San Zenón, obispo de Verona
La figura de san Zenón ocupa un lugar singular. Según la noticia de su entrada en la Enciclopedia Católica, figura en el Martirologio Romano como obispo de Verona «martirizado bajo Galieno» el 12 de abril. Al mismo tiempo, se sugiere que probablemente fue más bien un confesor, gobernando la Iglesia de Verona entre 362 y 380.
El culto se extendió: se dice que, en Verona, «una basílica» (San Zenone) y «unas treinta iglesias y capillas» llevan su nombre. Además, se recuerda que textos de san Ambrosio y narraciones antiguas transmiten su recuerdo en relación con la predicación y con gracias atribuidas a su intercesión en la Iglesia dedicada a él.
San Zenón como maestro de la fe
En la homilía pronunciada en la basílica de san Zenón, Juan Pablo II conectó directamente la memoria del santo con la vida de la Iglesia veronesa. Recordó que san Zenón exhortaba a «abrazar la fe con tenacidad», custodiarla con toda clase de virtudes y aplicarla con valentía, porque sería un «fundamento estable de la vida».
Esa lectura pastoral presenta la fe no como un recuerdo distante, sino como una fuerza educativa y una base para la formación cristiana de las personas y comunidades.
Otros santos vinculados a la región
En un encuentro con obispos italianos de la región eclesiástica de Triveneto, el papa Juan Pablo II mencionó una constelación de santos asociados al territorio, entre ellos san Prosdocimo, san Tiziano, san Magno y, de forma expresa, san Zeno, obispo de Verona. En esa misma referencia aparecen también santos que ayudan a comprender la densidad histórica del cristianismo en el norte de Italia.
Asimismo, en la homilía de la basílica veronesa se evocan dos figuras que el papa propone como modelos de vida y testimonio cristiano: mons. Nascimbeni y don Calabria, presentados como coronación de una historia de evangelización en la comunidad.