El reino unido bajo Salomón
Tras la muerte de David, su hijo Salomón heredó un reino unificado que alcanzó su mayor esplendor económico y cultural. Sin embargo, la «ofensa de Salomón» (excesos, impuestos y trabajos forzados) provocó una creciente insatisfacción entre las diez tribus del norte1.
La profecía de la división
San Agustín, en La Ciudad de Dios, explica que la división no fue meramente política, sino también una punición divina por la desobediencia del rey, señalando que «el reino se dividió por castigo»2. Esta ruptura prefiguró la separación espiritual entre el Israel de la carne y el Israel de la fe, tema que el Padre Agustín desarrolla en el capítulo 7, donde habla de la «división perpetua del espiritual del carnal Israel»3.
