El término diócesis (del griego dioikesis) originalmente significaba la administración de una casa y, por extensión, la administración o el gobierno en general1. En el derecho romano, se utilizaba para designar un territorio dependiente administrativamente de una ciudad (civitas)1. Con el tiempo, dado que el obispo cristiano solía residir en una civitas, el territorio bajo su administración, que generalmente coincidía con el territorio jurídico de la ciudad, pasó a ser conocido eclesiásticamente como diócesis1.
Originalmente, los grupos locales de fieles sujetos a un obispo eran llamados ekklesia (iglesia) y, más tarde, paroikia (vecindario)1. Los Cánones Apostólicos y el Concilio de Nicea en el año 325 aplicaron este último término al territorio sujeto a un obispo. Este término se mantuvo en Oriente, donde el Concilio de Constantinopla (381) reservó la palabra diócesis para el territorio sujeto a un patriarca1.

