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Discurso escatológico (Mateo 24-25)

El discurso escatológico de Mateo 24-25 reúne las enseñanzas de Jesús sobre la destrucción del templo, las pruebas que afrontarán sus discípulos, su venida gloriosa y el juicio final. Sus advertencias contra el engaño y su llamada a la vigilancia culminan en tres parábolas y en la escena del juicio de las naciones, donde la fidelidad a Cristo queda ligada al servicio concreto a los necesitados.

Florence, National Archaeological Museum MS PSI inv.3407 (Papyrus 70) fragment b recto Matt 24, 3-6
Ver información de la imagenFragmento de papiro que contiene Mateo 24:3-6. https://psi-online.it/documents/m-naldini-prometheus-1-1975-pp-195-200, Autor desconocido, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreDiscurso escatológico (Mateo 24-25)
CategoríaTérmino
DescripciónEnseñanzas de Jesús sobre la destrucción del templo, las pruebas de los discípulos, su venida gloriosa y el juicio final
ReferenciasMateo 24-25
Enseñanzas PrincipalesLa espera cristiana exige perseverancia, responsabilidad, uso de los dones y servicio concreto a los necesitados.
TemaEscatología, vigilancia y juicio final
TipoEnseñanza

Tabla de contenido

Denominación y contexto

La expresión discurso escatológico designa el extenso discurso de Jesús que el Evangelio según san Mateo sitúa en los capítulos 24 y 25. «Escatológico» significa relativo a las realidades últimas: la consumación de la historia, la venida definitiva de Cristo y el juicio.

El discurso comienza después de que Jesús salga del templo y anuncie que sus edificios serán derribados. Más tarde, en el monte de los Olivos, los discípulos le preguntan cuándo ocurrirá aquello y qué señales acompañarán su venida y el fin de la edad presente. Jesús responde a esas cuestiones con advertencias, imágenes proféticas, parábolas y una descripción del juicio final.1

El pasaje no ofrece un calendario del fin. Jesús declara que nadie conoce el día ni la hora y exhorta a sus oyentes a permanecer preparados. La enseñanza dirige la atención menos a calcular fechas que a vivir con fidelidad durante la espera.1

Estructura del discurso

La ruina del templo y las pruebas de los discípulos

Mateo abre el discurso con el anuncio de la caída del templo. A continuación, Jesús previene contra quienes se presentarán como mesías, las guerras, las hambrunas, los terremotos, las persecuciones y la actuación de falsos profetas. Advierte que tales acontecimientos no significan por sí solos que el fin haya llegado: constituyen, en sus palabras, el comienzo de los dolores. La perseverancia y la proclamación del Evangelio ocupan un lugar central en esta primera parte.1

La mención de la «abominación desoladora», vinculada por Mateo al profeta Daniel, introduce una tribulación particularmente intensa y una advertencia dirigida a quienes estén en Judea. El pasaje combina así una referencia a una crisis histórica con un horizonte de sufrimiento y juicio.1

La venida del Hijo del hombre

Jesús rechaza los anuncios que pretendan localizar su presencia en un lugar oculto o anunciarla mediante falsos mesías. Compara su venida con el relámpago, visible de un extremo al otro, y describe al Hijo del hombre llegando sobre las nubes con poder y gloria. La imagen culmina con la reunión de los elegidos desde los cuatro vientos.1

El discurso emplea imágenes cósmicas: el oscurecimiento del sol, la falta de luz de la luna y la caída de las estrellas. Estas imágenes pertenecen al lenguaje profético y apocalíptico, que expresa la conmoción de la historia y la soberanía de Dios. Juan Pablo II advirtió que no deben convertirse en un código para predecir fechas: representan el carácter precario del mundo y el poder de Cristo, cuyo retorno no tiene una fecha calculable.2

La vigilancia y la responsabilidad

La comparación con la higuera invita a reconocer la proximidad a partir de los signos, pero Jesús añade que solo el Padre conoce el día y la hora. Recuerda los días de Noé para describir una llegada inesperada en medio de la vida ordinaria, y concluye con la exhortación a estar preparados. La parábola del servidor fiel y del servidor negligente aplica esa vigilancia a la responsabilidad cotidiana: el señor premia al que cumple su tarea y castiga al que abusa de su posición mientras cree que su regreso tarda.1

Mateo 25 prolonga esta enseñanza mediante tres escenas: las diez jóvenes que aguardan al novio, los servidores que reciben talentos y el juicio de las naciones. Las dos primeras insisten en la preparación y el uso responsable de lo recibido; la última presenta la evaluación definitiva de las obras.3

Las parábolas de Mateo 25

Las diez jóvenes

Diez jóvenes esperan la llegada del novio con sus lámparas. Cinco llevan aceite de reserva y cinco no; cuando el novio llega a medianoche, las preparadas entran en el banquete, mientras las otras encuentran cerrada la puerta. Jesús concluye la parábola con una llamada a velar, pues nadie conoce el día ni la hora.3

