Los orígenes cristianos
La presencia cristiana en el territorio vicentino se remonta, al menos, a la Antigüedad tardía. El cementerio cristiano descubierto cerca de la iglesia de los santos Félix y Fortunato se fecha habitualmente en la primera mitad del siglo IV. La tradición local considera que ambos mártires sufrieron la persecución de Diocleciano, aunque la reconstrucción precisa de sus biografías pertenece en parte al ámbito hagiográfico y no permite establecer todos los detalles con certeza histórica.
La tradición veneró también a san Leoncio, presentado como obispo y mártir, y a los santos Teodoro y Apolonio, considerados obispos y confesores del siglo IV. Estas figuras expresan la memoria religiosa de una comunidad cristiana antigua, pero la documentación episcopal conservada no permite reconstruir de forma continua la sucesión de los obispos vicentinos desde la época apostólica o desde los primeros siglos.
El primer obispo de Vicenza documentado con seguridad es Horoncio, mencionado en el año 590. Su nombre aparece relacionado con el llamado Cisma de los Tres Capítulos, una controversia eclesial que afectó a numerosas comunidades del norte de Italia durante los siglos VI y VII. La existencia de Horoncio ofrece el primer punto firme para la historia institucional de la diócesis.
La diócesis en la Edad Media
Durante la Alta Edad Media, Vicenza quedó integrada en las transformaciones políticas y religiosas del reino lombardo, del Imperio carolingio y del Sacro Imperio Romano Germánico. La sede episcopal fue adquiriendo un papel relevante en la organización social y política de la ciudad, como ocurrió con muchas diócesis italianas medievales.
Entre los obispos medievales figura Vital, documentado en 901 y relacionado con la cancillería del rey Berengario. Más tarde, Jerónimo, obispo hacia el año 1000, fue depuesto por el emperador Enrique II por motivos vinculados a la agitación política. El episcopado de Torengo estuvo marcado por la rebelión de varios obispos contra la autoridad episcopal, muestra de las tensiones entre poderes locales, cabildos, familias aristocráticas y jurisdicción eclesiástica.
La figura del beato Juan Cacciafronte, obispo entre 1179 y 1185, ocupa un lugar particular en la memoria de la Iglesia vicentina. Monje benedictino, murió asesinado por uno de sus propios vasallos y recibió culto como beato. Su trayectoria refleja la conflictiva relación medieval entre el ejercicio del ministerio episcopal, la administración de bienes eclesiásticos y los intereses de los poderes feudales.
El obispo Uberto fue depuesto por el papa Inocencio III, acusado de haber perjudicado los bienes de la Iglesia. La elección de su sucesor quedó aplazada durante varios años, hasta que en 1219 fue elegido Gilberto. La violencia política de Ezzelino da Romano obligó a Gilberto a vivir en el exilio, circunstancia que muestra hasta qué punto las luchas civiles podían afectar a la libertad de gobierno de una diócesis.
En 1256 llegó a la sede Bartolomé de Breganze, dominico que anteriormente había sido obispo de Nicosia y legado pontificio en Siria. Su episcopado vinculó Vicenza con la actividad misionera, diplomática y reformadora de las órdenes mendicantes del siglo XIII.
Vicenza bajo Venecia
En 1404 Vicenza quedó incorporada a la República de Venecia y compartió desde entonces la historia política de la república hasta la época napoleónica. La integración veneciana modificó el marco administrativo de la ciudad, aunque la diócesis continuó desempeñando sus funciones litúrgicas, pastorales y educativas.
Durante el episcopado de Pedro Barbo, elegido obispo de Vicenza en 1451, la sede estuvo vinculada a una figura de gran importancia para la historia de la Iglesia: Barbo fue elegido papa en 1464 con el nombre de Pablo II. También destacó el cardenal Juan Bautista Zeno, obispo desde 1468, conocido por su piedad y cultura.
La diócesis vivió los cambios religiosos de la época moderna, incluida la aplicación de las reformas impulsadas por el Concilio de Trento. En 1563, el obispo Mateo Priuli fundó el seminario diocesano y promovió medidas de reforma pastoral y disciplinar. La creación del seminario consolidó la formación intelectual, espiritual y pastoral del clero, elemento esencial para la renovación católica posterior al Concilio de Trento.
A finales del siglo XVIII, el obispo Alvise María Gabrielli restauró varias iglesias y renovó el seminario. Su actuación coincidió con un periodo de profunda transformación política, marcado por la caída de la República de Venecia, las guerras napoleónicas y la posterior reorganización territorial de Italia.
Reorganización contemporánea
La reorganización eclesiástica de los territorios venecianos culminó, en buena medida, con las disposiciones de 1818. Desde entonces, Vicenza quedó como sufragánea de Venecia, configuración que mantiene en la actualidad. Este cambio no supuso una ruptura de la continuidad episcopal, sino una adaptación de las provincias eclesiásticas a las nuevas realidades políticas y administrativas surgidas después de la época napoleónica.,
En el siglo XIX destacó Juan Antonio Farina, obispo de Vicenza desde 1860 hasta su muerte. Antes había sido obispo de Treviso, donde desarrolló una intensa actividad pastoral y caritativa. En Vicenza emprendió un amplio programa de renovación: convocó un sínodo diocesano que no se celebraba desde 1718, realizó visitas pastorales por las zonas rurales y montañosas, reformó los estudios y la disciplina del seminario, impulsó la catequesis y fundó cofradías con fines espirituales y asistenciales.
Farina promovió asimismo la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, a la Virgen María y a la Eucaristía, y alentó la participación frecuente de los fieles en la comunión. Su acción pastoral unió la formación doctrinal con la atención a los pobres, a los sacerdotes ancianos y a las necesidades educativas de la juventud.