones subterráneas que «recuerdan la influencia etrusca».1
La tradición histórica recogida por la Enciclopedia Católica describe cómo, en época de Tarquin el Soberbio, de origen etrusco, Segni llegó a convertirse en colonia.1 Se añade además que, con otras ciudades latinas, Segni se rebeló contra Roma en varias ocasiones, y que en distintas circunstancias sirvió como refugio para los papas.1 En particular, se indica que el papa Eugenio III erigió allí un palacio.1
En el siglo XVI, la ciudad sufrió un saqueo: en 1558, las fuerzas del duque de Alba, en la guerra contra Pablo IV, saquearon Segni y se llevaron un botín considerable, aprovechando el hecho de que los habitantes de otras localidades del Campagna habían huido a ella.1
Estos datos históricos son relevantes para comprender la diócesis: la vida pastoral y la continuidad del ministerio eclesial en Segni estuvieron influidas por el devenir político y por el papel estratégico que la ciudad pudo tener en distintos momentos.1
