El sentido de la misericordia
La palabra española misericordia procede del latín misericordia, formado a partir de miser-«desdichado» o «necesitado»- y cor, cordis-«corazón»-. El término evoca un corazón que se acerca a la miseria del otro y responde ante ella con compasión eficaz.
La misericordia bíblica supera la mera emoción. Implica fidelidad, compromiso y acción salvadora. Dios no solo siente compasión por su pueblo: permanece fiel a él, lo perdona, lo libera y lo conduce nuevamente a la alianza.
Hesed: fidelidad amorosa
Uno de los términos fundamentales del Antiguo Testamento es hesed. Esta palabra designa el amor fiel, constante y comprometido, especialmente dentro de una relación de alianza. Cuando Dios actúa con hesed, mantiene su promesa incluso cuando Israel ha sido infiel.
El hesed no equivale simplemente a indulgencia. Manifiesta la fidelidad de Dios a su propio amor y a la relación que libremente ha querido establecer con su pueblo. Por este motivo, la misericordia posee una dimensión histórica y comunitaria: Dios sostiene a Israel a lo largo de sus caídas, exilios, pecados y conversiones.
Rahamim: compasión entrañable
Otro término esencial es rahamim, relacionado con rehem, palabra hebrea que designa el seno materno. La imagen expresa una compasión profunda, entrañable y protectora, semejante al amor de una madre hacia el hijo que lleva en sus entrañas.
Esta dimensión maternal no convierte a Dios en una realidad sexuada, sino que utiliza una imagen humana para comunicar la intensidad y la ternura de su amor. La misericordia divina nace de una cercanía que protege, sostiene y busca devolver la vida.
El Antiguo Testamento aplica a Dios el título rahum, «compasivo» o «entrañablemente misericordioso». La fórmula de Éxodo 34,6 lo proclama «Dios de ternura y de gracia, lento a la ira y rico en misericordia y fidelidad». En ella aparecen reunidos los principales términos bíblicos de la misericordia.
La misericordia en la historia de Israel
Israel descubre la misericordia de Dios especialmente cuando reconoce su pecado y vuelve a pedir perdón. Los profetas presentan la relación entre Dios y el pueblo mediante imágenes conyugales y familiares: Dios permanece fiel como el esposo que no abandona a su esposa y como la madre que no olvida a su hijo.
El Éxodo constituye una experiencia fundamental. Dios escucha el clamor de los israelitas, los libera de la esclavitud y establece con ellos una alianza. La misericordia no elimina la verdad sobre el pecado ni trivializa la infidelidad; permite que la alianza sobreviva a la ruptura y abre un camino de conversión.
En la predicación profética, la misericordia aparece como «una potencia especial del amor» que prevalece sobre el pecado y la infidelidad del pueblo elegido.