Antigüedad cristiana
La relación entre liturgia y piedad popular posee raíces antiguas. Durante los primeros siglos, ambas dimensiones convergían con frecuencia en la vida de las comunidades cristianas.
A partir del siglo IV, la Iglesia afrontó una nueva situación política y social. La cuestión de la inculturación adquirió entonces una forma más consciente. Algunas Iglesias locales incorporaron a la liturgia elementos festivos y solemnes procedentes del mundo pagano, después de purificarlos y ponerlos al servicio del misterio cristiano.,
Este proceso no suponía aceptar el paganismo. La Iglesia podía asumir formas culturales y expresivas cuando resultaban compatibles con el Evangelio y orientaban el culto hacia Cristo, verdadero Dios y Salvador.
Reforma católica y época barroca
Después del Concilio de Trento, la liturgia adquirió una uniformidad considerable, mientras la piedad popular experimentó un desarrollo extraordinario. La reforma católica promovió ejercicios devocionales como instrumentos de defensa de la fe, formación de los laicos y renovación moral.
Las cofradías dedicadas a la Pasión de Cristo, a la Virgen María y a los santos cumplieron con frecuencia tres funciones:
Las misiones populares impulsaron la conversión, la confesión sacramental y la recepción de la comunión. En numerosos casos, los ejercicios piadosos preparaban a los fieles para participar en los sacramentos y reforzaban la vida cristiana de las parroquias.
Sin embargo, también surgieron desequilibrios. Algunas devociones llegaron a superponerse a las acciones litúrgicas o adquirieron una importancia pastoral mayor que la propia liturgia. Estas desviaciones podían alejar la vida cristiana de la Sagrada Escritura y debilitar la centralidad del misterio pascual, especialmente en la celebración dominical.
Ilustración y época moderna
Durante la Ilustración aumentó la separación entre una llamada «religión de los instruidos», más próxima a la liturgia, y la «religión del pueblo sencillo», más vinculada a la piedad popular. Algunos sectores cultos juzgaron las devociones populares como supersticiosas o fanáticas.
Al mismo tiempo, la Iglesia continuó utilizando la predicación, las misiones parroquiales y la catequesis para conducir a los fieles hacia la misa dominical, la penitencia y los sacramentos. La piedad popular también adquirió nuevas expresiones, como la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y la importancia de determinadas prácticas vinculadas a los primeros viernes.
El Directorio presenta como ejemplo de renovación equilibrada la búsqueda de una religiosidad fundada en la liturgia y en la Sagrada Escritura, libre de superstición y magia.