El origen de la sede zamorana
La sede episcopal de Zamora nació en el año 900, cuando el monje san Atilano recibió la consagración episcopal al mismo tiempo que san Froilán en León. Atilano gobernó la diócesis hasta el año 922 y abrió una primera etapa en la que la sede contó con cinco obispos. Su figura quedó grabada en la memoria de la ciudad como el pastor fundacional, y su culto llega hasta hoy.
La destrucción de 987 y la interrupción de la sucesión
En el año 987, durante el episcopado de Salomón, las tropas de Almanzor saquearon y devastaron Zamora. La ciudad quedó arrasada, la comunidad cristiana se dispersó y la sucesión episcopal se interrumpió. El territorio diocesano pasó entonces a depender de la sede de Astorga.
La restauración del siglo XII
La diócesis renació hacia 1120, cuando Bernardo de Périgord fue elegido obispo de Zamora, con independencia de Salamanca. Desde entonces se abrió una segunda etapa, que suma ochenta y cuatro obispos; con los cinco primeros, el total de pastores de la diócesis asciende a ochenta y nueve.
La restauración trajo consigo una disputa sobre la dependencia metropolitana. Toledo y Braga reclamaban a Zamora como sufragánea suya. El papa Calixto II eximió a la diócesis de toda jurisdicción metropolitana; mediado el siglo XII, Eugenio III reconoció las pretensiones de Braga; y en el primer cuarto del siglo XIII, Inocencio III asignó la sede a la provincia de Santiago de Compostela.
La catedral románica
El obispo Esteban impulsó la construcción de la actual catedral a mediados del siglo XII, con el amparo del rey Alfonso VII y de su hermana, la infanta Sancha Raimúndez. La consagración tuvo lugar el 15 de septiembre de 1174., El templo, el más pequeño y antiguo de las catedrales de Castilla y León, destaca por su cimborrio gallonado, que se apoya sobre un tambor con dieciséis ventanas y sigue modelos de influencia bizantina.
El culto a san Ildefonso y a san Atilano
Entre 1260 y 1496 la Iglesia zamorana construyó una memoria religiosa y artística en torno a los cuerpos de san Ildefonso y san Atilano. La veneración de ambas reliquias reforzó la identidad de la diócesis, afirmó su autonomía frente a la sede primada de Toledo y cohesionó a la ciudad y al cabildo. El obispo Diego Meléndez Valdés impulsó con especial empeño este culto a finales del siglo XV y en 1496 dio forma a una gran fiesta en honor de los cuerpos santos.
El seminario diocesano
La formación del clero zamorano tiene su origen en un colegio fundado en 1712 y confiado a los jesuitas hasta su expulsión en 1767. En 1797 nació el Seminario Diocesano de San Atilano, que ha formado desde entonces a generaciones de sacerdotes para las parroquias de la provincia.
Del siglo XIX a la actualidad
Tras el Concordato de 1851, la diócesis pasó el 4 de julio de 1857 a la provincia eclesiástica de Valladolid, en la que permanece. El decreto Quum sollemnibus, del 17 de octubre de 1954, revisó los límites diocesanos: Zamora recibió territorio de diócesis vecinas y cedió parroquias a Valladolid y a Salamanca.,