Orígenes antiguos y época visigoda
La tradición cristiana de Segorbe se remonta a la Antigüedad tardía. La documentación conocida no permite reconstruir de forma continua toda la sucesión episcopal de los primeros siglos, pero varios prelados vinculados a Segorbe aparecen en los concilios de Toledo.
Proculus figura en el III Concilio de Toledo. Después aparecen Porcarius, Antonius, Floridius, Eusicius, Memorius, Olipa y Anterius en diferentes asambleas conciliares celebradas durante los siglos VI y VII. Estos testimonios sitúan a la sede dentro de la organización episcopal de la Iglesia hispana visigoda.
La invasión musulmana interrumpió la continuidad institucional visible de la sede. La iglesia cristiana de Segorbe pasó a utilizarse como mezquita, y durante varios siglos la información sobre la comunidad cristiana local resulta fragmentaria. La desaparición de la documentación no permite identificar automáticamente cada etapa de la vida religiosa de la comarca, pero sí muestra la ruptura que provocó la transformación política y religiosa de la península Ibérica.
La restauración cristiana y la unión con Albarracín
Durante la segunda mitad del siglo XII, la sede episcopal quedó relacionada con Albarracín. En 1172 Pedro Ruiz de Azagra tomó Albarracín y favoreció la instalación de un obispo, Martín, que utilizó primero el título de Arcabricense y más tarde el de Segobricense. La elección del título respondía a la convicción de que Albarracín guardaba una relación más estrecha con la antigua Segóbriga que con otras ciudades episcopales mencionadas por la tradición antigua.
La conquista cristiana de Segorbe por Jaime I en 1245 abrió una etapa de conflictos jurisdiccionales. Jimeno, obispo de Albarracín, tomó posesión de la iglesia segobricense, pero los obispos de Valencia rechazaron esa actuación. Arnau de Peralta llegó a entrar por la fuerza en el templo, y la disputa terminó ante la Santa Sede. Roma restituyó a los obispos de Segorbe parte de su territorio, aunque las divisiones eclesiales del Cisma de Occidente favorecieron durante un tiempo el mantenimiento de una situación inestable.
La relación entre Segorbe y Albarracín no constituye un detalle meramente nominal. Refleja la dificultad medieval para fijar las fronteras diocesanas en territorios recién conquistados, con poblaciones dispersas, antiguas sedes de referencia y jurisdicciones regidas por obispos cuyos títulos no siempre coincidían con el lugar de residencia efectiva.
Separación de Albarracín
En 1571, durante el episcopado de Francisco Soto Salazar, la diócesis de Albarracín quedó separada de la de Segorbe. Esta decisión puso fin a una unión histórica que había condicionado la organización eclesiástica de amplias zonas del interior. Desde entonces, Segorbe continuó su trayectoria como diócesis propia, con su catedral, cabildo y territorio diferenciados.
La reorganización del siglo XVI coincidió con la renovación disciplinar y pastoral promovida por el Concilio de Trento. La diócesis fortaleció la formación del clero, la catequesis, la administración parroquial y la reforma de la vida religiosa. El seminario diocesano quedó instalado en el antiguo colegio de los jesuitas, edificio cuyo uso había sido concedido por Carlos III después de la expulsión de la Compañía de Jesús.
Entre los obispos de esta época figura Juan Bautista Pérez, conocido por su crítica de las crónicas falsas que habían influido en determinadas narraciones sobre los orígenes de las sedes hispanas. Su actitud representa el interés de la historiografía eclesiástica por distinguir la tradición legítima de las falsificaciones documentales.
La diócesis en la época moderna
Durante la Edad Moderna, la diócesis organizó su vida en torno a la catedral de Segorbe, el cabildo, las parroquias y las instituciones religiosas. La documentación histórica conserva noticias sobre la creación o reorganización de parroquias, la dotación económica de los beneficios, la atención pastoral de las comunidades rurales y la adaptación de antiguos espacios musulmanes al culto cristiano.,,
Las órdenes religiosas desempeñaron un papel relevante en la evangelización, la educación y la asistencia social. En Segorbe existieron comunidades dominicas, franciscanas, agustinas y cartujas. Con el paso del tiempo, algunos conventos cambiaron de uso o quedaron incorporados a otras funciones civiles.
La historia diocesana también estuvo ligada a la evolución política de los territorios de la Corona de Aragón y, posteriormente, a la reorganización administrativa de España. Las fronteras civiles y las fronteras eclesiásticas no siempre coincidieron, de modo que la diócesis llegó a relacionarse históricamente con territorios pertenecientes a distintas provincias civiles.