La historia de la diócesis no puede separarse de la historia de la ciudad de Senigallia, marcada por episodios de saqueo, dominaciones sucesivas y reorganizaciones territoriales.
En la Antigüedad, Senigallia habría sido saqueada en el contexto de la guerra civil romana (alrededor del año 82 a. C.) por Pompeyo, y más tarde volvió a sufrir pillajes en el año 408 a manos de Alarico.
Durante el periodo bizantino, la ciudad habría pertenecido a la llamada Pentápolis. En los siglos sexto y octavo, los lombardos intentaron capturarla varias veces.
De la región histórica a la autoridad pontificia
La referencia histórica citada indica que, poco antes de que la ciudad fuese otorgada a la Sede Apostólica, Senigallia llegó a ser sede de un duque llamado Arioldo, que en 772 juró obediencia al rey Desiderio. Después, la ciudad compartió los avatares propios de la Marca de Ancona, y, hacia el final del siglo XII, aparece como sede de un conde.
En los siglos posteriores, el devenir civil afectó directamente al entorno eclesial: la ciudad fue nuevamente asediada y sufrió daños relevantes en el contexto de disputas entre potencias políticas. En particular, se recoge que en 1264 fue saqueada por Percivale Doria, capitán asociado a las fuerzas de Manfredo.
Más tarde, la ciudad habría pasado al poder de Guido di Montefeltro (1280) y, en 1306, habría sido capturada por Pandolfo Malatesta de Pesaro, manteniéndose luego en la órbita de esta familia, aunque con expulsiones ordenadas por autoridades eclesiásticas (mencionándose en la referencia a cardenales como Bertrando du Poyet y Albornoz).
La evolución continúa con alianzas y campañas locales: en 1416, una liga contra Galeotto Malatesta habría capturado Senigallia y posteriormente la habría restituido. En 1445, Sigismondo Malatesta de Rímini habría tomado la ciudad, consiguiendo también la investidura de Eugenio IV y fortificándola.
El texto también recoge que, tras diversas vicisitudes, en 1474 Senigallia fue concedida como feudo a Giovanni della Rovere, sobrino de Sixto IV, y que en 1508 la ciudad pasó a formar parte del ducado de Urbino, en virtud del matrimonio de aquel feudo con la última heredera.
Episodios ligados a la acción política de la época
La referencia señala que en diciembre de 1502, Senigallia, que había abierto sus puertas a César Borgia, fue el escenario de una conocida traición por la cual Borgia habría eliminado a enemigos de pequeños señores de la Romagna.
En 1624 se indica que Senigallia quedó bajo la suzeranía inmediata de los papas, y en 1683 habría sido saqueada por piratas turcos que desembarcaron y saquearon la ciudad.