La parábola enseña que la espera cristiana requiere una disposición perseverante, no una preparación improvisada en el último instante. El papa Francisco relacionó el aceite con la fe, la esperanza y la caridad, y describió el tiempo de espera como una oportunidad para mantener viva la fe y permanecer abierto al bien.4

Los talentos

En la segunda parábola, un hombre entrega a sus servidores distintas cantidades de dinero antes de emprender un viaje. Dos de ellos las ponen a producir; el tercero, por miedo, entierra la suya. Al regresar, el señor elogia a los dos primeros y reprende al que ocultó lo recibido.3

El «talento» de la parábola es una suma de dinero, no una aptitud personal en el sentido moderno de la palabra. Su aplicación, sin embargo, invita a considerar cómo cada persona utiliza los dones y responsabilidades que ha recibido. Francisco interpretó la conducta del servidor que entierra el talento como una retirada temerosa que impide dar fruto a los dones confiados por Dios.4

El juicio de las naciones

La última escena presenta al Hijo del hombre sentado en su trono y reuniendo ante sí a todas las naciones. Como un pastor que separa las ovejas de las cabras, distingue a unos de otros. A quienes reciben el Reino les recuerda que le dieron de comer cuando tenía hambre, le ofrecieron bebida cuando tenía sed, le acogieron como forastero, le vistieron, le cuidaron enfermo y le visitaron en la cárcel. Jesús identifica esas obras con el servicio prestado a «uno de estos mis hermanos más pequeños».3

La escena contrapone la vida eterna al castigo eterno y otorga un lugar decisivo a la conducta hacia los necesitados. El juicio no se presenta como una aprobación abstracta de las buenas intenciones: Cristo pregunta por acciones concretas de acogida, cuidado y ayuda. A la vez, quienes las realizaron no siempre reconocían en aquellos necesitados al propio Señor.3

Interpretación cristiana

Jerusalén, la historia y la consumación

El discurso relaciona tres horizontes: la destrucción del templo, las pruebas que atraviesan los discípulos y la venida definitiva de Cristo. La pregunta de los discípulos vincula esos acontecimientos, pero el pasaje no los reduce a una secuencia cronológica sencilla. Tomás de Aquino recoge distintas interpretaciones de la venida mencionada por Jesús: la llegada espiritual de Cristo, la destrucción de Jerusalén y su venida al final de los tiempos. También distingue la pregunta por la ruina del templo de la pregunta por la consumación de la edad.5

Esta pluralidad de referencias ayuda a comprender por qué el discurso puede hablar a la vez de una crisis histórica y del juicio definitivo. No autoriza, sin embargo, a identificar cada guerra o catástrofe con una señal inequívoca del fin. Jesús advierte expresamente que las guerras no significan que el fin haya llegado, y la enseñanza pontificia descarta los intentos de fijar una fecha para la consumación.1,2

Lenguaje profético y esperanza

Las imágenes de catástrofes cósmicas transmiten la gravedad de la intervención divina y la fragilidad del orden presente. La esperanza del discurso no descansa en la estabilidad de las estructuras humanas, sino en la autoridad de Cristo: sus palabras no pasarán y el Hijo del hombre vendrá con poder y gloria.1

La espera cristiana tampoco equivale a pasividad. Los servidores reciben una tarea, las jóvenes deben prepararse y los discípulos han de perseverar, anunciar el Evangelio y cuidar de los demás. La vigilancia adquiere así una forma activa: fidelidad en las responsabilidades y caridad efectiva durante el tiempo que precede a la venida del Señor.1,3

Importancia para la doctrina y la vida cristianas

Mateo 24-25 reúne varias convicciones fundamentales del cristianismo: Cristo volverá con gloria; la historia se dirige hacia un juicio; ningún ser humano conoce el momento de ese desenlace; y la espera exige perseverancia, responsabilidad y servicio. El papa Francisco situó las parábolas de las jóvenes y los talentos junto a la escena del juicio final como tres enseñanzas evangélicas sobre el fin de los tiempos y la vida que transcurre entre la primera y la última venida de Cristo.4

La enseñanza culmina en una forma concreta de esperanza: vivir preparados para el encuentro con Cristo amando y sirviendo a las personas vulnerables. En el juicio, el Rey reconoce como hecho a sí mismo lo que cada persona hizo por los más pequeños.3

Citas y referencias

  1. La Santa Biblia, Versión estándar revisada, Edición católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Mateo 24 (1993). 2 3 4 5 6 7 8 9
  2. Segunda venida de Cristo al final de los tiempos, Papa Juan Pablo II. Audiencia general del 22 de abril de 1998, 3 (1998). 2
  3. La Santa Biblia, Versión estándar revisada, Edición católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Mateo 25 (1993). 2 3 4 5 6 7
  4. Juicio final, Papa Francisco. Audiencia general del 24 de abril de 2013, 1 (2013). 2 3
  5. Capítulo 24, Tomás de Aquino. Comentario sobre Mateo, 24:3 (1272).
Modificado el 11 de octubre de 2026 • FideScore™ 9.12 • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/f6d36csk2

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