Los orígenes de la sede
La diócesis tiene orígenes antiguos, aunque su historia institucional atravesó sucesivas reorganizaciones. La tradición histórica de la ciudad está estrechamente vinculada a la presencia pontificia: durante algunas décadas del siglo XIII, Viterbo acogió la sede del sucesor de Pedro y fue escenario de varios cónclaves. La corte papal favoreció entonces el desarrollo urbano, comercial y cultural de la ciudad.
El palacio episcopal y la catedral de San Lorenzo forman parte de ese legado. En el palacio tuvieron lugar cónclaves medievales, entre ellos el que eligió a Gregorio X, posteriormente venerado como beato.,
La unificación diocesana
La configuración contemporánea de la diócesis procede de la unión de varias sedes históricas. En marzo de 1986, Viterbo, Tuscania, Bagnoregio, Montefiascone y Acquapendente quedaron unificadas bajo una única sede de Viterbo. Juan Pablo II describió en 1996 aquella reorganización como el origen de una nueva comunidad diocesana, llamada a convertir la unión jurídica en comunión efectiva entre sus fieles.
La vida común de la diócesis recibió impulso mediante una visita pastoral realizada entre 1990 y 1994 y la celebración de un sínodo diocesano. El trabajo sinodal comenzó en las parroquias, continuó en las zonas pastorales y culminó en asambleas diocesanas.
En 2009, Benedicto XVI aludió también a la incorporación de la abadía de San Martino al Cimino y a las antiguas diócesis de Acquapendente, Bagnoregio, Montefiascone y Tuscania en la configuración eclesial vinculada a Viterbo.