La historia territorial de la diócesis ofrece uno de los mejores escenarios para observar el papel de la Santa Sede en la adecuación de límites eclesiásticos a realidades civiles y pastorales.
Reordenación de parroquias y jurisdicciones (de mediados de siglo)
A mediados del siglo XX, decretos pontificios reorganizaron parroquias entre diócesis cercanas. En un decreto de 1955 se establecen anexiones que afectan a la diócesis de Tortosa, incluyendo parroquias como Calaceite, Arens, Lledó y Cretas, además de Mayals, con destino jurisdiccional hacia Tortosa.
Ajustes con especial incidencia sobre el entorno de Castellón
En 1960 se produce una distribución territorial que afecta de manera directa a la diócesis de Tortosa: el decreto detalla la incorporación a Tortosa de parroquias y de iglesias filiales pertenecientes al arciprestazgo «vulgo Nules, Villareal, Castellón de la Plana, Lucena y Albocácer», con una excepción expresa para la parroquia de Catí.
El mismo decreto regula la restitución inversa de parroquias hacia otras circunscripciones, y ordena la entrega inmediata de actos y documentos a las curias episcopales correspondientes, así como la incardinación clerical en el territorio donde se resida legítimamente.
Resultado: límites actuales y coherencia pastoral
Tras estas reorganizaciones, la diócesis consolida un marco territorial que integra parroquias con identidad histórica y continuidad pastoral. La cuantificación contemporánea -con 141 parroquias en 2024- refleja el resultado de procesos de ajuste y la adaptación a dinámicas de la España del siglo XX.