Orígenes de la comunidad cristiana
Tortona, conocida en la Antigüedad como Dertona, fue una colonia romana fundada en el siglo II antes de Cristo, en relación con la construcción de la vía Postumia. Su posición convirtió la ciudad en un importante punto de comunicación entre Piacenza, Génova, Pisa y la Galia meridional.
La tradición local atribuye la evangelización inicial y el primer episcopado a san Marciano, presentado como mártir durante el reinado del emperador Adriano. La tradición posee un valor religioso y devocional, pero la cronología episcopal de los primeros siglos exige cautela. La documentación histórica más antigua no permite confirmar con seguridad la existencia de un obispo Marciano en la época apostólica o subapostólica.
Durante la primera mitad del siglo IV, Tortona dependía probablemente de la diócesis de Vercelli. El primer obispo tortonés cuya existencia cuenta con un testimonio histórico sólido es san Exuperancio, activo hacia el año 381 y elogiado en un sermón de san Máximo de Turín. Algunos autores sitúan a san Inocencio como su predecesor, pero la documentación resulta menos firme.
La diócesis en la Edad Media
A partir del siglo IX, el obispo de Tortona ejerció también una notable autoridad temporal sobre la ciudad. Tortona obtuvo la condición de comuna en 1090, dentro del complejo escenario político de las ciudades lombardas y piamontesas.
La ciudad mantuvo relaciones estrechas con el partido güelfo y sufrió varias destrucciones durante los conflictos medievales. En 1155 fue devastada por las tropas de Federico Barbarroja, y en 1163 padeció un nuevo ataque de los habitantes de Pavía. Entre 1260 y 1347 quedó sometida, de manera alterna, a los vicarios imperiales, los marqueses de Monferrato, los Visconti de Milán y los reyes de Nápoles.
La historia medieval de la diócesis refleja la estrecha relación existente entre la autoridad episcopal, las instituciones comunales y los poderes señoriales. Uno de los episodios más conocidos corresponde al asesinato del obispo Melchiorre Busetto por partidarios del marqués Guillermo de Monferrato. Como consecuencia, el marqués perdió sus derechos de patronato sobre la diócesis y realizó una penitencia pública ante la catedral.
Del dominio milanés a la reorganización moderna
Desde 1347 Tortona formó parte del Estado milanés y compartió sus vicisitudes políticas hasta el siglo XVIII. En 1735, conforme a los acuerdos internacionales de la época, pasó a los dominios del rey de Cerdeña.
La vida diocesana experimentó una renovación significativa durante los siglos XVI y XVII, en el contexto de la reforma católica y de la aplicación de las disposiciones del Concilio de Trento. Entre los obispos reformadores destacaron Maffeo Gambara, nombrado en 1592, y el teatino Paolo Aresio, que ocupó la sede desde 1620. Ambos promovieron la disciplina eclesiástica y la reorganización de la vida pastoral.
También tuvo relevancia Cesare Gambara, obispo desde 1548 y participante en el Concilio de Trento. Su episcopado se inscribió en el esfuerzo de la Iglesia por mejorar la formación del clero, fortalecer la catequesis y corregir abusos disciplinarios.
Supresión y restauración
En 1805, durante la reorganización administrativa napoleónica, el Gobierno francés suprimió la diócesis de Tortona y la incorporó a la diócesis de Casale. Tras la caída del régimen napoleónico, la sede fue restaurada en 1814.
La reorganización eclesiástica posterior modificó su dependencia metropolitana. Tortona dejó de estar vinculada a Turín y pasó a ser sufragánea de Génova, situación que mantiene actualmente.