Primeras manifestaciones de la devoción
Los orígenes de la devoción a la Divina Pastora de las Almas se remontan a la tradición popular de los siglos XIX y XX, cuando comunidades hispanohablantes comenzaron a invocar a la Virgen bajo el título de Pastora para solicitar su auxilio a las almas en pena. Este movimiento se inscribe en la larga historia de la sufrágia por los difuntos, que la Iglesia reconoce como una expresión de la comunión de los santos1.
Reconocimiento eclesial
Aunque la devoción no está formalmente definida en un documento papal específico, la Santa Sede ha legitimado prácticas semejantes mediante la concesión de indulgencias y la autorización de misas en favor de los muertos, como se observa en las constituciones Quod Anniversarius del Papa León XIII, que establecen la celebración de misas especiales para los fieles difuntos y otorgan indulgencias plenarias a los fieles que ofrezcan la Eucaristía por ellos2,3. Asimismo, la Dirección sobre la Piedad Popular y la Liturgia señala que la oración por los muertos, incluida la intercesión mariana, constituye una práctica legítima y útil dentro del plan de salvación de la Iglesia4.
