Divino Afflante Spiritu pertenece a los grandes documentos del magisterio católico sobre la interpretación bíblica. Su propósito principal no consiste en ofrecer una introducción general a la espiritualidad bíblica ni un tratado de pedagogía religiosa, sino en establecer criterios de trabajo para la investigación exegética.
La encíclica parte de una convicción central: los libros sagrados tienen a Dios como autor porque fueron escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, y por ello ocupan un lugar fundamental en la doctrina católica sobre la fe y la moral. La Iglesia recibió esos libros de la tradición apostólica, los conservó, los defendió frente a interpretaciones erróneas y los empleó como instrumento de salvación.1
Pío XII escribe en un momento de notable transformación de los estudios bíblicos. Durante las décadas anteriores habían progresado la arqueología, la investigación de manuscritos, el conocimiento de las lenguas antiguas y el estudio de las culturas del Próximo Oriente. Las excavaciones, los papiros y otros documentos antiguos aportaban datos sobre lenguas, instituciones, costumbres, acontecimientos y formas de culto del mundo bíblico.2
La encíclica propone aprovechar esos avances con rigor, pero siempre dentro de la doctrina católica sobre la inspiración y la inerrancia de la Escritura. La investigación científica no aparece como una amenaza inevitable para la fe: bien utilizada, puede ayudar a comprender mejor el texto inspirado.
