Orígenes antiguos
La fecha exacta de creación de la diócesis no está documentada con plena seguridad. Algunas obras antiguas sitúan su establecimiento en el siglo IV, pero los primeros nombres episcopales transmitidos por historiadores locales no poseen todos el mismo grado de confirmación histórica.
La tradición tortosina atribuyó la fundación de la Iglesia local al apóstol san Pablo y presentó a san Rufo, identificado legendariamente como hijo de Simón de Cirene, como su primer obispo. Estas tradiciones forman parte de la memoria religiosa de la diócesis, pero carecen de una demostración documental y arqueológica concluyente. La investigación histórica debe distinguir, por tanto, entre la veneración de una tradición fundacional y la existencia comprobada de una comunidad cristiana organizada.
Los nombres de Lirioso, fechado tradicionalmente en el año 364, y Heros, situado hacia el año 400, aparecen en algunas listas locales. Sin embargo, historiadores eclesiásticos de referencia no los incorporaron siempre a sus catálogos episcopales. El primer obispo considerado históricamente conocido por algunos repertorios es Urso, documentado en el año 516.
Época visigoda
La presencia de un obispo de Tortosa en el siglo VI encaja con la consolidación de la estructura eclesiástica hispana durante el periodo visigodo. La pertenencia de Tortosa al ámbito metropolitano de Tarragona refleja la organización provincial de la Iglesia en la antigua Tarraconense. Tarragona aparece documentada como una de las sedes más antiguas de Hispania y como metrópoli de varias diócesis catalanas, entre ellas Tortosa.,
La documentación de estos siglos resulta fragmentaria. Por ello, cualquier catálogo episcopal anterior al siglo VI debe manejarse con cautela: algunas listas combinan obispos históricamente atestiguados con nombres procedentes de tradiciones posteriores.
Dominación islámica
Tras la conquista musulmana, Tortosa quedó integrada en el territorio de al-Ándalus. La dominación islámica, iniciada en la ciudad durante el siglo VIII, provocó una profunda transformación de las instituciones cristianas. La información sobre la continuidad de la sede episcopal durante este periodo resulta muy escasa.
Un testimonio excepcional aparece en el año 1068, cuando figura un obispo con la fórmula latina Episcopus Civitatis Tortuensis. Este dato sugiere la pervivencia de una referencia episcopal tortosina, aunque no permite reconstruir de manera continua la sucesión de obispos ni la vida interna de la comunidad cristiana durante la etapa islámica.
Restauración medieval
La conquista cristiana de Tortosa culminó el 31 de diciembre de 1148, cuando Ramón Berenguer IV tomó la ciudad. La restauración de la sede episcopal permitió reorganizar las parroquias, recuperar los bienes eclesiásticos y promover la construcción de nuevos templos.
Las obras de la catedral comenzaron en 1158. El templo fue consagrado en 1178 por el arzobispo de Tarragona. El edificio experimentó posteriormente importantes reconstrucciones: una gran campaña constructiva se desarrolló entre 1347 y 1597, y nuevas obras continuaron entre 1621 y 1725.
La restauración medieval vinculó estrechamente la diócesis con la expansión política y religiosa de la Corona de Aragón. Tortosa adquirió entonces una posición estratégica como ciudad episcopal, portuaria y fronteriza entre diversos territorios.