Fundación monástica y expansión territorial
San Benito llegó al monte Cassino y fundó allí un monasterio que se convirtió en uno de los centros decisivos del monacato occidental. La tradición recogida por la Santa Sede presenta la evangelización de las poblaciones cercanas como una consecuencia de la predicación de Benito y de la actividad de sus discípulos. Con el paso del tiempo, las iglesias, aldeas y territorios vinculados al monasterio formaron la denominada Tierra de San Benito.
Los abades de Montecassino ejercieron progresivamente una jurisdicción espiritual sobre ese territorio. Diversos privilegios pontificios otorgaron a la abadía una autoridad que llegó a adquirir carácter ordinario y prácticamente episcopal. Esta evolución explica la singularidad jurídica de Montecassino dentro de la organización territorial de la Iglesia.
La abadía llegó a constituir una circunscripción extensa, formada históricamente mediante la unión de varias diócesis antiguas. Durante la época en que el abad ejercía funciones ordinarias sobre el territorio, la basílica abacial actuaba como iglesia catedral y la comunidad monástica desempeñaba funciones capitulares.
La reforma de los límites territoriales
La Santa Sede revisó los límites de las abadías territoriales después del Concilio Vaticano II, con el propósito de adecuar su extensión a la naturaleza propia de la vida monástica y mejorar la atención pastoral de los fieles. El decreto de 2014 recordó que la reducción territorial debía permitir a los monjes concentrarse más plenamente en la unión con Dios y en la alabanza divina, sin asumir responsabilidades pastorales excesivamente amplias.
El nuevo territorio de la abadía quedó reducido al monasterio, la iglesia catedral y los edificios y terrenos directamente vinculados a ellos. Las demás parroquias y lugares que hasta entonces dependían de Montecassino fueron separados de la abadía y agregados a la diócesis de Sora-Aquino-Pontecorvo.
La constitución apostólica promulgada en 2014 confirmó esta reorganización. El territorio abacial quedó definido por el cenobio y la iglesia catedral, mientras que las restantes parroquias pasaron a la diócesis, que adoptó el nombre de Sora-Cassino-Aquino-Pontecorvo.,
Parroquias incorporadas a la diócesis
La reorganización incorporó a la diócesis numerosas parroquias situadas en Cassino y en otros municipios de la zona. Entre ellas figuran parroquias de Cassino, Pignataro Interamna, San Elia Fiumerapido, Vallerotonda, Acquafondata, Viticuso, Sant’Apollinare y Castelnuovo Parano.
También pasaron a la diócesis parroquias de Sant’Ambrogio sul Garigliano, Sant’Andrea del Garigliano, Vallemaio, San Giorgio a Liri, Atina, Villa Latina, San Biagio Saracinisco, Belmonte Castello, Cervaro, San Vittore del Lazio, Roccadevandro y San Pietro Infine. La transferencia comprendió no sólo los templos parroquiales, sino también oratorios, casas, fundaciones piadosas, bienes y derechos vinculados a las parroquias.
El decreto dispuso además que los clérigos diocesanos vinculados hasta entonces a la abadía quedaran incardinados en la diócesis de Sora-Cassino-Aquino-Pontecorvo. Los seminaristas dependientes de aquella estructura pasaron igualmente a quedar adscritos a la diócesis.,