Dios quiere la salvación de todos
La enseñanza católica sostiene que Dios quiere sinceramente la salvación de todos los hombres. Esta voluntad universal aparece relacionada con la entrega de Cristo por la humanidad y no queda limitada a un grupo previamente excluido de la redención. La tradición teológica ha entendido en este sentido la afirmación apostólica de que Dios quiere que todos los hombres se salven.,
La universalidad del amor salvador no significa que todos se salven necesariamente. Dios ofrece a todos los hombres la posibilidad real de alcanzar la vida eterna, pero la salvación requiere la acogida de la gracia y la perseverancia en ella. Nadie entra en la comunión definitiva con Dios contra su voluntad.
La Iglesia rechaza tanto la idea de que Dios predestina positivamente a algunos hombres al pecado y a la condenación como la doctrina según la cual la salvación se produciría necesariamente al final para todos, con independencia de la libertad y de la respuesta moral. La misericordia divina es universal, pero no convierte la libertad humana en una apariencia.
La voluntad antecedente
La escolástica distingue entre voluntad antecedente y voluntad consecuente. La distinción no divide la voluntad divina en partes enfrentadas, como si Dios quisiera una cosa y después cambiara de parecer. Expresa dos consideraciones diferentes sobre la criatura.
Dios quiere antecedentemente la salvación de todos cuando contempla al hombre en cuanto criatura racional llamada al bien y a la felicidad. Bajo esta consideración, la salvación es un bien querido para toda la humanidad. Santo Tomás de Aquino explica que Dios ordena a todos los hombres hacia la bienaventuranza y dispone los medios necesarios para ese fin.,
La voluntad antecedente no significa un deseo débil o ficticio. Manifiesta que la salvación pertenece al designio benevolente de Dios para el género humano. También permite comprender que la gracia ofrecida al hombre no nace de una selección arbitraria que excluya previamente a quienes no llegarán a salvarse.
La voluntad consecuente
La voluntad consecuente considera a la persona con todas sus circunstancias concretas, incluida su respuesta libre a la gracia. Bajo esta consideración, Dios quiere que el bien sea premiado y que el mal culpablemente mantenido reciba el juicio justo que merece.
Santo Tomás utiliza el ejemplo de un juez: el juez puede querer antecedentemente que todo hombre viva, pero, considerando el delito cometido y las exigencias de la justicia, puede querer consecuentemente la pena del culpable. De modo análogo, Dios quiere antecedentemente la salvación de todos, pero consecuentemente juzga al hombre según su respuesta libre y perseverante al bien.
Esta distinción protege simultáneamente dos verdades:
- Dios ama realmente a todos y quiere el bien de todos.
- Dios no trata como idénticas la fidelidad y la obstinación, ni cancela las consecuencias del pecado.
La voluntad consecuente no introduce una mutación en Dios. El cambio está en la condición de la criatura considerada: primero puede contemplarse al hombre en su naturaleza y en su llamada al bien; después, en su respuesta concreta, sus actos y su responsabilidad.