El seguimiento de Cristo se manifiesta de diversas maneras en los Evangelios, implicando dos actitudes principales: «ir con» Cristo (akolouthein) y «caminar detrás» de Él, siguiendo sus pasos y dirección (erchesthai opiso).
Existen diferentes tipos de discípulos:
La multitud en general: Numerosas personas seguían a Jesús de manera más general y a menudo superficial (Marcos 3:7; 5:24; Mateo 8:1, 10; 14:13; 19:2; 20:29).
Pecadores y mujeres: Entre los seguidores se encontraban pecadores (Marcos 2:14-15) y mujeres que apoyaban la misión de Jesús con su servicio práctico (Lucas 8:2-3; Marcos 15:41).
Aquellos con un llamado específico: Algunos recibieron un llamado directo de Cristo, y entre ellos, los Doce Apóstoles ocupan un lugar especial. La diversidad de quienes fueron llamados era notable, incluyendo pescadores, recaudadores de impuestos, personas honestas y pecadores, casados y solteros, pobres y ricos (como José de Arimatea, Juan 19:38), hombres y mujeres, e incluso un miembro de la oposición revolucionaria anti-romana como Simón el Zelote (Lucas 6:15).
Aquellos que se negaron: También hubo quienes rechazaron la invitación, como el joven rico que se entristeció y se fue por tener muchas posesiones (Marcos 10:22).
El discipulado no siempre fue un camino fácil. Hubo momentos de dificultad, llevando a que «muchos de sus discípulos se echaran atrás y ya no anduvieran con él» (Juan 6:66). Incluso Pedro, al oponerse a la perspectiva de la Cruz, fue reprendido por Jesús (Marcos 8:33). No obstante, Pedro finalmente siguió a su Maestro con gran amor, profesando su amor en el Mar de Tiberíades, donde Jesús le dijo «con qué muerte había de glorificar a Dios», añadiendo dos veces: «¡Sígueme!» (Juan 21:17, 19, 22).
Los Doce Apóstoles
Los Doce Apóstoles constituyen un grupo de seguidores de Jesús con una importancia particular. Jesús los eligió de entre un grupo más amplio de discípulos,. Los Evangelios sinópticos y los Hechos de los Apóstoles presentan listas concordantes de sus nombres, aunque con algunas pequeñas diferencias.
Jesús pasó una noche entera en oración antes de llamar a sus discípulos y elegir a doce de ellos, a quienes también nombró apóstoles (Lucas 6:12-13),. Este grupo fue seleccionado para acompañar a Jesús durante todo su ministerio y para ser testigos oculares de su obra. Su número, doce, simboliza las doce tribus de Israel (Mateo 19:28; Lucas 22:30), representando la plenitud del pueblo de Dios que se lograría a través de su misión de evangelización mundial.
Los Doce recibieron plenos poderes para su misión (Mateo 10:5-8; Marcos 3:14-15; 6:7; Lucas 9:1-2; Juan 17:18; 20:21). Su ministerio no solo transmitió el mensaje de Jesús a las personas de todos los tiempos, sino que también hizo duradera la presencia de Jesús en la historia, cumpliendo su promesa: «Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mateo 28:20).
Entre los Doce, Simón, a quien Jesús llamó Pedro, es consistentemente mencionado como el primero en las listas (Mateo 10:2). Otros nombres incluyen a Andrés, Santiago y Juan (hijos de Zebedeo, a quienes Jesús llamó «Boanerges» o «hijos del trueno»), Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago hijo de Alfeo, Simón el Zelote, Judas de Santiago y Judas Iscariote, «el que fue el traidor» (Lucas 6:14-16),.
Los Setenta y Dos Discípulos
Además de los Doce, Lucas narra que Jesús designó a otros setenta y dos discípulos y los envió de dos en dos a cada ciudad y lugar donde Él iba a ir (Lucas 10:1),. Esta misión de un número mayor de discípulos sugiere que la misión de los Doce no era suficiente para la obra de evangelización. Aunque este pasaje es prefigurativo, ya manifiesta la intención de Jesús de involucrar a un número significativo de colaboradores en la «viña».
Las listas de estos setenta o setenta y dos discípulos que circulan en algunas tradiciones son consideradas de poco valor histórico por Eusebio, quien solo menciona a Bernabé, Sóstenes, Cefas, Matías, Tadeo y Santiago, el «hermano del Señor».